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martes, 13 de noviembre de 2018

La relación de aspecto: historia y usos narrativos de una herramienta fundamental en el cine

Puede parecer una obviedad, pero el noble arte de la narración audiovisual esconde una complejidad aún mayor de la que aparenta, escondiendo elementos clave a la hora de construir un discurso en imágenes hasta en esas herramientas que, por prácticamente invisibles, pasan desapercibidas —no para todos— a pesar de llevar toda nuestra vida cinéfila frente a nuestros ojos.
Una de ellas, cuya historia, usos y efectos repasaremos a lo largo del siguiente texto, es la relación de aspecto —o aspect ratio en el idioma de Shakespeare—; un concepto que podríamos definir como la proporción existente entre el alto y el ancho de la imagen, expresado mediante la división de dos números —como 4:3 o 16:9—, con el resultado de las mismas en cifras decimales —4:3 equivaldría a 1.33—, o como una proporción —como 1.33:1, que representaría que la imagen es 1.33 veces más ancha que alta—. Pero vayamos paso a paso, y veamos cómo nace la relación de aspecto y cómo ha evolucionado hasta los estándares actuales.

La breve y resumida historia de la relación de aspecto

Kinetoscopio
Podría concluirse que el primer aspect ratio fue ideado por el inventor y fotógrafo William Kennedy Dickson, trabajador del laboratorio del célebre Thomas Edison. Tras años de experimentación con los nuevos materiales sensibles de la época y en su afán de encontrar un tipo de película que pudiese proyectarse empleando un kinetoscopio —el precursor del cine moderno—, Dixon terminó dando con un prototipo de película de 35mm en la que cada imagen tenía una altura de cuatro perforaciones.
Este tipo de filme contaba con unas dimensiones de, redondeando, 2.4cm de ancho por 1.8cm de alto; medidas que tienen una relación de aspecto de 4:3 o, lo que es lo mismo, 1.33:1. El descubrimiento trascendió en 1909 gracias a la Motion Picture Patent Company, que convirtió este formato en el estándar para la industria cinematográfica de la época, hasta que los avances tecnológicos condujeron al inevitable cambio en la relación de aspecto.

El formato académico

Casablanca Fotograma de 'Casablanca', concebida con una relación de aspecto de 1.37:1
La primera variación oficial de la relación de aspecto vino de la mano de la llegada del cine sonoro a finales de los años veinte, y estuvo relacionada con la distribución del espacio en la película de 35mm tras la adición en esta de la banda de sonido, localizada entre las perforaciones de la izquierda del filme y el margen izquierdo del fotograma, haciendo perder anchura a la imagen.
En 1932, la Academy of Motion Picture Artes & Sciences decidió que, para compensar esta deformación, la imagen debería estrecharse también de forma vertical, dando lugar a una relación de aspecto de 1.37:1 que, en 1937, sustituyó al 1.33:1 como el estándar cinematográfico bajo el nombre de "Academy Ratio", también conocida como "relación académica" o "cuadro académico". Pero, de nuevo, la evolución de la tecnología trajo consigo nuevas transformaciones.

La llegada del panorámico

La Conquista Del Oeste Fotograma de 'La conquista del oeste' con el efecto de la proyección en Cinerama en pantalla curva
Llegó la década de los 50 y, junto a ella, la televisión. Poco a poco, la mal llamada caja tonta comenzó a arrebatar a las salas de proyección los afortunados espectadores que podían permitirse ver películas en la comodidad de su hogar a través de sus pantallas cuadradas en 4:3. Como medida de contraataque, la industria cinematográfica dio un golpe de efecto para tratar de devolver la público a sus butacas ofreciendo algo completamente novedoso: el formato panorámico.
El primer representante de la imagen panorámica fue el complejo Cinerama —fusión de las palabras "cinema" y "panorama"—, utilizado por primera vez en Broadway en 1952 en un espectáculo llamado 'This is Cinerama' y cuyo cénit fue la espectacular 'La conquista del oeste' —'How the West Was Won', George Marshall, 1962—. Este tipo de proyección utilizaba tres cámaras de 35mm que proyectaban simultáneamente a través de lentes de 27mm sobre una pantalla curva, dando como resultado una relación de aspecto de 2.59:1 al combinar la imagen de cada una de las cámaras, cuya altura de fotograma era de seis perforaciones.
Tanto el rodaje como la proyección en Cinerama eran procesos excesivamente costosos a nivel económico y complejos en lo que a técnica y logística se refiere. Por ello, en Paramount Pictures, conscientes de ello, decidieron apostar por su propio formato panorámico en pantalla plana. Su primer tanteo fue con el largometraje 'Shane' —George Stevens, 1953—, rodado en formato académico —1.37:1— y proyectado con una relación de aspecto de 1.66:1 recortando la imagen en las partes superior e inferior y ensanchándola sobre la pantalla.

La revolución anamórfica

La Tunica Sagrada Trailer Fotograma de 'La túnica sagrada', primera película rodada en CinemaScope
Los resultados con el 1.66:1 no fueron, ni mucho menos, satisfactorios. El ajustar el ancho del fotograma a las pantallas panorámicas se tradujo en una calidad de imagen deficiente y dominada por el grano a causa de la ampliación, continuando la carrera por hacerse con el formato panorámico perfecto con un movimiento de Twentieth Century Fox, que se alió con el creador del anamorfoscopio Henri Chrétien.
Este dispositivo, ideado por Chrétien en los años 20, distorsionaba la imagen horizontalmente mediante una lente anamórfica. Utilizando esta tecnología para rodar en película de 35mm con un fotograma de cuatro perforaciones de alto, en Fox concibieron el CinemaScope, sistema que permitía obtener relaciones de aspecto de 2.60:1 en la proyección y que debutó con la impresionante 'La túnica sagrada' —'The Robe', Henry Koster— en 1953. Esto derivaría, a través de modificaciones en la película causadas por la distribución de las bandas de sonido y la proximidad de los fotogramas entre sí en el 2.35:1 y el 2.39:1 que han perdurado hasta nuestros días.

El 1.85:1 y la VistaVision

Vistavision
Hasta el momento ya hemos conocido dos de los aspect ratios más utilizados —con sus variaciones— que han trascendido hasta nuestros días: el académico 1.37:1 y el 2.35:1. Pero, ¿cuándo nació el 1.85:1? Esta pregunta nos lleva de nuevo a Paramount Pictures donde, vistos los malos resultados del Cinerama y de su apuesta por el 1.66:1, decidieron continuar utilizando película de 35mm pero dándole al proceso una vuelta de tuerca. Concretamente, una de noventa grados.
En Paramount optaron por utilizar el material sensible existente de un modo un tanto diferente, rodando con un mecanismo horizontal en lugar de vertical en el que la anchura del fotograma sería de ocho perforaciones, dando lugar a una relación de aspecto de 1.85:1. A este sistema se le bautizaría como VistaVision, y fue utilizado por primera vez en 'Navidades Blancas' —'White Christmas', Michael Curtiz, 1954—, siendo empleado también en 'Los diez mandamientos' —'The Ten Commandments', Cecil B. DeMille, 1956— y en varios clásicos de Alfred Hitchcock como 'Vertigo' —1958— o 'Con la muerte en los talones' —'North by Northwest', 1959—.

Los grandes formatos

Lawrende De Arabia Fotograma de 'Lawrence de Arabia', rodada en Super Panavision 70
Más allá de los muchos formatos panorámicos nacidos en los 50 y sus relaciones de aspecto derivadas, la industria se dio cuenta de que debía darse un paso más allá y acompañar al 35mm de otros recursos de mayor ambición —y tamaño— para continuar explotando las cualidades de la gran pantalla. De este modo, el productor Mike Todd impulsó el desarrollo del Todd AO: un formato panorámico que empleaba película de 70mm cuyo fotograma tenía cinco perforaciones de alto y contaba con una relación de aspecto de 2.20:1, llegando a ser usado en grandes filmes como 'Sonrisas y lágrimas' —'The Sound of Music', Robert Wise, 1965— o 'Patton' — Franklin J. Schaffner, 1970—.
Por su parte, en Panavision se desarrollaron nuevos formatos como el MGM 65 de 'Ben-Hur' —William Wyler, 1959—, que utilizaba película de 65mm para generar una relación de aspecto de 2.76:1; o el Super Panavision 70, similar al MGM 65 pero utilizando lentes esféricas en lugar de anamórficas y con un aspect ratio de 2.20:1, usado en 'Lawrence de Arabia' —'Lawrence of Arabia', David Lean, 1962—.
Hateful 8 70mm Fotograma del tráiler de 'Los odiosos ocho', rodada en Ultra Panavision 70
En la actualidad, son muchos los realizadores que están apostando por los grandes formatos y sus espectaculares posibilidades en cuanto a relación de aspecto se refiere. Buena muestra de ello son, entre otras, 'Los odiosos ocho' —'The Hateful Eight', 2015— de Quentin Tarantino, rodada en 65mm con un aspect ratio de 2.76:1; 'Asesinato en el Orient Express' de Kenneth Branagh, rodada igualmente en 65mm con una relación de aspecto de 1.20:1 para sus proyecciones en 70mm; o 'Dunkerque', en la que Christopher Nolan volvió a trabajar con negativo de 65mm, ofreciéndose diferentes proyecciones cuyos aspect ratios variaban entre el 1:39.1 de las copias en 35mm hasta el inmenso 1.43:1, estándar de las salas de proyección IMAX.

