El auge de los servicios de streaming llevó a que en 2016, por primera vez en su historia, VTR tuviera más clientes por banda ancha que por televisión pagada. En vez de sentirse amenazada, la firma se alió a Netflix para subirla a su parrilla a contar del próximo año. Aquí, el gerente general de la compañía, Guillermo Ponce, revela la nueva estrategia de la firma controlada por la estadounidense Liberty Global.
Los cambios en los hábitos de consumo televisivo generados por las plataformas digitales están modificando el negocio de la TV pagada. VTR, la compañía de telecomunicaciones que en Chile lidera el mercado del cable, con un 34,4% de participación, está empezando a convertirse en una firma de internet. “El año 2016 pasamos a tener más clientes de banda ancha que de TV cable por primera vez en nuestra historia. Nosotros hemos ido migrando a ser más una compañía de banda ancha”, revela Guillermo Ponce, gerente general de la firma, controlada por la estadounidense Liberty Global.
El ejecutivo explica que lejos de sentirse amenazados por estas plataformas y su oferta de acceso ilimitado a películas y series a través de internet, VTR ha decidido unirse a ellas: a contar de 2018 comenzará a ofrecer Netflix en sus decodificadores, permitiendo que sus clientes paguen este servicio junto al resto, en una misma cuenta. Como si se tratara de un paquete premium más, explica el ejecutivo.
Claro que según relata Ponce, antes de eso Liberty Global debió enfrentar la decisión de cómo encararía esta competencia, comprendiendo que la gente está decidida a consumir contenidos, pero definiendo por sí misma la hora y el dispositivo donde lo hará. Por lo mismo, crearon su propia plataforma de “video on demand” (VOD). Y las cifras le están demostrando que a los chilenos les gusta el streaming: si antes se reproducían mensualmente más de dos millones de videos, ahora son siete millones y, en promedio, cada cliente de la firma alcanza las 31 reproducciones de este contenido.
Los llamados “over the top” (OTT), como Netflix o el recientemente disponible en Chile Amazon Prime, dependen de la calidad de internet y es ahí donde VTR pretende seguir creciendo. Hoy la red es tan gravitante para la gente, explica Ponce, que en promedio cada cliente tiene 12 aparatos conectados a su banda ancha. Sí, 12. Hace solo un par de años no eran ni la mitad. Y todo indica que esto no parará. Por lo mismo, la firma espera invertir este año el 20% de sus ingresos en ampliar y mejorar sus redes, luego de que en 2016 sus ventas aumentaran 6%, desde $ 547 mil millones a $ 581 mil millones.
Ponce comenta que hasta la misma desaceleración económica ha demostrado que la gente prefiere botar servicios como el teléfono fijo o ajustar a la baja su parrilla de canales antes que dejar de estar conectada. “La banda ancha se ha vuelto un bien bastante esencial”, subraya. Según estadísticas de la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel), VTR lidera el mercado de la banda ancha residencial con un 37,3% del mercado.
En Chile, la penetración de internet por cada 100 habitantes es de 84,1, sumados fijo y móvil. Adaptación ¿Le costó a la compañía comprender este cambio en su modelo de negocios?
Los operadores de TV cable nos estamos adaptando. En VTR nos jugamos por los conceptos “conectados”, “entretenidos” y “simples”, porque estamos con una pata en la conectividad y otra en la entretención, pero para que eso pase hay que hacer que la experiencia sea muy buena y simple. Cuando partió la discusión sobre Netflix en Liberty Globe, la mitad de los ejecutivos decía que esta competencia nos iba a desmarcar y la otra mitad decía que no. La pregunta que nos hicimos fue: ¿Queremos a Netflix fuera de nuestra plataforma o adentro, para que sea parte de la experiencia y el cliente valore tener VTR, porque tiene Netflix? Por eso hicimos un acuerdo global con ellos y en nuestra próxima generación de decodificadores, en 2018 (hoy esas cajas se están diseñando) donde está el On Demand, habrá un icono de Netflix. ¿Sus clientes están demandando una banda ancha mayor, precisamente para el streaming?
Hoy, más de la mitad de los clientes tiene banda ancha de alta velocidad (sobre 100 megas) y va creciendo. Hoy es difícil que la gente quiera menos, por la multiplicidad de usos simultáneos y conexiones. Y la oferta de TV, ¿cómo se acopla a esta nueva realidad?
Hace 24 meses nosotros teníamos la mayor cantidad de canales HD de la industria, y teníamos 24. Después subimos a 70, y una cosa que era un lujo ya no lo es. En este escenario, ¿cuál es el rol de la operación de telefonía móvil que maneja la compañía?
Para mirar la telefonía móvil de VTR lo primero que hay que tener claro es que nosotros somos un operador de nicho, nosotros no estamos funcionando con las lógicas de los grandes operadores. La nuestra es una oferta que complementa nuestra oferta de telecomunicaciones. El 90% de los móviles que vendemos se los vendemos a nuestra cartera de clientes propia y no hacemos prepago. Y ahí llegamos a 166 mil clientes, con un crecimiento de 26% en 2016. ¿Les interesa mantener ese negocio?
Si tú analizas la estrategia de Liberty Global en por lo menos nueve de los 14 países en los que estamos, seguimos exactamente la misma estrategia. Entorno económico
BLogramos capearlo. Desde el punto de vista económico, un triple pack es más ingreso y más margen que un doble pack, en general. Pero van saliendo más alternativas de valor en las otras dos líneas de negocio que nos permite compensar, como los ingresos por VOD o los nuevos planes de internet. Nosotros hemos perdido teléfonos fijos, pero también estamos vendiendo mucho más en planes de media y altas velocidades, a mejores precios, y con eso de alguna manera compensamos. También abrimos el año pasado una línea de negocio nuevo, casi como micropyme, lo que se llama Soho, y eso también es bien coherente con la estrategia de Liberty a nivel mundial. ¿Y los resultados?
Nos ha ido muy bien. En Chile están las ofertas residenciales, pyme y empresas, pero hay pequeños locatarios, profesionales que trabajan desde sus casas, oficinas y pequeño comercio, a quienes no les basta la oferta residencial por sí sola, porque tienen otras necesidades y son muy pequeños para que desde empresas los atiendan bien. Y ahí nos quisimos meter, hicimos una oferta que está diseñada para ese público con mejores velocidades, más líneas telefónicas y un servicio al cliente exclusivo. Y el negocio de las grandes empresas, ¿les interesa?
No descartamos, pero creemos que hay una oportunidad mucho más grande y natural para nosotros en atender a este segmento de cliente, donde creemos que tenemos mejores habilidades para hacerlo bien. Volviendo al entorno económico, ¿el ingreso promedio por cliente ha bajado?
No ha bajado. A nosotros nos subió, de hecho. Ahora la pregunta es con otro entorno económico, cómo hubiera sido. Nosotros notamos que la gente busca economía. Lo otro que también observamos es que hay zonas que están más complicadas, como el norte, que siempre había sido un avión y se pegó una frenada grande. ¿Se refiere a Antofagasta?
Era como el icono de la ciudad más conectada, con las penetraciones más altas, la tasa de renuncia más bajas, los productos de más alto valor… Y se nota mucho el frenazo. Estando en varios mercados, ¿están conformes con el actual marco regulatorio…?
Puede sonar un lugar común, pero quiero enfatizarlo, porque en una industria que cambia tan rápido, donde hay que invertir tanto para poder asegurar el futuro es súper importante la estabilidad regulatoria, para que los inversionistas, que en este caso son extranjeros, mantengan su voluntad de seguir invirtiendo el 20% o más de sus ingresos, todos los años. La estabilidad regulatoria es súper importante y más allá de la coyuntura de regulación tarifaria y otras por las que hemos pasado, me gustaría plantear que una falencia que tenemos es la falta de una agenda regulatoria de largo plazo para pensar las telecomunicaciones que Chile necesitará en el mediano y largo plazo. ¿Qué vamos a hacer con la banda ancha? ¿Qué vamos a hacer con el internet de las cosas, con el 5 g?