La relación de aspecto y sus efectos en la narrativa

Martin Scorsese dijo en una ocasión que "El cine es una cuestión sobre lo que está dentro del cuadro y lo que está fuera". Esta brillante frase cobra especial sentido cuando hablamos de la relación de aspecto y relacionamos esta con la narrativa, pudiendo ser utilizada para, entre otras cosas, evocar distintas sensaciones sobre el espectador o manipular el espacio y el encuadre a favor del relato. Veamos algunos ejemplos de ello centrados en los diferentes aspect ratios aplicados en producciones contemporáneas.

 El poder del cuadro académico

Utilizar la relación de aspecto académica y sus derivados es una decisión que, en tiempos dominados por el formato panorámico, va mucho más allá de su obvio empleo para evocar épocas pasadas en pantalla. Podemos ejemplificar los efectos de los aspect ratio cuadrados a través de tres maravillosos filmes como 'El hijo de Saúl', 'Ida' y 'Mommy'; de 2015, 2013 y 2014 respectivamente.
En el caso del primero, ganador del Oscar a mejor película extranjera, la historia ambientada en el campo de concentración de Auschwitz en 1944 enmarca a su protagonista en un cuadro con una relación de aspecto de 1.37:1, asfixiante no sólo para Saúl —así se llama el personaje—, sino también para el espectador, a quien la falta de información en plano le obliga a imaginar las atrocidades que pueblan el fuera de campo, convirtiendo el visionado en una experiencia especialmente devastadora.
La polaca 'Ida', también ganadora de la estatuilla a mejor película extranjera —y que debió hacerse con la de mejor dirección de fotografía—, hace un uso ejemplar de una relación de aspecto de 1.33:1 para representar la posición de su protagonista frente a un mundo que no termina de comprender y en el que no encuentra un lugar para ella; aislándola, seccionando su cuerpo y arrinconándola durante todo el metraje para, finalmente, ofrecer un único plano encuadrado tradicionalmente cuando las cosas cambian.
El último caso que mencionaremos es el de la fantástica 'Mommy', que Xavier Dolan decidió rodar prácticamente de forma íntegra —más adelante trataremos esto— en un formato de 1:1; esto es, un cuadrado perfecto. Mucho se ha teorizado sobre los motivos tras esta decisión, pero nadie mejor que el propio director para arrojar luz sobre el tema:
"La gente ha estado intentando intelectualizar esto. Tan sólo quería rodar con una relación de aspecto que me permitiese estar muy cerca de mis personajes, evitar distracciones a la izquierda y derecha del encuadre y hacer que el público mirase a los personajes directamente a los ojos."

El panorámico y los grandes formatos: espectáculo en estado puro

Por norma general, asociamos los formatos panorámicos —dentro de sus múltiples variantes— con el innegable sentido del espectáculo del séptimo arte; algo estrechamente ligado con el tratamiento y la gestión del espacio. Es complicado imaginar los inmensos paisajes áridos de westerns como 'Hasta que llegó su hora' —'Once Upon a Time in West'— o las vastas extensiones interplanetarias de 'Star Wars' sin las dimensiones que ofrecen relaciones de aspecto como el 2.35:1.
Pese a que las normas en cuanto a realización cinematográfica se refiere estén para romperlas, el 1.85:1 tiende a asociarse erróneamente a largometrajes alejados de las grandes superproducciones centradas en el espectáculo audiovisual y los efectos especiales, siendo habitual en géneros que se creen menos exigentes visualmente hablando como puede ser la comedia y considerándose como una relación de aspecto óptima para cintas cuya acción se desarrolla en interiores.
No obstante, existen grandes excepciones a esta regla, demostrando que el 2.35:1 le sienta de maravilla a todo tipo de filmes de contar estos con una planificación bien estudiada; véanse casos como la embotellada 'No respires' de Fede Álvarez o 'Sin escalas' de Jaume Collet-Serra, cuyos metrajes transcurren en su mayoría dentro de una casa y en el interior de un avión respectivamente.
En lo que respecta a los grandes formatos y sus aspect ratios asociados ocurre algo parecido, siendo relacionados directamente con contenido espectacular y producciones particularmente ambiciosas. Ahí están Christopher Nolan y su inmersiva 'Dunkerque' —proyectada en 1.43:1 en su versión IMAX y en 2.20:1 en las proyecciones en 70mm y DCP—, o la fantástica 'Los odiosos ocho', en la que Quentin Tarantino demuestra que es posible ofrecer una dirección de fotografía espectacular en interiores rodando en Ultra Panavision 70 —2.76:1—.

Las relaciones de aspecto variables

Concluyendo nuestro repaso a través de las posibilidades narrativas que ofrecen, cabe mencionar los particulares —y atípicos— casos en los que, para bien o para mal, diferentes relaciones de aspecto se alternan de un modo u otro a lo largo de un mismo largometraje; práctica que, de ser ejecutada con torpeza, puede resultar de lo más molesta.
Este es el caso de 'Transformers: El último caballero', rodada en múltiples formatos y soportes, cuyo visionado resulta de lo más caótico al ir sucediéndose en pantalla planos con cuatro relaciones de aspecto diferentes a lo largo de sus dos horas y media de metraje, apareciendo bandas negras de distintos tamaños en la parte superior en inferior de la pantalla constantemente.
Existen otros casos en los que esta variación resulta más agradable y efectiva, aportando un extra de espectacularidad a las secuencias que así lo requieren. 'Interstellar' o 'El caballero oscuro: La leyenda renace' son buenos ejemplos de ello, variando Christopher Nolan entre el 2.39:1 predominante y el 1.78:1 —que gana imagen en las zonas superior e inferior de la pantalla— durante los pasajes con mayor despliegue visual.
En otras ocasiones, la relación de aspecto variable puede utilizarse para acompañar los cambios de época en los que transcurre un filme, como es el caso de 'El gran hotel Budapest' de Wes Anderson, —cuyos fragmentos ambientados en los años 30 tienen aspect ratio de 1.33:1, mientras que los que transcurren en los 60 y del 85 en adelante se proyectan en 2.35:1 y 1.85:1 respectivamente.
En último lugar, no podríamos dejar de lado el mencionado caso de 'Mommy', en la que Xavier Dolan ejecuta con maestría un cambio en la relación de aspecto que manipula a la perfección la emoción del espectador. En esta escena en concreto, del 1:1 en el que está concebida la inmensa mayoría de la cinta se pasa a un 1.85:1 con un gesto del personaje que parece ensanchar él mismo la imagen, respirando y cambiando completamente el tono y la atmósfera que le rodean.
Como hemos visto, la relación de aspecto, aún en constante evolución de la mano de los avances técnicos y los dispositivos de reproducción, es algo que trasciende a lo estrictamente técnico, condicionando el discurso y el lenguaje de todo largometraje o producción audiovisual como lo haría cualquier otra herramienta narrativa. Dicho esto; que el consumo de contenido online a través de dispositivos móviles y plataformas de VOD lleve los filmes venideros a una nueva dimensión es tan sólo cuestión de tiempo.

lunes, 29 de diciembre de 2008

El Comienzo II

Edison y el Kinetoscopio

Hasta 1890, los científicos estaban interesados principalmente en el desarrollo de la fotografía más que en el de la cinematografía. Esto cambió cuando el antiguo inventor y entonces ya industrial Thomas Alva Edison construyó el Black Maria, una casucha cerca de West Orange, Nueva Jersey, que se convirtió en los laboratorios donde realizaba sus experimentos sobre imágenes en movimiento y el primer estudio de cine del mundo.

Edison inventó el fonógrafo en 1877, y se convirtió en el entretenimiento mas popular del siglo. Para proporcionar un acompañamiento visual al fonógrafo, Edison encargó a William Kennedy-Laurie Dickson, un joven asistente de laboratorio, un sistema de movimiento de imágenes, en 1888. Dickson se basó en el trabajo de Muybridge y Marey, pero fue el primero en combinar los dos fundamentos de la cara de imágenes en movimiento y la tecnología de la proyección. Estos fueron un dispositivo para asegurar el movimiento intermitente pero regular de la tira de película de la cámara y una tira de película de celuloide con perforaciones regularmente distribuidas para asegurar el transporte de la película

Edison está considerado por algunos como el diseñador de la primera máquina de cine, el kinetoscopio, pero en realidad ni fue él el inventor ni el invento era propiamente una cámara de cine. Su ayudante, William K.L. Dickson fue quien hizo en realidad casi todo el trabajo, diseñando el sistema de engranajes, todavía empleado en las cámaras actuales, que permite que la película corra dentro de la cámara, e incluso fue él quien por vez primera logró en 1889 una rudimentaria imagen con sonido. El kinetoscopio, patentado por Edison en 1891, tenía unos 15 metros de película en un bucle interminable que el espectador —individual— tenía que ver a través de una pantalla de aumento. El artefacto, que funcionaba depositando una moneda, no puede considerarse por tanto un espectáculo público, y quedó como una curiosidad de salón que en 1894 se veía en Nueva York, y antes de finalizar ese año en Londres, Berlín y París.

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Thomas Alva Edison y William K.L. Dickson

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Kinetoscopio

Pierre Jules Janssen

En 1874 el astrónomo francés Pierre Jules Janssen, aprovechando la película supersensible recién inventada, crea un «revólver fotográfico», conocido como el «Janssen», con el que registra todas las fases de un eclipse lunar en una misma placa.

El «Janssen» fue el primer aparato cronofotográfico. Este revolver utilizaba dos discos y una placa sensible, y se basaba en el popular revólver Colt. Fue de gran importancia en los posteriores descubrimientos del inicio de la cinematografía.

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Edward Muybridge

Fotógrafo que había emigrado a San Francisco (Estados Unidos) en 1850, especializándose en fotografía del paisaje y antropológica. Muybridge era ya muy reconocido por sus viajes desde Centroamérica hasta Alaska, cuando el millonario americano Leland Stanford lo convocó para ganar una apuesta en 1872.

Stanford había tomado conocimiento de las investigaciones de Marey, médico y fotógrafo francés Étienne Jules Marey comenzó una serie de investigaciones sobre los movimientos que realizaban los caballos para caminar, trotar y correr. Intentó demostrar que durante el galope el caballo tenía momentos en que sus cuatro patas estaban simultáneamente en el aire. Diseñó ingeniosos dispositivos con hilos atados a las patas para demostrarlo, pero no pudo lograrlo. Stanford se entusiasmó con la idea debido a que él sostenía ya la hipótesis de que el caballo al galope tiene en ciertos momentos las cuatro patas simultáneamente en el aire, y había realizado una apuesta defendiendo la misma psición. Contrató para demostrar la hipótesis a Muybridge y puso a su disposición los recursos necesarios y uno de sus caballos. Muybridge diseñó un sistema de aberturas-trampa de madera que revolucionó la velocidad de obturación: de medio segundo a casi un dosmilavo de segundo. La imagen, sin embargo, salió borrosa y fue imposible corroborar la hipótesis. Esto favoreció aún más las investigaciones de Muybridge.

Tras varios intentos y dispositivos, en 1878 incorporó el uso de gatillos electromagnéticos activados por el paso del caballo (en este caso, una yegua llamada Sally) logrando dos series de 12 fotografías cada una al paso de ella. Proyectó en público los resultados utilizando el proyector fenakitoscópico, que a partir de algunas mejoras él rebautizó zoopraxinoscopio, logrando un enorme éxito en la prensa de la época. Con ello se había logrado la descomposición fotográfica del movimiento rápido, quedando libre la vía para la transición del dibujo a la fotografía en la ilusión del movimiento.

Al enterarse de los éxitos de Muybridge, Marey redobló su interés y esfuerzos por la descomposición del movimiento, buscando nuevas mejoras, pues se había interesado por el registro de movimientos más difíciles aún, como el del vuelo de las aves. Adaptando el revólver fotográfico, inventado por Jules Jansson en 1874 para registrar el movimiento de los planetas, a los avances logrados por Muybridge, logró en 1882 registrar el movimiento de aves en vuelo gracias a su “fusil fotográfico”, cuyo mecanismo de obturación y apertura era análogo al de un fusil común.

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Edward Muybridge

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El Zoopraxinoscopio es un artefacto que fue importante en el desarrollo inicial de las películas cinematográficas, anterior al cinematógrafo.

Creado por Eadweard Muybridge en 1879, proyectaba imágenes situadas en discos de cristal giratorios en una rápida sucesión para dar la impresión de movimiento. En el primer proyector las imágenes eran pintadas en el cristal como siluetas. Una segunda serie de discos, realizados entre 1892 y 1894, usaba dibujos perfilados impresos en los discos fotográficamente y coloreados a mano. Algunas de las imágenes animadas eran muy complejas, incluyendo múltiples combinaciones de secuencias de movimientos de animales y humanos. Las imágenes de los 71 discos conocidos que han sobrevivido has sido reproducidas en el libro Eadweard Muybridge: The Kingston Museum Bequest (The Projection Box, 2004).

Etienne Jules Marey

Un paso relevante hacia el desarrollo de la primera cámara de imágenes en movimiento fue el que dio el fisiólogo francés Etienne Jules Marey, cuyo cronofotógrafo (un ’fusil fotográfico’) portátil movía una única banda que permitía obtener doce imágenes en una placa giratoria que completa su revolución en un segundo. Sin embargo, su tira de película consistía en un papel mojado en aceite que se doblaba y se desgarraba con facilidad.

Hacia 1889, los inventores estadounidenses Hannibal Goodwin y Georges Eastman desarrollaron más tiras de emulsión fotográfica de alta velocidad (que necesitaban poco tiempo para imprimirse) montadas en un celuloide resistente: su innovación eliminó un obstáculo esencial para la experimentación más eficiente con las imágenes en movimiento.

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El cronofotógrafo o fusil fotográfico

Los Hermanos Lumière

Los hermanos Lumière son considerados históricamente como los padres del cine. Inventaron el cinematógrafo (considerado el primer aparato de cine) basados en el kinetoscopio de Tomas A. Edison. Los experimentos sobre la proyección de imágenes en movimiento visibles para más de un espectador se estaban desarrollando simultáneamente en Estados Unidos y en Europa; en Francia, a pesar de no contar con la gran infraestructura industrial de Edison, los hermanos Louis y Auguste Lumière, en su fábrica de placas fotográficas en Lyon en 1894, crearon el cinematógrafo, invento que era al tiempo cámara, copiadora y proyector, y que es el primer aparato que se puede calificar auténticamente de cine. Por lo que el 28 de diciembre de 1895, ante el público del Gran Café Boulevard de París se hace la presentación pública del cinematógrafo, y a partir de esta fecha los Hermanos Lumière han quedado universalmente como los iniciadores de la historia del cine.

Louis Lumière fue un fotógrafo experimentado, que por su particular forma de registrar escenas cotidianas, es considerado el padre del documental.

Los hermanos Lumière produjeron además una serie de cortometrajes con gran éxito, de género documental, en los que se mostraban diversos elementos en movimiento: obreros saliendo de una fábrica, olas rompiendo en la orilla del mar y un jardinero regando el césped. Uno de sus cortometrajes más efectistas para demostrar las posibilidades del nuevo invento fue el que mostraba a un tren correo avanzando hacia el espectador, lo que causó el susto de los que lo veían. El cine que se producía mientras en el estudio de Edison era más teatral: números circenses, bailarinas y actores dramáticos que actuaban para las cámaras. Pero para entonces el equipamiento elemental ya había sido estandarizado siguiendo el modelo del cinematógrafo de los hermanos Lumière, y las películas se comenzaron a comercializar a escala internacional.

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Los Hermanos Lumière

pre99999999941 El Cinematógrafo

Este desarrollo iba a dar origen al cine real, pero unos años antes el inventor francés Émile Reynaud hizo una serie de descubrimientos innovadores que serian el primer pilar de la historia del cine de animación. Pero esa es nuestra historia ….

El Comienzo

El siglo XIX fue el siglo de la ciencia. En Física se estudio la persistencia de las imagenes en la retina. En 1824, Peter Mark Roget ( 18 de Enero de 1779 - 12 de Septiembre de 1869 ) el entonces examinador de Fisiología en la Universidad de Londres, publico ” Persistence of Vision with Regard to Moving Objects “ . Como explicaba Roget, las imágenes quedan guardadas en la retina del ojo humano durante unas fracciones de segundo antes de ser reemplazadas por las siguientes. Si la sucesión es bastante rápida, el observador recibe impresión de movimiento, aunque este contemplando imágenes fijas.

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Fotografia de Peter Mark Roget, perteneciente a la Medical Portrait Gallery, realizada por Thomas Pettigrew en 1834.

Un año más tarde, en 1825, un famoso físico inglés, John A. Paris ( 1785 - 24 de Diciembre de 1856 ) , creó el prototipo de juguetes ópticos, el Taumatropo: un disco con una imagen complementaria en cada lado y unos hilos en cada extremo de su eje horizontal. Cuando el disco gira sobre los hilos, las dos imágenes complementarias parecen fundirse.

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Fotografía realizada por William Drummond, después litografiada por Eden Upton Eddis, publicada en 1836.

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Taumatropo de 1825

En 1832, el científico belga Joseph Plateau ( 14 de Octubre de 1801 - 15 de Septiembre de 1883 ) invento el phenakitiscopio, otro juguete óptico. Este artilugio consistía en un pivote y un disco de cartón, en cuyo borde estaba dibujada una serie de imágenes de un objeto en movimiento. Al fijar la vista en uno de los dibujos, mientras se observaba el disco en rotación por una abertura, se tenia la impresión de que el dibujo se estaba moviendo.

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Joseph Plateau

Fotografiado por Joseph Pelizzaro (1843)

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Phenakitiscopio, 1893

pre9999Vista de espejo simulada del disco de arriba.

Vista de espejo simulada del disco de arriba

Al invento de Plateau se le añadieron muy pronto mejoras e investigaciones análogas. Una serie de nuevos artefactos con nombres de resonancia griega ( Praxinoscopio, Kinemastoscopio, Fantascopio, Zootropo , Mutoscopio o Corostoscopio ) incorporó las leyes de la física y los principios derivados de la vieja ” linterna mágica “, en el intento de transformar la simple curiosidad en un medio de entretenimiento. El interés por las imágenes en movimiento, arraigado en la vieja necesidad humana de reproducir la realidad con la mayor fidelidad posible, estaba conociendo sus primeras realizaciones tecnológicas.

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Zootropo

Consta de una serie de dibujos impresos en sentido horizontal en bandas de papel colocadas en el interior de un tambor giratorio montado sobre un eje. En la mitad del cilindro, existen una serie de ranuras verticales, por las cuales se mira, percibiendo al girar el aparato las imágenes en movimiento.

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Fantascopio, Phantamascope, Magic Disk o Kalidorama

Dr. Lake , 1832


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Kinemastoscopio


En 1861 el inventor estadounidense Colleman Sellers patento el Kinemastoscopio, que lograba animar una serie de fotografías fijas montadas sobre una rueda giratoria con paletas. Utilizaba el principio del estereoscopio, inventado en 1832, con el que se podían ver dos imágenes ligeramente diferentes en relieve. En los salones de pintura, el Kinemastoscopio mostraba todavia de un modo rudimentario las fotografías para el público proyectándolas a gran velocidad sobre una pantalla. A medida que la velocidad de las emulsiones fotográficas aumentó, fue posible fotografiar un momento real en vez de poses fijas de ese movimiento.