Post Productor Experto en Video ►| Video Marketing Digital ►► Co-Fundador Antídoto 56 estudio de animación
Sin lugar a dudas es una pregunta que a diario se hacen miles de personas que han visto las bondades del video para apoyar campañas en medios digitales o redes sociales, el tema de los beneficios y ventajas sobre el texto escrito o las imágenes fijas, es más que sabido. De a poco fue convirtiéndose en una promesa para el futuro, pero la explosión del video online esta aquí, hoy en día si no tienes a lo menos un par de videos en tu sitio web o en tu páginas de empresa en Facebook o LinkedIn, estás realmente en desventaja frente a tus competidores...
¿Cuáles son los factores que determinan los valores que se deben considerar a la hora de pensar en tu próximo video?
Bueno, a todos los que a diario me preguntan lo mismo, les tengo la misma respuesta, esto es igual que construir una casa u organizar un matrimonio... depende de lo que se quiera lograr y lo que se quiera incluir, es el costo final. A veces incluso, de antemano está determinado un presupuesto limitado, por eso muchas veces el ejercicio es al revés, se parte de un presupuesto y se desarrolla una idea que pueda realizarse con esos recursos ya definidos.
Pero sin duda que al resolver la contra pregunta ¿cómo te imaginas el video?, ya podemos aterrizar los números y ya podemos navegar sobre un cierto rango de precios que determinan si es posible de realizar y llevar a cabo nuestras ideas.
Un elemento vital para hacerse una idea, es buscar referencias de otros videos que sean lo más cercano a lo que uno necesita, es como decir "esto es lo ideal".
Equipo humano.
Partiendo de la premisa, que rara vez la elaboración de un video de buena calidad es cosa de una sola persona, tenemos que considerar un equipo de personas que saquen al máximo sus talentos, profesionales especialistas, realizadores independientes, todos contribuyen a que el video tenga los resultados esperados.
No importa si nuestros objetivos son lograr una perfecta calidad de la imagen o por el contrario, priorizar el contenido sacrificando la factura estética, siempre necesitaremos detrás, un equipo de al menos un par de personas para lograr buenos resultados y que podamos ver los beneficios del retorno de la inversión.
Equipo técnico.
Desde grabar una entrevista del gerente general en su oficina con el celular, montar una cámara en un dron o aventurarse con la cámara de cine digital más moderna y robusta de la industria, siempre necesitaremos la ayuda de la tecnología, en todas sus formas y colores. Una vez que ya hemos grabado las imágenes, debemos hacer el trabajo de postproducción, mediante algún software, que por muy amigables y sencillos que sean hoy en día, los vamos a necesitar para seleccionar el material, descartar errores, reforzar con música y textos sobre la imagen, etc.
Antes que nada, derribar algunas creencias, para abaratar los costos...
Duración:
Casi de ninguna manera, que el video final que se publique, tenga una duración de 1 o 5 minutos, será determinante para una variación sustancial del presupuesto. Al momento de montar una producción, ese factor nunca es determinante, debido a que tanto el equipo técnico como el humano que se requiere, es el mismo. No importa si el video es corto o largo, siempre vamos a necesitar casi los mismos recursos para obtener las imágenes deseadas. Los valores de producción están determinados por otros factores (locación, actores, decorados, iluminación, etc.).
Distinto es el proceso de postproducción y sobre todo la animación digital, donde el factor de duración es determinante a la hora de valorizar, debido a las horas/hombre de trabajo que implica cada proyecto, esto es directamente influido por la cantidad de elementos, complejidad y/o estilo de las animaciones que se requieran.
Tipo de video:
Ya sea un video de testimonios de un ejecutivo, un video tutorial para enseñar a utilizar un producto o un video comercial, el equipo técnico y humano es muy similar, siempre necesitaremos de personal y de recursos tecnológicos, sin importar que clase de contenidos, ni de donde finalmente lo vamos a exhibir. Solo varían factores tales, como el uso de los derechos imagen de los actores, la música, etc. Estos dependen de la cantidad de espectadores que verán el contenido, sobre todo en Televisión v/s Internet o Intranet. Valores determinados mucha veces por la cantidad de audiencia (local, regional, global, etc).
Planear un video es como armar una obra de teatro, ¿cómo te imaginas que se ve?
¿Llena de cientos de actores nadando en el agua? ¿animales en escena? o ¿simplemente un señor hablando al público?. Entonces la pregunta, deja de ser ¿cuánto cuesta hacer un video?, ahora es: ¿cuánto cuesta hacer el video que yo me imagino...?.
Habrá que pensar en todas los recursos que son necesarios para llevar a cabo la obra. Mientras más sencilla y económica sea la preparación, organización, logística, así como también, mientras menos sofisticada sea la idea, más barato serán los costos asociados. Por consiguiente, sin lugar a dudas, el guión pasa a jugar un rol importantísimo a la hora de definir costos, a medida que más elementos y situaciones estén involucradas, probablemente los costos irán creciendo proporcionalmente, por lo que ideas sencillas, minimalistas y poco pretensiosas, son la tendencia actual en muchos casos.
¿Cuales son los elementos esenciales que debemos considerar para realizar un video de buena calidad?
Cámara y soportes grip
Es el elemento principal, de vital importancia a la hora de elegir un tipo de video, es también seleccionar el tipo de cámara adecuada, ya sea por las condiciones técnicas de rodaje (exterior-interior), así como también el mismo presupuesto con el que contamos, todo ello definirá por cual opción debemos optar. Es sin lugar a dudas el recurso protagónico, que marcará el tono de como deseamos que sea el resultado en pantalla.
Por supuesto si podemos, debiésemos considerar algún tipo de soporte, trípodes, dollys, sliders, grúas, drones, steadycam, todos ellos contribuyen en diversos porcentajes a lograr riqueza visual y lograr plasmar en pantalla lo que queremos relatar y destacar. Así podemos lograr el movimiento y punto de vista que enriquezcan el relato de las imágenes.
Los costos de cámara por día van desde unos $50.000 por una jornada de arriendo diaria de cámara foto/video profesional DSLR, hasta $400.000 -$ 800.000 por una cámara de cine digital tipo ARRI más set completo de soportes de cámara y maleta de variados lentes profesionales.
Locación
Ya tenemos nuestra cámara, ahora debemos elegir cual es el lugar adecuado donde queremos que transcurran nuestras historias en pantalla. Lo más económico será ocupar lugares que podamos conseguirnos casi a costo cero, como nuestras propias casas u oficinas, pero aunque sean gratis, siempre habrán mínimos costos asociados, energía eléctrica, baños, elementos de aseo, ambientación, etc.
Si necesitamos más control o no queremos depender de la luz natural debiésemos arrendar un estudio/set ($200.000 -$400.000 diarios), donde podemos instalar iluminación profesional y contar con diversas facilidades para el equipo de rodaje, además de considerar elementos escenográficos. La otra alternativa es grabar en exteriores, lugares públicos, cerca de la naturaleza, pero en esos casos debemos contar con permisos para poder grabar y en algunos casos pagar por esos permisos, sin mencionar los traslados del equipo técnico y humano a esas locaciones, si hablamos de viajar suma y sigue...
Actores
Una vez definida la locación, a no ser que estemos grabando documentales de naturaleza, necesitamos gente en cámara para contar o mostrar nuestras historias. Actores, conductores, personajes extras, muchas veces los protagonistas seremos nosotros mismos o el ejecutivo y/o expertos en la materia que hayamos abordado. En este ítem podemos pedir favores, contar con el personal o contratar gente profesional que nos cobrarán tanto por su trabajo como por los derechos de uso de imagen dependiendo del uso, tiempo de exhibición y el alcance de exposición mediática que tenga el video.
El rango de tarifas parte desde los $10.000 por personajes extras calificados a un rango de $100.000 -$500.000 por un actor protagónico o modelo profesional. En este caso también podemos mencionar la participación de rostros o personajes conocidos que normalmente cobran desde unos $500.000 hacia arriba por jornada de trabajo. Con respecto a este ítem, siempre se deben considerar los derechos de uso de imagen que van desde las personas que participan como personaje secundarios hasta los protagonistas, algunas veces como una tarifa aparte, si incluye pasadas en televisión, otros medios, en fin, existen una serie de variables para negociar los honorarios y cada persona está dispuesta a participar por un determinado valor.
Guiones / Libretos
Tenemos todo listo para rodar, ahora debemos contar con el material y contenido. Normalmente nace todo de una idea central, pero debemos considerar una estructura, textos, diálogos, además muchas veces debemos contar con el relato de una voz, ya sea de lo mismos protagonistas o un locutor en off. Cuando hablamos de videos comerciales o contar historias con personajes, debemos considerar los libretos para los diálogos de cada actor, todo estos elementos requieren de redacción y estructuras definidas por personas que cobrarán un honorario, a no ser que lo hagamos nosotros mismos, lo que muchas veces suena fácil, pero en la práctica no es tan sencillo.
Si queremos un buen resultado, nunca hay que olvidar, que por muy mínima que sea, estaremos haciendo una inversión de recursos en pro de obtener los mejores resultados, por lo que no conviene dejar cosas al azar o improvisar a último momento. Normalmente parte desde un rango de $100.000 por la redacción de un texto simple o locución hasta unos $300.000 - $600.000 por la elaboración de un guión completo con textos para locución, idea original, diálogos, etc.
Utilería
Importante a la hora de grabar, es poder contar con un estilo definido para reforzar el guión y poder sacarle el máximo partido a la imágenes, si queremos reflejar un cierto estereotipo de gente, debemos también vestir las locaciones o escenografías con elementos que nos muestren donde estamos y le den soporte a la historias que contamos. Simple, moderno, anticuado, descuidado, elegante, todos estos atributos se logran además del vestuario y el casting de actores, con la ambientación del set de grabación o locación que hayamos elegido, todos estos pequeños detalles hacen la diferencia y refuerzan las ideas y le dan carácter al mensaje que deseamos transmitir. Normalmente esta labor la realizará un utilero o tramoya, guiado por un director de arte o un ambientador.
Luces
Importantísimo elemento, muchas veces marca la diferencia entre un trabajo amateur y uno profesional, aparte del equipamiento de iluminación propiamente tal, necesitamos contar con un experto que sepa aprovechar esas fuentes de luz, para sacar provecho al máximo y destacar los elementos principales y lo que queramos subrayar en nuestro video.
Como vemos en la fotografía de la derecha, la iluminación puede marcar una gran diferencia entre un trabajo aficionado y uno profesional. Es por eso que el trabajo del director de fotografía es casi tan importante como el director o los actores, de él depende la calidad final de la imagen. Normalmente los honorarios de éstos parten desde los $80.000 diarios hacia arriba dependiendo de la experiencia y condiciones de la producción.
Por otro lado existen ciertas condiciones que nos obligan a solucionar problemas logísticos del entorno, por ejemplo, necesitaremos de muchos equipos de iluminación para lugares o situaciones de poca luz (noche, interiores oscuros, etc.). Existen una amplia gama de equipos diversos, que van desde unos $20.000 diarios, por una fuente de luz LED portátil para apoyo de cámara, hasta unos $400.000 - $700.000 por un set completo de iluminación para un estudio profesional, por jornada, con diversos tipos de fuentes de luz desde las más pequeñas hasta poderosos equipos HMI de 10.000 watts, que imitan la calidad y potencia de luz que emite el sol.
Sonido
El audio es vital casi al mismo nivel de importancia de las imágenes, incluso muchas veces más importante que éstas. Si tenemos gente que debe hablar, tenemos que contar con un set mínimo de un par de micrófonos adecuados, sea en interior en locación o en exteriores al aire libre, existe un micrófono especial para cada situación. Si no queremos ver cables o cosas por el estilo debemos contar con equipos inalámbricos y monitorear con audífonos la calidad del registro, contar con técnicos en sonido nos dará la tranquilidad de no tener que repetir una y otra vez o lo que es peor tener que volver a grabar otro día por que al revisar nos dimos cuenta que algo no se escucha bien. A ello debemos agregar música, que a no ser que sea hecha por nosotros mismos, debiésemos considerar también, pagar derechos de alguna especie para poder utilizarlas.
Equipo de trabajo en set
Dependiendo de la complejidad de la producción, podríamos necesitar, camarógrafos, director de fotografía, técnicos de iluminación, tramoyistas, eléctricos, productor, asistentes de producción, maquillaje, peluqueros, vestuaristas, directores de arte, operadores de grúa, sonidistas, escenógrafos, etc, etc. Cada uno es vital dentro de una cadena de producción, que nos garantiza hacer todo con la máxima calidad y en el mínimo tiempo posible.
Alimentación
Acá va depender de una serie de variables, desde la cantidad de gente, el tiempo que durará la grabación, que tan completo el servicio, etc, etc. Normalmente desde unos $10.000 por persona.
Postproducción
En nuestro siguiente reportaje, hablaremos en detalle de este ítem, ya que en algunos casos es casi más importante que la producción propiamente tal, debemos considerar aspectos como la edición, corrección de color, gráficas animadas, postproducción de sonido, música, locutores, etc.
Y mucho más...
En resumen, como hemos visto, cada ítem tiene una importancia particular, dependiendo de cuales son nuestras prioridades, es por eso que a su vez, también es importante contar con la ayuda de profesionales con experiencia, capaces de definir costos, desde la etapa de creación de la ideas, así podremos reducir al mínimo los costos y maximizar los recursos con que contamos, en otras palabras, que rinda nuestro presupuesto.
Es muy difícil llegar a un buen resultado de calidad profesional, incluyendo además el proceso de postproducción, por menos de un millón de pesos, hay que colocar en la balanza precio v/s calidad bajo diferentes factores, finalmente como ya hemos dicho en otra ocasiones, es una inversión la que se hace. Si estamos pensando en un video para nuestra empresa, es nuestra imagen la que está en juego y al igual que cuando vamos a un evento importante, siempre queremos vernos "lo mejor posible" y destacar ante nuestra competencia.
Si no disponemos de un cierto presupuesto, es verdad que también existe el camino de ocupar los recursos que estén a mano, tales como teléfonos celulares, tablets, etc, pero ello va requerir igualmente de la máxima creatividad y de un equipo de al menos 2 personas para llevarlo a cabo. Incluso algunos Youtubers se graban en modo selfie, pero son pocos dentro de los miles que existen, los que logran destacar ante la multitud. Es verdad que en algunos casos el contenido está por sobre la calidad de factura, pero si no contamos con esa chispa de talento y no somos buenos para hablar en cámara, tendremos que pensar en echarnos la mano al bolsillo y poner manos a la obra con la ayuda de un equipo profesionales que nos ayuden a obtener los resultados que esperamos.
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ACERCA DEL AUTOR:
Cristián Aracena Stübing es Co-Fundador de Antidoto 56 estudio visual. Experto en postproducción y tecnologías de video digital, actualmente desarrolla nuevos proyectos con herramientas como el Video Marketing Digital y Videos interactivos.
Luego de tres meses de investigación, la Fiscalía Nacional Económica (FNE) aconsejó a los canales de televisión abierta seguir con el proyecto para construir una Red Integrada Abierta, lo que les permitirá digitalizar sus señales a nivel nacional. Esto implica, en una primera etapa, llamar a un proceso de precalificación para los interesados en construir el sistema de transmisión.