En 1870 Henry Hiyl de Filadelfia combinó este principio para proyectar cuadros en movimiento sobre un telón.

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Mutoscopio

Inventado por Herman Castler en 1895, se basa en un principio con el que estamos familiarizados, Cuando doblamos un libro y dejando las hojas correr debajo del pulgar, las imágenes aparecen a la vista en tan rápida sucesión que se produce una muy buena sucesión de imágenes en movimiento.

El mismo principio se utilizó en una máquina que funcionaba con monedas, Las tarjetas con imágenes sobresalían de un tambor al que estaban unidos por su parte inferior, un millar o más sobre un simple tambor, y deslizaban mostrando las imágenes con suavidad y precisión

Los aparatos se colocaron en lugares al lado del mar y parques de atracciones, manteniendo el fervor del público hasta la llegada del teatro de películas.

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Corostoscopio

En 1866 L. S. Beale inventa el corotoscopio (Choreutoscope) que permite a la linterna mágica proyectar dibujos en movimiento

Este post se sigue en el El Comienzo II, donde analizaremos el origen del cine como tal, con Edison en Norteamérica y los Lumière en Europa.

jueves, 6 de septiembre de 2007

HISTORIA DEL CINE

Historia del cine
Orígenes
Las películas mudas
El cine sonoro
Películas fantásticas
El cine artístico
La producción europea
Desarrollo del cine en color
El cine comercial después de la ii guerra mundial
El formato panorámico
Cine latinoamericano
Los nuevos cineastas estadounidenses
Fantasías de gran presupuesto
1. ORÍGENES

El cine se desarrolló desde el punto de vista científico antes de que sus posibilidades artísticas o comerciales fueran conocidas y exploradas. Uno de los primeros avances científicos que llevó directamente al desarrollo del cine fueron las observaciones de Peter Mark Roget, secretario de la Real Sociedad de Londres, que en 1824 publicó un importante trabajo científico con el título de Persistencia de la visión en lo que afecta a los objetos en movimiento, en el que establecía que el ojo humano retiene las imágenes durante una fracción de segundo después de que el sujeto deja de tenerlas delante. Este descubrimiento estimuló a varios científicos a investigar para demostrar el principio.

Los primeros experimentos

Tanto en Estados Unidos como en Europa, se animaban imágenes dibujadas a mano como forma de diversión, empleando dispositivos que se hicieron populares en los salones de la clase media. Concretamente, se descubrió que si 16 imágenes de un movimiento que transcurre en un segundo se hacen pasar sucesivamente también en un segundo, la persistencia de la visión las une y hace que se vean como una sola imagen en movimiento.

El zoótropo que ha llegado hasta nuestros días consta de una serie de dibujos impresos en sentido horizontal en bandas de papel colocadas en el interior de un tambor giratorio montado sobre un eje; en la mitad del cilindro, una serie de ranuras verticales, por las cuales se mira, permiten que, al girar el aparato, se perciban las imágenes en movimiento. Un ingenio algo más elaborado era el praxinoscopio, del inventor francés Charles Émile Reynaud, que consistía en un tambor giratorio con un anillo de espejos colocado en el centro y los dibujos colocados en la pared interior del tambor. Según giraba el tambor, los dibujos parecían cobrar vida.

En aquellos mismos años, William Henry Fox Talbot en el Reino Unido y Louis Daguerre en Francia trabajaban en un nuevo descubrimiento que posibilitaría el desarrollo del cinematógrafo: la fotografía, ya que sin este invento previo no existiría el cine. Hacia 1852, las fotografías comenzaron a sustituir a los dibujos en los artilugios para ver imágenes animadas. A medida que la velocidad de las emulsiones fotográficas aumentó, fue posible fotografiar un movimiento real en vez de poses fijas de ese movimiento. En 1877 el fotógrafo angloestadounidense Eadweard Muybridge empleó una batería de 24 cámaras para grabar el ciclo de movimientos del galope de un caballo.

Un paso relevante hacia el desarrollo de la primera cámara de imágenes en movimiento fue el que dio el fisiólogo francés Étienne Jules Marey, cuyo cronofotógrafo portátil (una especie de fusil fotográfico) movía una única banda que permitía obtener doce imágenes en una placa giratoria que completaba su revolución en un segundo. Sin embargo, su tira de película consistía en un papel mojado en aceite que se doblaba y se desgarraba con facilidad. Hacia 1889, los inventores estadounidenses Hannibal Goodwin y George Eastman desarrollaron más tiras de emulsión fotográfica de alta velocidad (que necesitaban poco tiempo para impresionarse) montadas en un celuloide resistente: su innovación eliminó un obstáculo esencial en la experimentación con las imágenes en movimiento.

1.1.Thomas Alva Edison

Hasta 1890, los científicos estaban interesados principalmente en el desarrollo de la fotografía más que en el de la cinematografía. Esto cambió cuando el antiguo inventor, y entonces ya industrial, Thomas Alva Edison construyó el Black Maria, un laboratorio cerca de West Orange (Nueva Jersey), que se convirtió en el lugar donde realizaba sus experimentos sobre imágenes en movimiento y el primer estudio de cine del mundo. Edison está considerado por algunos como el diseñador de la primera máquina de cine, el kinetoscopio, pero en realidad ni fue él el inventor ni el invento era propiamente una cámara de cine. Su ayudante, William K. L. Dickson fue quien hizo en realidad casi todo el trabajo, diseñando el sistema de engranajes, todavía empleado en las cámaras actuales, que permite que la película corra dentro de la cámara, e incluso fue él quien por vez primera logró en 1889 una rudimentaria imagen con sonido. El kinetoscopio, patentado por Edison en 1891, tenía unos 15 metros de película en un bucle interminable que el espectador —individual— tenía que ver a través de una pantalla de aumento. El artefacto, que funcionaba depositando una moneda, no puede considerarse por tanto un espectáculo público, y quedó como una curiosidad de salón que en 1894 se veía en Nueva York, y antes de finalizar ese año, en Londres, Berlín y París.

1.2 Los hermanos Lumière

Los experimentos sobre la proyección de imágenes en movimiento visibles para más de un espectador se estaban desarrollando simultáneamente en Estados Unidos y en Europa; en Francia, a pesar de no contar con la gran infraestructura industrial de Edison, los hermanos Louis y Auguste Lumière llegaron al cinematógrafo, invento que era al tiempo cámara, copiadora y proyector, y que es el primer aparato que se puede calificar auténticamente de cine, por lo que la fecha de su presentación pública, el 28 de diciembre de 1895, y el nombre de los inventores son los que han quedado reconocidos universalmente como los iniciadores de la historia del cine. Los hermanos Lumière produjeron además una serie de cortometrajes con gran éxito, de género documental, en los que se mostraban diversos elementos en movimiento: obreros saliendo de una fábrica, olas rompiendo en la orilla del mar y un jardinero regando el césped. Uno de sus cortometrajes más efectistas para demostrar las posibilidades del nuevo invento fue el que mostraba a un tren correo avanzando hacia el espectador, lo que causaba gran impresión en el público asistente. El cine que se producía mientras en el estudio de Edison era más teatral: números circenses, bailarinas y actores dramáticos que actuaban para las cámaras. Pero para entonces el equipamiento elemental ya había sido estandarizado siguiendo el modelo del cinematógrafo de los hermanos Lumière, y las películas se comenzaron a comercializar a escala internacional.


1.3 PELÍCULAS DE UNA BOBINA

En 1896 el ilusionista francés Georges Méliès demostró que el cine no sólo servía para grabar la realidad, sino que también podía recrearla o falsearla. Con estas imaginativas premisas, hizo una serie de películas que exploraban el potencial narrativo del nuevo medio, dando inicio al cine de una sola bobina. En un estudio en las afueras de París, Méliès rodó el primer gran filme puesto en escena cuya proyección duró cerca de quince minutos: L’Affaire Dreyfus (El caso Dreyfus, 1899) y filmó Cendrillas (Cenicienta, 1900) en 20 escenas. Pero sobre todo a Méliès se le recuerda por sus ingeniosas fantasías como Viaje a la luna (1902) y Alucinaciones del barón de Münchhausen, en las que experimentaba las posibilidades de los trucajes con la cámara de cine. Méliès descubrió que deteniendo la cámara en mitad de una toma y recolocando entonces los elementos de la escena antes de continuar podía, por ejemplo, hacer desaparecer objetos. Del mismo modo, retrocediendo la película unos cuantos centímetros y comenzando la siguiente toma encima de lo ya filmado, lograba superposiciones, exposiciones dobles y disoluciones (fundidos y encadenados, como elemento de transición entre distintas escenas). Sus cortometrajes fueron un éxito inmediato de público y pronto se difundieron por todo el mundo. Aunque hoy en día parecen poco más que curiosidades, son precursores significativos de las técnicas y los estilos de un arte entonces balbuceante.

El estilo documentalista de los hermanos Lumière y las fantasías teatrales de Méliès se fundieron en las ficciones realistas del inventor estadounidense Edwin S. Porter, a quien se le atribuye en ocasiones la paternidad del cine de ficción. Trabajando en el estudio de Edison, Porter produjo la primera película estadounidense interesante, Asalto y robo de un tren, en 1903. Esta película, de 8 minutos, influyó de forma decisiva en el desarrollo del cine porque incluía innovaciones como el montaje de escenas filmadas en diferentes momentos y lugares para componer una unidad narrativa. Al hacer esto, Porter inició el montaje, uno de los fundamentos de la creación cinematográfica, proceso en el que diferentes fragmentos elegidos de las diversas tomas realizadas —o disponibles— se reúnen para conseguir un conjunto coherente.

Asalto y robo de un tren tuvo un gran éxito y contribuyó de forma notable a que el cine se convirtiera en un espectáculo masivo. Las pequeñas salas de cine, conocidas como nickelodeones, se extendieron por Estados Unidos, y el cine comenzó a surgir como industria. La mayoría de las películas, de una sola bobina, de la época eran comedias breves, historias de aventuras o grabaciones de actuaciones de los actores teatrales más famosos del momento.

2. LAS PELÍCULAS MUDAS

Entre 1909 y 1912 todos los aspectos de la naciente industria estuvieron bajo el control de un trust estadounidense, la MPPC (Motion Pictures Patents Company), formado por los principales productores. Este grupo limitó la duración de las películas a una o dos bobinas y rechazó la petición de los actores de aparecer en los títulos de crédito. El trust fue desmontado con éxito en 1912 por la ley antitrust del gobierno, que permitió a los productores independientes formar sus propias compañías de distribución y exhibición, por lo que pudieron llegar hasta el público estadounidense obras europeas de calidad, como Quo vadis? (1912, de Enrico Guazzoni), de Italia, o La reina Isabel (1912), de Francia, protagonizada por la actriz Sarah Bernhardt.

2.1 Cine mudo estadounidense

El ejemplo, sobre todo de Italia, que en 1912 con 717 producciones era el cine más potente del mundo, llevó a los productores estadounidenses a la acción, viéndose obligados a hacer películas más largas, en las que los directores tuvieran también una mayor libertad artística, y los actores figuraran en los títulos de crédito, lo que hizo indefectiblemente que algunos de éstos se convirtieran en los favoritos del público. Como resultado, siguió un periodo de expansión económica y artística en el cine de este país.

2.1.1 El traslado a Hollywood

Entre 1915 y 1920 las grandes salas de cine proliferaron por todo el territorio de Estados Unidos, mientras la industria se trasladaba de los alrededores de Nueva York a Hollywood, pequeña localidad californiana junto a Los Ángeles donde los productores independientes, como Thomas Harper Ince, Cecil B. De Mille y Mack Sennett, construyeron sus propios estudios. Ince introdujo el sistema de unidades, en el que la producción de cada película estaba descentralizada —se trabajaba por obra—, con lo que se podían hacer simultáneamente varias películas, cada una de ellas supervisada de principio a fin por un jefe de unidad —un productor ejecutivo— que dependía a su vez del jefe del estudio. Se produjeron así cientos de películas al año como respuesta a la creciente demanda de las salas. La inmensa mayoría eran westerns, comedias de tortazos y resbalones y elegantes melodramas, como el de Cecil B. De Mille Macho y hembra (1919) protagonizado por Gloria Swanson. Ince, por su parte, se especializó en la Guerra Civil estadounidense y el lejano Oeste, sin concesiones al sentimentalismo, en los que destacó el entonces popular vaquero William S. Hart.

2.2 Búster Keaton

Joseph Francis Keaton nació en 1895, en Pickway (Kansas), falleciendo en Hollywood en 1966. Hijo de dos cómicos ambulantes, Joseph y Myra Keaton, "Los dos Keaton", el pequeño apareció en escena cuando sólo contaba un año de edad.Es considerado una de las más importantes figuras de la historia del cine por haber entendido mejor que cualquiera de sus contemporáneos el significado y las posibilidades del cine. En sus obras, muy apreciadas tanto por el público como por la crítica, estableció una interesante comunicación con el espectador, exploró la elasticidad del tiempo y realizó bromas inolvidables que siguen gustando a cuantos las ven. Lo más admirable de esta mente privilegiada es su capacidad de improvisación y la creación de innumerables situaciones en las que combinó un rostro impasible y un cuerpo capaz de hacer cualquier acrobacia, realizando así situaciones divertidas, alocadas y a menudo absurdas.
Buster Keaton es uno de los tres grandes maestros del slapstick, junto a Charlie Chaplin y a Harold Lloyd. Pero cuando alguien le planteaba esta situación, él simplemente respondía: "¿cómo se puede ser un genio con un sombrero plano y unos enormes zapatos?" Lo cierto es que algunas de sus películas son verdaderas obras maestras, como El maquinista de la General (The General, 1927), que consiguió entrar en la lista de las diez mejores comedias, elaborada por una serie de especialistas en el séptimo arte. Además, la prestigiosa revista Sight and Sound la escogió en 1972 como la octava mejor película de la historia del cine.

2.3 Charles Chaplin

Actor director, guionista y músico de origen británico (Londres, 1889-Corsier-sur-Vevey, Suiza, 1977). Autor completo, puede que el primero en la cronología cinematográfica, en todo el sentido de la palabra (él mismo escribió la música de sus películas sonoras), Charles Spencer Chaplin encarnó el cine para millones de personas durante varias generaciones, Chaplin era un cómico genial cuyos trabajos darían brillo a la pantalla. Su sola presencia era suficiente para asegurar el éxito comercial de una película. Fue la primera estrella internacional y una leyenda viva desde su juventud, rompiendo con cada nueva producción los récords de taquilla anteriores. Su personaje del vagabundo Charlot mezclaba de una forma única la comedia sentimental, la sátira social y el patetismo de la naturaleza humana, convirtiéndose en un arquetipo universal. Este personaje fue creciendo a lo largo de sus películas El vagabundo (1915), Vida de perros (1918), El chico (1921) y La quimera del oro (1925). Con la llegada del sonoro, los productores se niegan a estrenar Luces de la ciudad (1931), pero él lo hace por su propia cuenta y vuelve a romper todos los récords de taquilla, éxito que repite con Tiempos modernos (1936), sátira contra la automatización del trabajo, y El gran dictador (1940), primer filme hablado de Chaplin, una oportuna burla de los dictadores de aquella época que le trae, sin embargo, enemistades entre los sectores más reaccionarios del poder estadounidense, obligándole a abandonar el país en la década de 1950, cuando la ‘caza de brujas’ promovida por McCarthy siembra la sospecha y la desconfianza hacia los cineastas progresistas. Mucho antes, en 1919, tras sus primeros éxitos, Chaplin, junto con D. W. Griffith y los dos actores más famosos del momento, Mary Pickford y Douglas Fairbanks, habrá formado la productora United Artists, precursora del star system —aunque en su caso y el de Griffith además de estrellas eran los auténticos creadores y productores—, e iniciadora de la época de oro del cine mudo en Estados Unidos.

2.4 Douglas Fairbanks

Douglas Fairbanks (1883-1939), actor y productor estadounidense, celebre por sus habilidades acrobáticas y como espadachín, que constituían la principal atracción de sus películas. Su verdadero nombre era Douglas Elton Ulman, nació en Denver, Colorado; después de trabajar una breve temporada para una compañía de operaciones bursátiles en Wall Street, se decidió por los escenarios en 1901. En los 14 años siguientes en los que interpretó papeles muy variados, llegó al estrellato. En 1915 comenzó en el cine, formando poco tiempo después —en 1919— su propia productora, la United Artists, junto con el genial director D.W. Griffith y los no menos geniales Mary Pickford, su segunda mujer y Charles Chaplin por aquel entonces los artistas más populares entre el público. Entre las películas más famosas de Fairbanks están La marca del zorro (1920, Fred Niblo), Robín de los bosques (1922, Allan Dwan), El ladrón de Bagdad (1924, Naoul Walsh), Don Q, hijo del zorro (1925, Donald Crisp), El pirata negro (1926, A. Parker), El gaucho (1927, F. Richard Joles), La máscara de hierro (1929, Allan Dwan) y La fierecilla domada (1929, Sam Taylor), junto a Mary Pickford. Su última película fue La vida privada de Don Juan, en 1934, dirigida por Alexander Korda. Su hijo, Douglas Fairbanks, también destacado actor, fue una figura importante en la producción cinematográfica y televisiva.

2.5. Cine mudo latinoamericano

El cinematógrafo fue conocido en la mayoría de las capitales de los países latinoamericanos inmediatamente después de la primera proyección realizada en París por los hermanos Lumière. Sin embargo, en ninguno de ellos surgió una industria propiamente dicha hasta la década de 1940. Desde principios del siglo XX, a través de la distribución y la exhibición, las compañías estadounidenses de cine detentan el control de las pantallas de todo el continente, salvo en el corto periodo de la II Guerra Mundial. Como aliado, México se benefició de este importante mercado cedido por Estados Unidos en detrimento de Argentina y España, el primero neutral y el segundo bajo una dictadura fascista, que vieron decaer sus respectivas industrias cinematográficas. En ese periodo México vio crecer su industria gracias a un mercado seguro de habla castellana. Las producciones por lo general eran comedias y dramas populares, cuando no películas de tendencia socio-folclórica. El cine en México había empezado con Riña de hombres en el zócalo (1897). A partir de esta fecha no se dejaron de producir películas, generalmente noticiarios sobre la independencia y la Revolución Mexicana como El grito de Dolores (1910, de Felipe Jesús del Haro) o Insurrección en México (1911, de los hermanos Alva). En 1917, el gobierno de Venustiano Carranza restringe la difusión del cine documental revolucionario, y ese mismo año se funda la productora Azteca Film, que realiza películas de ficción como La obsesión.