Durante estos meses, la fiscalía citó a declarar a los directores ejecutivos de Canal 13, MEGA, La Red, TVN, Chilevisión, Telecanal, UCV, junto con Anatel, y solicitó la información que los canales tuvieran disponible para desarrollar el despliegue de la televisión digital. Esto con el objetivo de zanjar la principal inquietud que tiene la autoridad antimonopolio, que es que las estaciones que hoy están encabezando el proyecto, permitan la entrada de terceros interesados en participar del sistema de transmisión integrado.
En su oficio enviado a los canales en junio, la FNE dijo que un sistema integrado puede tener, entre otras, eficiencias asociadas a reducir los costos de despliegue de infraestructura al minimizar la duplicidad de inversiones y lograr el despliegue acelerado de redes lo que permite que la innovación tecnológica llegue con mayor prontitud a los mercados, beneficiando de esta forma a los usuarios. No obstante, el documento destacó que eventualmente pueden erigirse barreras de entrada a nuevos competidores en caso que no existan condiciones generales, objetivas y no discriminatorias para el ingreso a este tipo de infraestructuras.
Para tener certeza de que no ocurra este escenario es que la fiscalía solicitó las bases del proceso de precalificación, ya que hasta ahora la apuesta de los canales es que un tercero se haga cargo de la construcción de la red, en la cual estarían acoplados los siete canales, con la opción de sumar hasta dos operadores más.
Guillermo De la Jara, abogado que representa a los canales en este proyecto, aseguró: “La fiscalía no nos ha puesto problemas a que avancemos en el proceso, sin perjuicio que siguen investigando y haciendo las consultas del caso. El permitir la entrada de terceros es preocupación también de nosotros, por eso le mandamos a la fiscalía un borrador de bases de precalificación que así lo establece, y un memorándum de entendimiento de los canales que establece el compromiso de diseñar este proyecto de modo que se den las mayores facilidades de ingreso de terceros a la infraestructura que se construya. Ambos documentos están hoy en manos de la fiscalía”.
De la Jara agregó que el proyecto contempla condiciones no discriminatorios para que terceros puedan acceder a la red. Añadió que los canales han pensado que se opere bajo el mecanismo de open season, para que quien esté a cargo de la construcción recoja el interés de terceros y los incorpore al diseño de la infraestructura.
Los canales se reunirían próximamente para analizar los pasos a seguir y, en el mejor de los escenarios, definir una fecha para llamar a precalificación. “Tanto el proyecto como la investigación de la fiscalía necesitan que avancemos con la precalificación, sólo después de este proceso vamos a tener un conocimiento más preciso de lo que se puede hacer y los interesados en construir este proyecto”, puntualizó De la Jara.
Entre las compañías que han mostrado interés de participar de la licitación está la española Abertis, la estadounidense American Tower y algunas empresas de telecomunicaciones, como Movistar y Entel.
Sin embargo, desde la industria señalan que un elemento esencial, además de contar con la venia de la fiscalía para avanzar, es conocer el detalle del plan de radiodifusión de televisión digital, que entrega definiciones claves de la ley y que el gobierno enviará a la Contraloría en los próximos días.
La sala de la Cámara Alta aprobó una norma en
el marco del debate del proyecto que regula este tipo señal,
determinando un plazo de 20 años a los concesionarios con medios propios
y cinco años a quienes posean medios de terceros. Sin embargo, un grupo
de parlamentarios, manifestó que el proyecto sólo dispone de requisitos
técnicos financieros a los candidatos a la concesión.
La sala del Senado aprobó una norma en el marco del debate del
proyecto de ley de Televisión Digital que establece un plazo de 20 años a
los concesionarios con medios propios y cinco años a quienes posean
medios de terceros. Así lo explicó el senador RN Francisco Chahuán, entrevistado en la
Tercera Edición de Radioanálisis del martes, que dio detalles sobre cómo
funciona este mecanismo. En este sentido, el legislador oficialista precisó que “las nuevas
concesiones de televisión digital, son concesiones nuevas y tienen plazo
de duración definidos que son de 20 años, las con medios propios, es
decir, aquellas personas que optaron a una concesión porque tienen el
estudio, las propias señales, y las con medios de terceros son de
personas que postulan a una concesión y que arriendan el estudio a un
tercero para poder transmitir”. Según el parlamentario se debatieron los artículos más importantes, y
subrayó la importancia de que las concesiones ahora tienen fecha de
fin. La medida fue apoyada por parte de la oposición, especialmente por
parte de parlamentario de la Democracia Cristiana. Por esto el senador
Jorge Pizarro dijo que se avanzó en uno de los aspectos centrales de la
normativa. En esa línea, el representante del partido opositor indicó que “estos
concesionarios para garantizar el acceso a la televisión abierta en la
gran mayoría del territorio nacional, dentro de un plazo de tres años
tiene que tener garantizado el 85 por ciento de la cobertura, y en un
plazo máximo de cinco años el 100 por ciento de la cobertura en todo el
territorio para los efectos de garantizar el acceso gratuito a la
televisión abierta a todos los chilenos. Ese es el tema más de fondo del
proyecto y en eso avanzamos bastante”. Sin embargo, un grupo de parlamentarios presentaron sus reparos
frente a los aspectos aprobados en la Cámara Alta, manifestando dudas
respecto de que, por ejemplo, el proyecto sólo dispone de requisitos
técnicos financieros a los candidatos a la concesión. El senador del Partido Radical Socialdemócrata, José Antonio Gómez,
aseguró que pese a reconocerse en minoría insistirán en contra de la
concentración del manejo del espectro televisivo. Por este motivo, el también presidente de los radicales señaló que
“debiéramos tratar de proteger la alternativa de la incorporación de
nuevos actores en el ámbito de las comunicaciones en esta materia, pero
aquí se está concentrando fuertemente el manejo de éste espectro. En ese
sentido, nosotros seguiremos insistiendo, desgraciadamente, insisto
estamos en minoría”. Otro tema revisado es el de los derechos laborales de funcionarios
televisivos. La normativa establece lo entendido por correcto
funcionamiento de los concesionarios, normas que se deben cumplir para
poder repostular a éstas. Aun así quedan cuestionamientos respecto de esto, lo que se suma a la
discusión de contenidos que esperan parlamentarios y la sociedad civil.
TVdigital y revolución en las comunicaciones
Quienes concursen por una parte del espectro
deberán garantizar la pluralidad de contenidos para así evitar las
prácticas monopólicas de los organismos con mayor poder económico.
por Marco Enríquez-Ominami
SON MUCHOS quienes aún ignoran que el espectro a través del cual se
transmiten las ondas televisivas -lo mismo que las radiales- son un bien
público que pertenece a todos los chilenos. Los actuales canales pueden
explotar este espectro gracias a concesiones dadas por el Estado: se da
el caso de una iglesia -como la Católica- que tiene una concesión
indefinida cuyo uso, de carácter universitario originalmente, está hoy
en mano de privados para uso comercial. Ningún otro credo religioso
tiene este privilegio. Esto es contradictorio con un Estado que se
declara laico y pluralista. Por otra parte, TVN, creado para ser
un contrapeso a la TV comercial, no corresponde al concepto de
televisión pública, pues tiene que autofinanciarse y competir con la
privada, no diferenciándose mayormente en su parrilla programática. Peor
aun, su directorio se construye a partir de cuotas de partidos y por
ende está conformado por la combinación duopólica vigente y no
representa a numerosos sectores sociales que hoy sí están incidiendo
públicamente. El proyecto de ley de TV digital que se debate en
nuestro Congreso debe garantizar el pluralismo. Quienes concursen por
una parte del espectro deberán explicitar su proyecto editorial y
garantizar la pluralidad de contenidos, para así evitar las prácticas
monopólicas de aquellos organismos con mayor poder económico. El
proyecto de ley actual garantiza el 40% de la capacidad espectral a la
televisión cultural y educativa, una iniciativa a todas luces loable.
Este proyecto también garantiza la existencia de canales televisivos de
carácter regional, local y comunal, lo que podría ayudar a entregar
protagonismo a las regiones, provincias y comunas en pro de un
federalismo cultural. Gratuidad, calidad, cobertura geográfica
universal, sistemas de apoyo a personas con discapacidades y niveles de
servicio son aspectos que necesariamente deben considerarse. Si
bien estos aportes del proyecto de ley apuntan en la dirección correcta,
falta avanzar en puntos fundamentales. Es imprescindible garantizar
contenidos gratuitos de calidad con el fin de evitar el carácter
elitista y monopólico propio de nuestro sistema de TV. Es necesario
también perfeccionar las normas de concentración del espectro.
Adicionalmente, se deben establecer criterios que rijan los servicios
adicionales que permite la TV digital. Por su parte, debe
perfeccionarse la normativa relativa a canales comunitarios, para no
condenarlos a la pobreza y dotarlos de capacidades para desarrollarse y
hacerse sustentables. Falta asimismo que la política de medios considere
que el audiovisual hoy transita por múltiples vías, siendo internet una
de las más importantes. Deberá priorizarse el desarrollo de una “mega
vía” que considere de manera conjunta televisión e internet. Una
revolución cultural y educativa en las comunicaciones constituye un
elemento fundamental para la construcción y profundización de una
democracia donde los ciudadanos informados sean actores principales en
la generación de un nuevo Chile participativo, igualitario y justo. La
historia prueba que los momentos de auge del progresismo coinciden con
una revolución en las comunicaciones.
El modelo que buscan desarrollar a futuro es lo que en Estados Unidos se conoce como 1+7, que implica vender a los auspiciadores la audiencia de un día televisivo, sumada a la que generarán los contenidos durante una semana en video online.
La
discusión sobre televisión digital terrestre (TVD) en nuestro país no
ha estado exenta de polémica. En las últimas sesiones, las comisiones
del Senado discutieron sobre el denominado apagón analógico, que
consiste en suprimir las emisiones en la banda VHF que hoy utilizamos,
para iniciar el uso del
espectro UHF, que permite mayor calidad de la señal. El apagón
analógico planteaba, sin embargo, el problema de exigir a los actuales
canales “cambiarse” de banda, lo que podría ser inconstitucional. Se
buscó entonces una nueva solución, pero ésta tampoco parece acertada
para el logro del objetivo inicial de esta normativa: ver mejor TV.
Desde el inicio de la tramitación se buscó no sólo trasladar a los canales abiertos dentro del
espectro radioeléctrico, sino también modificar las condiciones de su
regulación. Este punto ha generado críticas en el sentido de que
constituiría una vulneración al derecho de propiedad, al principio de
neutralidad tecnológica —cambio de tecnología no importa cambio de
regulación— y a la irretroactividad de la ley.
Salomónicamente, el legislador y el Ejecutivo “salvaron” la constitucionalidad del
proyecto acordando que los actuales canales abiertos deberán optar
entre mantener sus actuales concesiones —que no serían apagadas— o bien
“migrar” al nuevo sistema. Esta solución podrá ajustarse a derecho, pero
no es realmente apropiada si se considera que el objetivo principal de
esta ley es que los chilenos veamos TV de mejor calidad de imagen.
En
efecto, lo que trae la nueva ley para los viejos canales no es
auspicioso. Pierden el carácter indefinido de su concesión, no tienen
opción de renovación automática y se les exige porcentajes de cobertura
de 100%. Además, si bien se ha señalado que el “negocio” de la TVD es
distinto al de la analógica, lo cierto es que quienes se mantengan en
VHF no podrán pedir una concesión en la banda de alta definición, con lo
que se estaría vulnerando la libre iniciativa en materia económica
garantizada por la Constitución.
Por
lo anterior, los incentivos que tendrían los actuales concesionarios
para cambiarse a TVD no parecen suficientes (salvo porque podrán
transmitir más señales en los mismos 6 MHZ), ya que se establecen
obligaciones accesorias, campañas de utilidad pública, etc., altamente
costosas, mientras que la posibilidad de realizar nuevos emprendimientos
en el remanente del espectro estaría muy restringida.
Siendo
realistas, si los actuales canales deciden no migrar, la solución
planteada significará una postergación en la posibilidad de ver nuevos
contenidos, ya que probablemente los nuevos concesionarios tardarán
algún tiempo en salir al aire bajo las condiciones propuestas.
Así
las cosas, podría ser que tengamos una elaborada ley de TVD, pero que
al prender el televisor no haya literalmente nada que ver…
Un llamado a las autoridades para prevenir y detener cualquier intento de privatizar la televisión digital realizó la Conadecus. Mientras, movimientos ciudadanos apuntan a la recuperación de una TV educativa y cultural.
Por Paula Correa
La Corporación Nacional de Consumidores y Usuarios (Conadecus) emplazó a los parlamentarios a evitar que a través del proyecto que está en discusión en la Cámara Alta se establezcan una serie de disposiciones que atentan contra la democratización de la televisión digital, como el eventual cobro de más del 50 por ciento en el pago de la televisión abierta.
Hernán Calderón, presidente de la organización, afirmó que los canales de televisión están haciendo una fuerte campaña para obtener un espectro que, originalmente, fue de propiedad de todos los chilenos.
“El alto lobby que están efectuando los canales abiertos nos preocupa, ya que salvo Televisión Nacional, todos están en manos de conglomerados económicos de alto poder de lobby. Esta ley no se está pensando en los 16 millones de chilenos, sino que se está pensando más en los grupos económicos”, aseguró el dirigente.
Calderón añadió que el proyecto de ley considera que los cable-operadores le pidan el consentimiento a los canales de televisión para poder transmitir sus contenidos, sin embargo, la televisión abierta aún no ha hecho las inversiones suficientes para contar con una cobertura en todo el país, “en muchos lugares la única forma de acceder a ella es a través de televisión satelital, antenas o cable”, afirmó.
El presidente de Conadecus añadió que esto va a significar un cobro, por lo que los cable-operadores podrían sacar de su parrilla todos los contenidos de TV abierta, limitando las opciones a los usuarios.
Por su parte, Jaime Mondría, asesor de la Mesa de Ciudadanía y Televisión Digital, añadió que también hay que poner alerta sobre la decisión de no incluir el uso de la información adicional que pueden aportar los metadatos, así como también al interés de las compañías telefónicas de utilizar el espectro para transmitir señales de telefonía de cuarta generación.
“Estamos perdiendo la televisión pública. Televisión Nacional está obligada a autofinanciarse y no puede cumplir el rol que la ciudadanía espera de una televisión pública. También hemos perdido la televisión universitaria, la vendieron al mejor postor y ya no tenemos canales de televisión universitaria en este país. Lo que nosotros queremos es mayor diversidad y dentro de ello, una cuota cultural y educativa”, agregó el representante cuidadano.
En este sentido, Mondría afirmó que “el proyecto de ley sólo viene a instalar un plan de negocios en el espectro radioeléctrico y no se preocupa de que haya más y mejor televisión”, por lo que llamó a la comunidad a estar atenta a la discusión, que se retomará durante las próximas semanas en la Comisión de Transportes del Senado.
El director del Proyecto de TV Digital de Anatel plantea que la nueva tecnología abre perspectivas inimaginables para la industria, pero el acento debe ponerse en otro ámbito: “Hemos ocupado demasiado tiempo en discutir sobre la duración de las concesiones, la televisión de pago o los porcentajes de esto o aquello. Todo muy importante, pero lo único realmente valioso son los contenidos”.
Para la mayoría de las personas, el tema de la televisión digital, abierta y gratuita, está asociada a la posibilidad de tener un mayor número de canales. Imaginan una oferta que supera largamente la actual en cantidad y que está asociada a una mejor calidad técnica en la recepción de la imagen y el sonido.