2.6 Cine mudo europeo

La producción cinematográfica en el Reino Unido, Italia y los países nórdicos decayó de forma drástica tras el fin de la I Guerra Mundial debido al aumento de los costes de producción y a una incapacidad comercial para competir en un mercado mundial creciente. Sin embargo, en Alemania, en la recién creada Unión Soviética y en Francia, las películas alcanzaron una nueva significación artística, marcando el inicio de un periodo que sería muy influyente en el desarrollo del medio.

2.6.1 Alemania y Austria

El impactante e innovador cine mudo alemán tomó del expresionismo y las técnicas del teatro clásico de la época sus principales fuentes de inspiración, como muestra el ejemplo más conocido de película expresionista de la época, El gabinete del doctor Caligari (1919), de Robert Wiene, en la que los estilizados vestuarios y decorados se utilizaban para contar una terrorífica historia que identifica la autoridad con la demencia y la criminalidad. Una preocupación similar por la estilización formal y por lo sobrenatural en los temas (frente al prosaico realismo del cine estadounidense, que ha predominado como el único estándar debido a su éxito comercial) se evidencia en películas como El Golem (1920), de Paul Wegener y Henrik Galeen, Nosferatu, el vampiro (1922), de F. W. Murnau, y Metrópolis (1927) de Fritz Lang, que trata de una sociedad robótica controlada por un gran poder industrial en la que los obreros están reducidos a la condición de esclavos. Cualquiera de estas películas, y en especial las dos últimas, crearon escuela en el cine comercial estadounidense con su temática, decorados e incluso estilo de realización, como prueba el que los dos directores fueran contratados por la industria de Hollywood para continuar su trabajo en aquel país.

A mediados de la década de 1920, la capacidad técnica del cine alemán sobrepasaba la de cualquier otro en el mundo. Los actores y los directores recibían un apoyo casi ilimitado por parte del Estado, que financió los mayores y mejor equipados estudios del mundo, los de la UFA (Universum Film Aktiengesellschaft), de Berlín. Los estudios introspectivos, expresionistas de la vida de las clases populares, conocidos como ‘películas de la calle’, se caracterizaban por su dignidad, belleza y duración, además de introducir grandes avances en el uso efectivo de la luz, los decorados y la fotografía. Los directores alemanes liberaron a la cámara del trípode y la pusieron sobre ruedas, consiguiendo una movilidad y una gracia que no se habían visto antes. Películas como las de Murnau El último (1924), protagonizada por Emil Jannings, o El espejo de la dicha (1926), de G. W. Pabst, protagonizada por una joven Greta Garbo, fueron aclamadas universalmente por la profundidad de las emociones que comunicaban y sus innovaciones técnicas. Debido a la emigración de los mejores talentos alemanes, austriacos y, en general, centroeuropeos, la producción de las películas decayó rápidamente tras 1925, convirtiéndose en una industria más que intentaba imitar el cine que se hacía en Hollywood.

2.6.2 La Unión Soviética

Entre 1925 y 1930 apareció una serie de grandes películas soviéticas, revolucionarias tanto en su temática como en su fuerza visual y los métodos de realización empleados. La industria del cine soviética fue nacionalizada en 1919 y puesta bajo el control del Comisariado del Pueblo para la Propaganda y la Educación. Las películas de este periodo mostraban la reciente historia soviética con una fuerza, realismo y visión que era la antítesis del espíritu introspectivo alemán. Los dos principales directores soviéticos, Serguéi Mijáilovich Eisenstein y Vsiévolod Ilariónovich Pudovkin, recibieron una fuerte influencia de la obra de Griffith, sobre todo de Intolerancia y su montaje, aspecto del nuevo arte que analizaron en detalle, formularon teorías, depuraron y aplicaron hasta conseguir los más brillantes logros en este campo de la historia del cine, con la concatenación rápida de tomas separadas de gran fuerza visual capaces de dejar una fuerte impresión en el espectador.

El empleo más espectacular de estas técnicas se puede apreciar en la obra de Eisenstein El acorazado Potemkín (1925), en la que se relata el motín de los marineros de un barco de guerra, hartos de recibir rancho podrido, y la cálida recepción que las gentes de Odesa dan a los rebeldes. En la célebre secuencia de las escaleras de Odesa, Eisenstein lleva hasta el clímax los disparos de los soldados zaristas sobre la muchedumbre con una serie de escenas rápidas, simultáneas, montadas de forma alternativa, combinando la descripción general de la escena con detalles significativos, como el descenso del cochecito de un niño que rueda por unas interminables escaleras al haber sido alcanzada su madre, o la imagen de una abuela tiroteada, o un estudiante retrocediendo horrorizado mientras las tropas avanzan sobre el pueblo con la bayoneta calada. El resultado final crea una emoción única, integrando toda la serie de sucesos simultáneos.

El fin de San Petersburgo (1927), de Pudovkin, y Octubre (1928), de Eisenstein, también conocida como Diez días que estremecieron al mundo, conmemoran el décimo aniversario de la revolución bolchevique desde distintos puntos de vista. Pudovkin narró la historia del individuo como un héroe, una personificación de las masas. Para Eisenstein, por su parte, las masas por sí mismas son el héroe protagonista. Ambos cineastas —y sus respectivos operadores, Golovna y Tissé— eran además excelentes escritores y teóricos del cine, que analizaron su propio trabajo y el de otros autores enriqueciendo un creciente corpus de crítica y teoría del cine que se publicó en todo el mundo.

2.6.3 Francia

Solamente en Francia la industria cinematográfica tenía el vigor necesario como para sobrevivir durante la etapa que siguió a la I Guerra Mundial sin el apoyo del gobierno. Trabajando en pequeños estudios, alquilados para cada película, un grupo de diferentes artistas desarrolló un cine tanto de vanguardia como tradicional con un mínimo de interferencias por parte de los productores ejecutivos. El escritor, director y editor de revistas de cine Louis Delluc fue un defensor ardiente del cine francés, que se rodeó de creadores como Abel Gance, René Clair, Jean Epstein o Germaine Dulac. Fue un grupo del que dependería mucho la supervivencia del cine francés. La obra de Delluc Fiebre (1921) era un retrato impresionista de la vida de las clases populares, mientras que Un sombrero de paja en Italia (1927), de Clair, es una deliciosa e imaginativa comedia basada en una farsa popular del siglo XIX, y Napoleón (1927), de Abel Gance, es una obra monumental e innovadora en cuanto a la técnica: empleaba tres pantallas sobre las que se proyectaban docenas de imágenes simultáneas.

Una de las producciones francesas más destacadas de la década de 1920 es La pasión de Juana de Arco (1928), del danés Carl Theodor Dreyer, que, trabajando con un reparto y un equipo técnico internacionales, mezcló lo mejor del cine escandinavo, alemán y soviético para hacer un cine con un estilo propio, fluido y lleno de encanto, en el que forma y contenido se fundían para conseguir una reverencia operística por el resultado final. Además, la interpretación de Renée Falconetti como Juana de Arco está considerada como uno de los mejores ejemplos de interpretación cinematográfica muda. Esta película, junto con Amanecer (1927), película estadounidense de Murnau, cierran el periodo más brillante del cine mudo que daría paso al advenimiento del sonoro.

2.7 Georges Meliè

Georges Méliès (1861-1938), pionero cinematográfico y director de cine francés, nacido en el seno de una rica familia de fabricantes de zapatos. Estudió en París y en Londres, donde aprendió más juegos de magia que comercio, antes de incorporarse a la empresa familiar. Poco después compró el teatro Robert Houdin de París para presentar espectáculos de magia e ilusionismo.

En 1895 Méliès asistió a una de las primeras exhibiciones de Antoine Lumière. Percibió de inmediato las posibilidades de la nueva técnica, y así, mientras los operadores de Lumière recorrían el mundo en busca de nuevas imágenes documentales, Méliès concebía el cine como una fábrica de ilusiones. Adquirió un proyector en Londres y creó su propia productora, la Star Film, nombre fortuito sin conexión alguna con los significados universales que ambas palabras llegarían a adquirir. En su casa de Montreuil, cerca de París, construyó el primer estudio cinematográfico; transformó su teatro en una sala de cine; se hizo director, productor, guionista, escenógrafo y actor ocasional y, entre 1896 y 1914, realizó 503 "viajes a través de lo imposible", hechizantes películas de extraordinaria belleza poética y misterio. Su primer largometraje fue L'Affaire Dreyfus (El caso Dreyfus, 1899), en la que mostraba su preocupación por la realidad política, tras la que ganaría el reconocimiento universal por Viaje a la luna (1902), obra maestra del trucaje fotográfico y la innovación técnica. Desafortunadamente, Méliès fue incapaz de competir con las grandes productoras nacientes y se arruinó en la I Guerra Mundial, con lo que sus pertenencias se destruyeron o se vendieron. Después de la guerra era un hombre olvidado, que tuvo que recurrir a la venta de pasteles para sobrevivir. Antes de su muerte en un asilo, Henri Langlois, creador de la cinemateca francesa en 1934, salvó la mayoría de las películas de Méliès, que habían sobrevivido milagrosamente, y supervisó su restauración. D.W. Griffith dijo de Méliès "le debo todo".

2.8 La madurez del cine mudo

En los años posteriores a la I Guerra Mundial, la industria cinematográfica se convirtió en uno de los sectores principales de la industria estadounidense, generando millones de dólares de beneficios a los productores que tenían éxito. Las películas de este país se internacionalizaron y dominaron el mercado mundial. Los autores europeos más destacados fueron contratados por los estudios y sus técnicas se asimilaron en Hollywood, que las adaptó a sus fines comerciales. El star system floreció, y las películas utilizaron a las grandes estrellas, entre otras a Rodolfo Valentino, John Barrymore, Greta Garbo, Clara Bow y Norma Shearer, como principal atractivo para el público. El periodo se caracterizó también por el intento de regular los valores morales del cine a través de un código de censura interna, creado por la propia industria de Hollywood en 1930 (el código Hays, bautizado así por dirigirlo el político y moralista Will Hays). Este tipo de instrumentos de control político moral persistieron hasta 1968 en Estados Unidos.