El público quiere ver televisión con la mejor calidad técnica posible y de la manera como lo ha hecho hasta ahora. A juzgar por la cantidad de aparatos receptores, inteligentes (Smart TV) o no, que se han vendido en los últimos meses, a nadie le preocupa mucho la inversión que esto trae aparejada. La promesa de más y mejor televisión parece demasiado atractiva.
La cuestión de fondo es los contenidos que transportaremos por este medio y cómo se podrían financiar. Aquí los problemas se agudizan y complejizan en forma importante.
Hoy un proyecto que modifica la Ley orgánica del CNTV con más de 500 indicaciones se encuentra en una comisión conjunta del Senado para una discusión que se presume tomará algún tiempo. Pretende resolver en un solo cuerpo legal temas técnicos, administrativos y de regulación.
Pero como todo proyecto debemos revisar su forma y fondo
La forma en que este nuevo avance y su casi incomprensible tecnología, con siglas que poco explican –como TDT , TDH, Simulcast , ISBT– y numerosos artículos de prensa que explican cómo estas señales serán distribuidas en el país es interesante, atractiva, y parece el núcleo del tema.
Pero después de algunos momentos de reflexión, podríamos concluir que para el público, un mayor análisis del mundo de la tecnología es casi innecesario. Si en la solución final se utiliza una red terrestre (TDT) o una transmisión directa del satélite al hogar (DTH), o si el período que deberán convivir los sistemas análogos y digitales (Simulcast) es de 5 o 10 años es prácticamente indistinto: los ingenieros de nuestros canales están perfectamente capacitados para implementar la solución final que se adopte, que a la postre pasará por el monto de la inversión y que, dicho sea de paso, no es menor: equivale a 6 o 7 años de las utilidades de la industria completa que los canales tendrán que asumir con sus propios recursos.
Podríamos imaginar entonces, idealmente y en un plazo más o menos breve, una pantalla llena de canales con posibilidad de conectarse a Internet (el futuro) y con capacidades interactivas. Desde un punto de vista técnico, un éxito total.
Pero superadas las vallas tecnológicas (un desafío oneroso pero abordable), la cuestión de fondo es los contenidos que transportaremos por este medio y cómo se podrían financiar. Aquí los problemas se agudizan y complejizan en forma importante.
Actualmente los canales disponen solo de los recursos que obtienen de la venta de publicidad y destinan más del 50% de sus ingresos a la preparación de sus programas, con el agravante de que el monto total de la inversión publicitaria no ha crecido; se mantiene estable desde hace varios años.
Estamos hablando de una industria influyente pero pequeña, frágil y llena de obligaciones.
Sin nuevas fuentes de recursos, parece poco probable que la industria, en las condiciones actuales, sea capaz de aumentar sus porcentajes de producción sin dañar seriamente la calidad de sus realizaciones u obligándola a extranjerizar su oferta más allá de un equilibrio recomendable.
Actualmente un canal transmite alrededor de 7.000 horas al año. En nuestro país los canales de televisión abierta agrupados en Anatel, emiten alrededor de 50.000 horas anuales. Imaginemos por un momento la llegada de otros siete canales. ¿Seremos capaces de producir o encontrar en el mercado internacional 100.000 horas de relativo buen nivel o caeremos en una vorágine de mediocridad sin sentido?
Imaginemos por un momento la llegada de otros siete canales. ¿Seremos capaces de producir o encontrar en el mercado internacional 100.000 horas de relativo buen nivel o caeremos en una vorágine de mediocridad sin sentido?
Por otra parte no falta quien se pregunta, y quizás con razón, si la oferta actual es la adecuada. Hay evidentemente una homogeneidad: pareciera que la tendencia va en el sentido de una entretención mayoritariamente liviana, en perjuicio de programas de mayor contenido y todo bajo la premisa de que es lo que la gente busca, lo que la satisface y lo que entrega los ratings necesarios para obtener los recursos. Se asemeja más a una espiral perversa que a un círculo virtuoso.
En ocasiones se escucha que este fenómeno es mundial y que en todas partes ocurre lo mismo. Al revisar las ofertas de países desarrollados efectivamente encontramos el mismo tipo de programas, pero son fruto de otras fuentes de financiamiento, en una proporción diferente que permite espacios para conversación, análisis, ciencia, tecnología, economía, política nacional e internacional, medicina y otros. Finalmente es una decisión soberana de cada canal y es el público el encargado de resolver.
Agreguemos a lo anterior que la disposición del espectador –el momento en que podrá acceder a estos contenidos– necesariamente cambiará con las nuevas tecnologías. La TV móvil o los equipos que nos permiten ver a la hora que más nos acomode los programas que nosotros seleccionaremos previamente alterarán nuestros hábitos. El espectador estará empoderado como nunca antes, y dejará de ser un consumidor pasivo para transformarse en uno activo, crítico y dueño de sus tiempos.
La ingeniería nos abrirá espacios y posibilidades hoy inimaginables, pero sin duda los contenidos serán las estrellas de esta nueva revolución que nos trae la tecnología digital. Es el punto medular al que debemos dirigir nuestros esfuerzos. La calidad de los programas, la creatividad y diversidad de la oferta generada a un costo accesible será el verdadero tema de fondo. Sin contenidos aceptables tendremos un mundo vacío y una vez más habremos confundido el medio con el fin.
Después de todo, nuestros parlamentarios y reguladores han tenido razón en dilatar la discusión legislativa. Hemos ocupado demasiado tiempo en discutir sobre la duración de las concesiones, la televisión de pago o los porcentajes de esto o aquello. Todo muy importante, pero lo único realmente valioso son los contenidos.
Para su ejecución los canales requieren estabilidad, reglas claras, diseñar e implementar nuevas fuentes de recursos, neutralidad tecnológica para utilizar los avances que la ingeniería moderna nos entrega y sobre todo la defensa de la propiedad de sus contenidos.
Presidente de la Subcomisión de Radiodifusión Comisión de Telecomunicaciones, Colegio de Ingenieros de Chile A.G
Desde que se inició la discusión sobre cómo introducir la TV Digital en nuestro país, el Colegio de Ingenieros de Chile ha tenido una activa participación en ella.
En este momento se discute en el Congreso Nacional el proyecto de ley que regula la TV Digital en Chile.
La discusión ha sido larga -lleva ya varios años- y tediosa, y lo concreto es que mientras muchos países ya cuentan con esta moderna tecnología en Chile solo contamos con una pocas emisiones experimentales, y seguimos enfrascados en un diálogo de sordos. Chile, el país que alguna vez fue uno de líderes en telecomunicaciones, dejó de serlo.
Pero lo más grave es que mientras en el Congreso Nacional persiste la discusión de incontables indicaciones que aparentemente pretenden mejorar el referido proyecto de ley, en el mundo la tecnología de telecomunicaciones continúa su avance arrollador, reduciendo costos, acortando distancias, aumentando capacidades y permitiendo en definitiva que todos -y ya no solo una elite- tengamos acceso a los servicios correspondientes.
En 2008, cuando el Colegio fue invitado a la Comisión de Ciencia y Tecnología la Cámara de Diputados, un parlamentario expresó que estaban haciendo una ley de TV para los próximos cuarenta años. Entonces respondimos que con suerte sería para los próximos veinte. Hace un año nuestra respuesta habría sido que la ley en estudio sería -con más suerte aún- para los próximo diez. Hoy nuestra cifra sería menor: posiblemente de cinco a ocho años, a lo más.
Se ha gastado mucho trabajo, tiempo y recursos para elaborar el proyecto de ley de TV digital que hoy está en el Congreso, pero cabe preguntarse ¿Habrá llegado el momento de abandonarlo, repensar nuevamente todo el problema y desarrollar a continuación una ley muy simple, con la vista en los ineludibles cambios que se avecinan, que sea de fácil y rápida tramitación y que al menos permita que Chile se incorpore pronto al mundo de la TV Digital, antes de que el carro del progreso nos deje atrás?
El problema central de la ley en estudio es que supone que por los próximos cuarenta años la TV Digital seguirá siendo “por aire”, es decir, mediante el uso de transmisores y del espectro radioeléctrico, suponiendo además que lo que hoy se denominan “tecnologías conectadas”, es decir, la TV que se ve a través del cable, de la fibra óptica o del satélite y muy luego Internet, es tan sólo un complemento. La realidad, sin embargo, es que hoy la TV ya no es solo “por aire”, sino que lo es cada vez menos, mientras las tecnologías conectadas ganan exponencialmente el favor del público.
Además, la televisión “por aire” significa el uso del espectro radioeléctrico, que es un recurso limitado y progresivamente escaso, en el cual otras fuerzas de la economía tienen puestos sus ojos, con lo que enfrenta un problema adicional.
En efecto, en los años 50 la TV disponía de 87 canales (en VHF y UHF). En los años 70 se redujeron a 67, y en la actualidad las cifras van de 30 a 51 canales, dependiendo del país. En 2011, la FCC (órgano regulador de las telecomunicaciones de los EE.UU.) ha pedido a los radiodifusores devolver otros 20 canales, o sea 120 MHz, para subastarlos entre otros usuarios del espectro. No hace falta ser un experto para pronosticar la tendencia futura.
Lo anterior se explica porque las tecnologías de telecomunicaciones móviles, que hace unos pocos años eran esencialmente para telefonía, y que hoy abarcan muchas otras prestaciones como acceso a Internet y televisión, requieren anchos de banda cada día mayor. Actualmente la telefonía móvil, que como ya sabemos no es solo “telefonía”, utiliza alrededor de 230 MHz del espectro radioeléctrico. La Unión Internacional de Telecomunicaciones pronostica que para el año 2020 van a hacer falta 1.200 a 1.700 MHz para las tecnologías de telecomunicaciones móviles de Banda Ancha.
Además, ¿qué pasaría en Chile si por una semana no funcionara la TV “por aire”? Según la ultima encuesta del CNTV, las personas que viven en el 63% de los hogares no se darían cuenta, porque tienen TV por cable o por satélite, cifra que en Antofagasta llega hoy al 88% y que en todo el país crece a diario. ¿Pero qué sucedería si la telefonía móvil o Internet no funcionaren por una semana? Simplemente, el país colapsaría. De ahí que las autoridades de todo el mundo no vacilen en recuperar espectro desde la TV para destinarlo a las nuevas tecnologías de telecomunicaciones móviles.
De igual forma, la TV conectada (por cable, fibra óptica, satélite o teléfono celular) ya no es más una mera extensión o “brazo largo” de la TV “por aire”, sino que aquella es crecientemente productora de contenidos, y para el usuario es indiferente cómo llegan esos contenidos a su hogar. La TV a través de Internet -gratuita o de pago- es otra realidad que crece a pasos agigantados; Netflix, por ejemplo, llega a cualquier hogar de Latinoamérica a través de Internet con 20 mil títulos de películas, series, documentales, etc. por el precio mensual de una entrada al cine, o del arriendo de dos películas en un video club. Los televisores SmartTV, con conexión a Internet, ocupan crecientemente volumen en la oferta y en pocos años la totalidad.
La ley en trámite simplemente ignora estas realidades.
En ese escenario surgen muchas preguntas. ¿Qué concesiones requieren los teledifusores del mañana? ¿Tienen sentido en Internet concesiones nacionales, regionales, locales, comunitarias o culturales? ¿TVN tuvo que pedir concesión en Australia o en Europa, para difundir su programación diaria por Internet, que ven los chilenos en todo el mundo? ¿Pidió́ acaso concesión en Chile para difundirlos en el extranjero?
Pero la pregunta que debemos hacernos no es cómo se debería regular esta nueva realidad tecnológica. La pregunta correcta es: ¿Será posible regularla? ¿Vale la pena hacerlo? Skype es otro ejemplo de la industria de las telecomunicaciones que refuerza esta pregunta.
Se ha gastado mucho trabajo, tiempo y recursos para elaborar el proyecto de ley de TV digital que hoy está en el Congreso, pero cabe preguntarse ¿Habrá llegado el momento de abandonarlo, repensar nuevamente todo el problema y desarrollar a continuación una ley muy simple, con la vista en los ineludibles cambios que se avecinan, que sea de fácil y rápida tramitación y que al menos permita que Chile se incorpore pronto al mundo de la TV Digital, antes de que el carro del progreso nos deje atrás? Lo anterior también nos lleva a pensar en enfrentar sin demora el desafío que el acceso de Banda Ancha esté disponible para todos los chilenos, que no es solo TV sino que educación, productividad y conocimiento.
Con técnicas de compresión eficaces se puede reducir considerablemente el tamaño del fichero sin que ello afecte muy poco, o en absoluto, la calidad de la imagen. Sin embargo, la calidad del vídeo puede verse afectada si se reduce en exceso el tamaño del fichero aumentando el nivel de compresión de la técnica que se utilice.
Existen diferentes técnicas de compresión, tanto patentadas como estándar. Hoy en día, la mayoría de proveedores de vídeo en red utilizan técnicas de compresión estándar. Los estándares son importantes para asegurar la compatibilidad y la interoperabilidad.
Gracias al desarrollo de estándares, los usuarios finales tienen la opción de escoger entre diferentes proveedores, en lugar de optar a uno solo para su sistema de videovigilancia.
Hay tres estándares de compresión de vídeo distintos: Motion JPEG, MPEG-4 y H.264.
El H.264 es el estándar de compresión de vídeo más actual y eficaz.
Códec de vídeo
En el proceso de compresión se aplica un algoritmo al vídeo original para crear un archivo comprimido y ya listo para ser transmitido o guardado. Para reproducir el archivo comprimido, se aplica el algoritmo inverso y se crea un vídeo que incluye prácticamente el mismo contenido que el vídeo original.
El tiempo que se tarda en comprimir, enviar, descomprimir y mostrar un archivo es lo que se denomina latencia.
Cuanto más avanzado sea el algoritmo de compresión, mayor será la latencia.
El par de algoritmos que funcionan conjuntamente se denomina códec de vídeo (codificador/ decodificador). Los códecs de vídeo de estándares diferentes no suelen ser compatibles entre sí, es decir, el contenido de vídeo comprimido con un estándar no se puede descomprimir con otro estándar diferente.
Por ejemplo, un decodificador MPEG-4 no funcionará con un codificador H.264. Esto ocurre simplemente porque un algoritmo no puede descodificar correctamente los datos de salida del otro algoritmo.
Compresión de imagen vs. compresión de vídeo
Los diferentes estándares de compresión utilizan métodos distintos para reducir los datos y, en consecuencia, los resultados en cuanto a frecuencia de bits y latencia son diferentes.
Existen dos tipos de algoritmos de compresión: compresión de imágenes y compresión de vídeo.
La compresión de imagen utiliza la tecnología de codificación intrafotograma. Los datos se reducen a un fotograma de imagen con el fin de eliminar la información innecesaria que puede ser imperceptible para el ojo humano. Motion JPEG es un ejemplo de este tipo de estándar de compresión. En una secuencia Motion JPEG, las imágenes se codifican o comprimen como imágenes JPEG individuales.
Con el formato Motion JPEG, las tres imágenes de la secuencia se codifican y se envían como imágenes únicas y separadas (fotogramas I), sin que dependan unas de otras
Los algoritmos de compresión de vídeo-4 como el MPEG-4 y el H.264 utilizan la predicción interfotograma para reducir los datos de vídeo entre las series de fotogramas.
Ésta consiste en técnicas como la codificación diferencial, en la que un fotograma se compara con un fotograma de referencia y sólo se codifican los píxeles que han cambiado con respecto al fotograma de referencia.