En los años veinte las películas estadounidenses comenzaron a tener una sofisticación y una suavidad de estilo que sintetizaba lo que se había aprendido de la experiencia. Los majestuosos westerns románticos, como El caballo de hierro (1924), de John Ford, mostraban la economía y maestría narrativas que marcarían la trayectoria de los directores clásicos Frank Capra, William Wyler o George Stevens. Mientras, Cecil B. De Mille trataba de enmascarar el erotismo de sus primeras comedias sexuales, como El señorito Primavera (1921), tras la fachada bíblica de espectáculos como Los diez mandamientos (1923) o El rey de reyes (1927) en los que de hecho aparecían orgías y escenas de baño con el menor pretexto.

Dos de los directores más populares de la época, Ernst Lubitsch y Erich von Stroheim, alemán el primero y austriaco el segundo, revelaron sus sofisticados y diferentes comportamientos en la pantalla con sus primeras obras en Hollywood. El primero abandonó los espectáculos que había dirigido en su país para hacer comedias ligeras, románticas, caracterizadas por la sencillez de sus decorados, elegancia de su técnica y encanto personal. En Los peligros del flirt (1924) o La locura del charlestón (1926) manejó con tanta habilidad el tema sexual que lograba al mismo tiempo mostrarlo plenamente y resultar aceptable para los censores. El trabajo de Von Stroheim, por su parte, más duro y más europeo en su tono, es de una riqueza extravagante e incluso en ocasiones melancólico, como en Esposas frívolas (1922), en la que contrasta la inocencia estadounidense con la decadencia europea. Su obra maestra sobre la codicia en la sociedad estadounidense, Avaricia (1923), fue reducida por los ejecutivos del estudio de diez a dos horas. La mayoría de lo cortado entonces se ha perdido, pero incluso en su forma abreviada es considerada como una de las obras maestras del realismo cinematográfico.

Las películas cómicas conocieron una época dorada en los años veinte. A Chaplin se unieron otros dos cómicos, Harold Lloyd y Buster Keaton, a la cabeza del género, ambos continuadores de la tradición de las películas cómicas de payasadas, de una sola bobina. Durante este periodo, cada uno de estos cómicos dispuso del tiempo y del apoyo económico necesarios para desarrollar su estilo personal. Keaton nunca sonreía, y en películas como El moderno Sherlock Holmes (1924), dirigida por él, hizo contrastar su gesto impasible con los gags visuales basados en sus increíbles facultades físicas. Harold Lloyd era un cómico temerario que jugaba a menudo con la ley de la gravedad desde grandes alturas. Encarnaba al chico ingenuo típicamente estadounidense, como en El estudiante novato (1925), de Sam Taylor y Fred Newmeyer, en el que interpreta al personaje débil que demuestra su valentía.

3. EL CINE SONORO

En 1926 la productora Warner Brothers introdujo el primer sistema sonoro eficaz, conocido como Vitaphone, consistente en la grabación de las bandas sonoras musicales y los textos hablados en grandes discos que se sincronizaban con la acción de la pantalla. En 1927, la Warner lanzó El cantor de jazz, de Alan Crosland, la primera película sonora, protagonizada por el showman de origen ruso Al Jolson, que alcanzó un éxito inmediato e inesperado entre el público. Su eslogan, sacado del texto de la película "aún no has oído nada", señaló el final de la era muda. Hacia 1931 el sistema Vitaphone había sido superado por el Movietone, que grababa el sonido directamente en la película, en un banda lateral. Este proceso, inventado por Lee de Forest, se convirtió en el estándar. El cine sonoro pasó a ser un fenómeno internacional de la noche a la mañana.

3.1 Las primeras películas habladas

La transición del cine mudo al sonoro fue tan rápida que muchas películas distribuidas entre 1928 y 1929, que habían comenzado su proceso de producción como mudas, fueron sonorizadas después para adecuarse a una demanda apremiante. Los dueños de las salas se apresuraron también a convertirlas en salas aptas para el sonoro, mientras se rodaban películas en las que el sonoro se exhibía como novedad, adaptando obras literarias e introduciendo extraños efectos sonoros a la primera oportunidad. El público pronto se cansó de los diálogos monótonos y de las situaciones estáticas de estas películas, en las que un grupo de actores se situaba cerca de un micrófono fijo.

Tales problemas se solucionaron en los inicios de la década de 1930, cuando en varios países un grupo de directores de cine tuvieron la imaginación necesaria para usar el nuevo medio de forma más creativa, liberando el micrófono de su estatismo para restablecer un sentido fluido del cine y descubrir las ventajas de la postsincronización (el doblaje, los efectos sala y la sonorización en general que sigue al montaje), que permitía la manipulación del sonido y de la música una vez rodada y montada la película. En Hollywood, Lubitsch y King Vidor experimentaron con el rodaje de largas secuencias sin sonido, añadiéndolo posteriormente para resaltar la acción. Lubitsch lo hizo suavemente, con la música, en El desfile del amor (1929), y Vidor con el sonido ambiente para crear una atmósfera natural en Aleluya (1929), un musical realista interpretado íntegramente por actores afroamericanos cuya acción transcurre en el sur de Estados Unidos. Los directores comenzaban a aprender a crear efectos con el sonido que partía de objetos no visibles en la pantalla, dándose cuenta de que si el espectador oía un tictac era innecesario mostrar el reloj.

Los guionistas Ben Hecht, Dudley Nichols y Robert Riskin comenzaron a inventarse diálogos especialmente elaborados para la pantalla, a los que se despojaba de todo lo que no fuera esencial para que sirvieran a la acción en vez de estorbarla. El estilo periodístico rapidísimo que Hecht preparó para Un gran reportaje (1931), de Lewis Milestone, contrasta con las ingeniosas réplicas que escribiría para la obra de Lubitsch Una mujer para dos (1933). Nichols, por su parte, destacó por sus diálogos claros, sin ambigüedades, en películas como María Estuardo (1936), de John Ford. Riskin se hizo famoso por sus personajes familiares en las películas de Frank Capra, entre ellas Sucedió una noche (1934), protagonizada por Claudette Colbert y Clark Gable.

4. PELÍCULAS FANTÁSTICAS

La tendencia a evadirse de una realidad no demasiado halagüeña se acentuó en aquellos años. Un ciclo de películas de terror clásico, entre las que se incluyen Drácula (1931), de Tod Browning, El doctor Frankenstein (1931), de James Whale, y La momia (1932), de Karl Freund, salió de los estudios de la Universal, y generó una serie de secuelas e imitaciones a lo largo de toda la década. Una película que cosechó un éxito rotundo de taquilla fue King Kong (1933), de Merian C. Cooper. En el género fantástico también destacó El mago de Oz (1939), de Victor Fleming, musical infantil basado en el libro de L. Frank Baum, protagonizado por Judy Garland, que se convertiría en la primera artista musical de la década de 1940.

5. EL CINE ARTÍSTICO

La producción de películas fantásticas de Hollywood se intentó compensar durante los años treinta con películas más serias y realistas, europeas en su mayor parte, como la alemana El ángel azul (1930), de Josef von Sternberg, que dio a conocer a Marlene Dietrich, o la francesa La gran ilusión (1937), de Jean Renoir, considerada una de las grandes películas antibélicas de la historia del cine. Un cineasta estadounidense procedente de la radio, el escritor-director-actor Orson Welles, sorprendió desde su primera obra con sus nuevos encuadres, objetivos angulares y efectos de sonido, entre otras innovaciones, que ampliaron considerablemente el lenguaje cinematográfico. Aunque nunca llegó a adaptarse a la industria de Hollywood, y pocas veces encontró respaldo financiero para sus proyectos, sus películas Ciudadano Kane (1941) y El cuarto mandamiento (1942) tuvieron una influencia capital en la obra de los cineastas posteriores de Hollywood y del mundo entero.

6. LA PRODUCCIÓN EUROPEA

La producción del centro y del este de Europa fue esporádica en el periodo previo a la II Guerra Mundial, reduciéndose en Alemania a películas de propaganda nazi como el documental Triumph des Willens (Triunfo de la voluntad, 1934), de Leni Riefenstahl, celebración de la concentración anual del partido nacionalsocialista alemán en la ciudad de Nuremberg. En la Unión Soviética, el documental se centró en recreaciones de ópera y ballets demasiado estáticas y elaboradas, con la excepción de dos excelentes películas de Eisenstein por su montaje y por sus innovaciones visuales: Alejandro Nevski (1938) e Iván el Terrible (1944-1948). En Francia, sin embargo, el cine alcanzó uno de sus mejores momentos con el realismo poético de Marcel Carné y las películas de Jean Renoir. Jean Vigo insufló de una enorme fuerza poética a la imagen con ejemplos como Cero en conducta (1933) o L’Atalante (1934). A pesar de la caótica industria francesa, especialmente durante la guerra, la actividad creadora no cesó y Marcel Carné, incluso durante la ocupación nazi, realizaría la obra maestra Les enfants du paradis (Los niños del paraíso, 1945), de más de tres horas de duración, empleando cientos de extras en una alegoría teatral estilizada del amor y la muerte.