De esta forma, se reduce el número de valores de píxeles codificados y enviados. Cuando se visualiza una secuencia codificada de este modo, las imágenes aparecen como en la secuencia de vídeo original.
Con la codificación diferencial sólo la primera imagen (fotograma I) se codifica en su totalidad. En las dos imágenes siguientes (fotogramas P) existen referencias a la primera imagen en lo que se refiere a elementos estáticos, como la casa. Sólo se codifican las partes en movimiento (el hombre que corre) mediante vectores de movimiento, reduciendo así la cantidad de información que se envía y almacena.
Para reducir aún más los datos, se pueden aplicar otras técnicas como la compensación de movimiento basada en bloques. La compensación de movimiento basada en bloques tiene en cuenta que gran parte de un fotograma nuevo está ya incluido en el fotograma anterior, aunque quizás en un lugar diferente del mismo.
Esta técnica divide un fotograma en una serie de macrobloques (bloques de píxeles). Se puede componer o “predecir” un nuevo fotograma bloque a bloque, buscando un bloque que coincida en un fotograma de referencia.
Si se encuentra una coincidencia, el codificador codifica la posición en la que se debe encontrar el bloque coincidente en el fotograma de referencia. La codificación del vector de movimiento, como se denomina, precisa de menos bits que si hubiera de codificarse el contenido real de un bloque.
Ilustración que muestra la compensación de movimiento basada en bloques.
Con la predicción interfotograma, cada fotograma de una secuencia de imágenes se clasifica como un tipo de fotograma concreto, como un fotograma I, P o B.
Un fotograma I, o intrafotograma, es una imagen autónoma que se puede codificar de forma independiente sin hacer referencia a otras imágenes. La primera imagen de una secuencia de vídeo es siempre un fotograma I. Los fotogramas I sirven como puntos de inicio en nuevas visualizaciones o como puntos de resincronización si la transmisión de bits resulta dañada. Los fotogramas I se pueden utilizar para implementar funciones de avance o retroceso rápido o de acceso aleatorio. Un codificador insertará automáticamente fotogramas I a intervalos regulares o a petición de nuevos clientes que puedan incorporarse a la visualización de una transmisión. La desventaja de este tipo de fotogramas es que consumen muchos más bits, pero por otro lado no generan demasiados defectos provocados por los datos que faltan.
Un fotograma P (de interfotograma Predictivo), hace referencia a partes de fotogramas I o P anteriores para codificar el fotograma. Los fotogramas P suelen requerir menos bits que los fotogramas I, pero con la desventaja de ser muy sensibles a la transmisión de errores, debido a la compleja dependencia con fotogramas P o I anteriores.
Un fotograma B, o interfotograma Bipredictivo, es un fotograma que hace referencia tanto a fotogramas anteriores como posteriores. El uso de fotogramas B aumenta la latencia.
Secuencia típica con fotogramas I, B y P. Un fotograma P sólo puede hacer referencia a fotogramas I o P anteriores, mientras que un fotograma B puede hacerlo a fotogramas I o P tanto anteriores como posteriores.
Cuando un decodificador de vídeo restaura un vídeo descodificando la transmisión de bits fotograma a fotograma, la descodificación debe comenzar siempre por un fotograma I. Los fotogramas P y B, en caso de usarse, deben descodificarse junto a los fotogramas de referencia.
El H.264, por ejemplo, admite técnicas avanzadas como los esquemas de predicción para codificar fotogramas I, la compensación de movimiento mejorada con una precisión inferior a un píxel y el filtro de eliminación de bloques en bucle para suavizar los bordes de los bloques (defectos).
Formatos de compresión
Motion JPEG
Motion JPEG o M-JPEG es una secuencia de vídeo digital compuesta por una serie de imágenes JPEG individuales. (JPEG son las siglas de Joint Photographic Experts Group - Grupo de Expertos Fotográficos Unidos) Cuando se visualizan 16 o más imágenes por segundo, el ojo humano lo percibe como un vídeo en movimiento. Un vídeo en completo movimiento se percibe a 30 (NTSC) ó 25 (PAL) imágenes por segundo.
Una de las ventajas de Motion JPEG es que cada imagen de una secuencia de vídeo puede conservar la misma calidad garantizada que se determina mediante el nivel de compresión elegido para la cámara de red o codificador de vídeo. Cuanto más alto es el nivel de compresión, menor es el tamaño del archivo y la calidad de imagen. En algunas situaciones, como cuando hay poca luz o la escena es compleja, el tamaño del archivo puede ser bastante grande y, por lo tanto, usar más ancho de banda y espacio de almacenamiento.
Al no haber dependencia alguna entre los fotogramas de Motion JPEG, un vídeo Motion JPEG es resistente, lo que significa que si falla un fotograma durante la transmisión, el resto del vídeo no se verá afectado.
Motion JPEG es un estándar que no requiere licencia. Tiene una amplia compatibilidad y su uso es muy habitual en aplicaciones donde se requieren fotogramas individuales en una secuencia de vídeo—por ejemplo, para el análisis—y donde se utiliza una frecuencia de imagen de 5 fotogramas por segundo o inferior.
Sin embargo, el principal inconveniente de Motion JPEG es que no utiliza ninguna técnica de compresión de vídeo para reducir datos, ya que consiste en una serie de imágenes fijas y completas. El resultado es una frecuencia de bits relativamente alta o una relación de compresión baja para la calidad proporcionada, en comparación con estándares de compresión de vídeo como MPEG-4 y H.264.
MPEG-4
Cuando se menciona MPEG-4 en las aplicaciones de videovigilancia, normalmente nos referimos a MPEG-4 Parte 2, también conocido como MPEG-4 Visual. Como todos los estándares MPEG (Moving Picture Experts Group), requiere una licencia, es decir, los usuarios deben pagar una tasa de licencia por cada estación de supervisión. MPEG-4 es compatible con aplicaciones de ancho de banda reducido y aplicaciones que requieren imágenes de alta calidad, sin limitaciones de frecuencia de imagen y con un ancho de banda virtualmente ilimitado.
H.264
El H.264, también conocido como MPEG-4 Parte 10/AVC para Codificación de Vídeo Avanzada, es el estándar MPEG más actual para la codificación de vídeo. Se espera que el H.264 se convierta en la alternativa de estándar en los próximos años. Ello se debe a que, sin comprometer la calidad de la imagen, un codificador H.264 puede reducir el tamaño de un archivo de vídeo digital en más de un 80% si se compara con el formato Motion JPEG, y hasta un 50% más en comparación con el estándar MPEG-4. Esto significa que se requiere menos ancho de banda y espacio de almacenamiento para los archivos de vídeo. O, visto de otra manera, se puede lograr mayor calidad de imagen de vídeo para una frecuencia de bits determinada.
En el sector de la videovigilancia, H.264 encontrará su mayor utilidad en aplicaciones donde se necesiten velocidades y resoluciones altas, como en la vigilancia de autopistas, aeropuertos y casinos, lugares donde por regla general se usa una velocidad de 30/25 (NTSC/PAL) imágenes por segundo. Es aquí donde las ventajas económicas de un ancho de banda y un almacenamiento reducidos se harán sentir de forma más clara.
Se espera que H.264 acelere también la adopción de cámaras megapíxel, ya que con esta eficiente tecnología de compresión se pueden reducir los archivos de gran tamaño y las frecuencias de bits sin que la calidad de la imagen se vea afectada. En cualquier caso, tiene sus exigencias: aunque H.264 permite ahorrar en costes de ancho de banda y almacenamiento, también necesita cámaras de red y estaciones de control de mejor rendimiento.
Este perfil es el ideal para cámaras de red y codificadores de vídeo, ya que la latencia se reduce gracias a la ausencia de fotogramas B. La latencia baja es esencial en aplicaciones de videovigilancia donde se realice supervisión en directo, sobre todo si se emplean cámaras PTZ o domos PTZ.