7. DESARROLLO DEL CINE EN COLOR

Los experimentos con película de color habían comenzado ya en 1906, pero sólo se había usado como curiosidad. Los sistemas ensayados, como el Technicolor de dos colores, fueron decepcionantes y fracasaban en el intento de entusiasmar al público. Pero hacia 1933 el Technicolor se había perfeccionado, con un sistema de tres colores comercializable, empleado por vez primera en la película La feria de la vanidad (1935), de Rouben Mamoulian, adaptación de la novela de William Makepeace Thackeray. La popularidad del color aumentó, y durante los años cuarenta se empleó sobre todo en una serie de musicales clásicos de la MGM (Metro Goldwyn Mayer), entre los que destaca Easter Parade (Desfile de Pascua, 1948), de Charles Walters. En la década de 1950 el uso del color se generalizó tanto que prácticamente el blanco y negro quedó relegado para películas de bajo presupuesto que buscaban un realismo sereno, como Marty (1955) de Delbert Mann, sobre las aspiraciones de un carnicero del Bronx, o El hombre del brazo de oro (1955), de Otto Preminger, en la que se contaba la historia de un drogadicto. A partir de los años sesenta, el blanco y negro quedó para crear efectos especiales en películas como Psicosis (1960) de Hitchcock, o La última película (1971), de Peter Bogdanovich. Más recientemente, lo hemos podido ver casi siempre en películas con pretensiones artísticas, como El hombre elefante (1980), de David Lynch, Toro salvaje (1980), de Martin Scorsese, La ley de la calle (1983), de Francis Ford Coppola, o Zelig (1983), de Woody Allen.

8. EL CINE COMERCIAL DESPUÉS DE LA II GUERRA MUNDIAL

En la posguerra, la llegada de la televisión supuso un desafío a la industria del cine que aún hoy perdura, cayendo la audiencia de unos 85 millones de espectadores anuales en Estados Unidos durante la guerra a apenas 45 millones a finales de la década de 1950. La industria respondió ofreciendo más espectáculo, que se concretó en el mayor tamaño de las pantallas.

9. EL FORMATO PANORÁMICO

En 1953, la Twentieth Century Fox estrenó su película bíblica La túnica sagrada, de Henry Koster, en un sistema nuevo denominado CinemaScope, que inició la revolución de los formatos panorámicos. En una sucesión rápida, todos los estudios lanzaron sus sistemas panorámicos, tales como el Vistavisión, Todd-AO, Panavisión, SuperScope y Technirama. De todos ellos sólo el Todd-AO y el Panavisión sobrevivirían, ya que suponían el uso de una sola cámara, un solo proyector y película estándar de 35 mm, adaptándose más fácilmente a todos los sistemas; su éxito cambió definitivamente la forma de las pantallas de cine. Musicales a todo color, en pantallas anchas y plagados de estrellas, como Ha nacido una estrella (1954), de George Cukor, u Oklahoma (1955), de Fred Zinnemann, superproducciones históricas como Ben-Hur (1959), de William Wyler, y películas de aventuras como Rebelión a bordo (1962), de Lewis Milestone, o Doctor Zhivago (1965), de David Lean, llenarían las pantallas de cine.

10. CINE LATINOAMERICANO

Los dos países latinoamericanos que poseen una industria cinematográfica más sólida y con mayor tradición son México y Argentina.

10.1 Mexico

En 1920 se crean en México los estudios Camus y, ocho años más tarde, Cándida Beltrán, pionera de las realizadoras mexicanas, dirige El secreto de la abuela. Más fuerte que el deber (1930), de Rafael J. Sevilla, inaugura formalmente el cine sonoro mexicano, con técnicos que se habían formado en Hollywood. En 1931 Eisenstein rueda su inacabada ¡Que viva México! Fernando de Fuentes realiza dos obras fundamentales llenas de madurez cinematográfica: El compadre Mendoza (1933) y el relato épico de la Revolución Mexicana Vámonos con Pancho Villa (1935). En 1940 se consagra Mario Moreno, Cantinflas, con la película Ahí está el detalle, de Juan Bustillo Oro. En esta década se producen películas cuya calidad sería reconocida en todo el mundo, como María Candelaria (1943), de Emilio Fernández; Doña Bárbara (1943), de Fernando de Fuentes, o Distinto amanecer (1943), de Julio Bracho. Es también la década de los grandes actores mexicanos, como Dolores del Río, María Félix, Pedro Armendáriz y Jorge Negrete. En 1942 se crea el Banco Cinematográfico como aval para la producción de películas, pero sólo beneficia a las productoras más fuertes como Grovas, Filmex, Films Mundiales y Posa Films (de Cantinflas). En 1944 se fundan los estudios Churubusco, de donde saldrá la abundante producción mexicana de películas de todos los géneros que invadirá el resto de países latinoamericanos. Juan Orol cultivó un peculiar cine negro mexicano con películas como Misterios del hampa (1944). En 1950 se producen 122 películas, el año más fructífero. Aquel año Luis Buñuel realiza su obra maestra mexicana Los olvidados, premiada en el Festival de Cannes, sobre los jóvenes marginados de las grandes ciudades.

Desde la Dirección General de Cinematografía se da impulso a producciones como Tarahumara (1964), de Luis Alcoriza, que es un nuevo acercamiento a los indígenas marginados. La actriz mexicana Silvia Pinal protagoniza Viridiana (1961), otra obra maestra de Luis Buñuel, rodada en España. El cine mexicano aborda la historia del país desde nuevos enfoques con películas como Emiliano Zapata (1970), de Felipe Cazals, y Reed, México insurgente (1972), de Paul Leduc, o emprende búsquedas en el lenguaje cinematográfico con La hora de los niños (1969), de Arturo Ripstein. Cuando todo apunta a un renacimiento del cine mexicano, al reanudarse además la entrega de los premios Ariel, en la década siguiente la crisis de esa cinematografía se hace evidente. En 1983 los estudios Churubusco son alquilados para películas extranjeras. Aunque directores como Arturo Ripstein, Felipe Cazals, Paul Leduc y otros continúan realizando producciones independientes en la década de 1990, no se ven signos claros de fortalecimiento del cine mexicano como industria capaz de competir con otras cinematografías.

10.2 Argentina

En Argentina, el otro país latinoamericano con tradición cinematográfica, el panorama es similar. Su industria se remonta a 1915, año en que se realizó Nobleza gaucha, de Humberto Cairo, el mayor éxito del cine mudo argentino. En 1917 debuta en el cine Carlos Gardel con Flor de durazno. En la década de 1930 se construyen los estudios Liminton y Argentina Sono Film. Proliferan las película con temas de tango, como Los muchachos de antes no usaban gomina, de Manuel Romero, que ganan el mercado latinoamericano. En 1942 se alcanza la mayor producción de películas, con un total de 57 títulos, entre ellos La guerra gaucha, de Lucas Demare. Pero en estos años se hace evidente el boicoteo de Estados Unidos con la escasez de película virgen. La industria argentina del cine pierde el mercado latinoamericano en beneficio de las producciones mexicanas. Aunque el gobierno promulga un decreto de exhibición obligatoria de películas nacionales, la crisis continúa y se agrava con las guerras intestinas entre las principales productoras. A finales de la década de 1940 se cierran varios estudios. A partir de entonces, el cine argentino recibe subvenciones, pero la pérdida de los mercados exteriores pesa demasiado. En 1950 se construyen los estudios Alex, pero para entonces muchas productoras habían quebrado.

En 1955 fue invitado Emilio Fernández, el gran director mexicano, para realizar La Tierra del Fuego se apaga. En los años sesenta apareció lo que se llamó nuevo cine argentino, con películas como Alias Gardelito (1961), de Lautaro Murúa. El gran cineasta argentino Torre Nilsson realiza una nueva versión de Martín Fierro en 1968. En la década de 1970 hay un leve repunte de la industria argentina del cine encarnada por producciones independientes y con temáticas distintas a las tradicionales de tangos y gauchos, como La fidelidad (1970), de Juan José Jusid, con el actor Héctor Alterio, que después ha trabajado en el cine español; La Patagonia rebelde (1974), de Héctor Olivera; La Raulito (1975), de Lautaro Murúa; La parte del león (1978), de Adolfo Aristarain, que dirigiría también Tiempo de revancha (1981), con el actor Federico Luppi; Momentos (1980), de María Luisa Bemberg, y El arreglo (1983), de Fernando Ayala. Después de un periodo de cierto estancamiento, en los últimos años el cine argentino ha experimentado un renacer con autores como Eliseo Subiela (No te mueras sin decirme a dónde vas, 1995).

10.3. Evolución del Cine en Venezuela. Orden Cronológico

1896 – Primera proyección. El 11 de Julio de 1896 se presenta por primera vez en Maracaibo el Vitascopio de Edison, posteriormente en Caracas, Valencia y Barquisimeto.

1897 – Primeras vistas venezolanas. El 28 de Enero en el Teatro Baralt de Maracaibo se estrenan los cuadros. Un célebere especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa y muchachas bañándose en la laguna de Maracaibo, primeros registros cinematográficos realizados en suelo venezolano.

1907 – Ese año comienzan a aparecer pequeños reportajes cinematográficos, que se sucederán ininterrumpidamente hasta la regularización de noticieros nacionales a comienzos de los años 30.

1916 – Primera película de larga ficción. Se realiza en Caracas La Dama de las Cayenas de Enrique Zimmermann.

1918 – Se rueda Don Leandro, el inefable, de Lucas Manzano, escrita por Rafael Otazo.

1924 – Se estrena La Trepadora, adaptación al cine de la novela de Rómulo Gallegos.

1925 – Primera Gran sala de Cine. Se inaugura el Cine Ayacucho, diseñado por Alejandro Chataing, con capacidad para más de 1.300 localidades.

1927 – Se crean los Laboratorios Nacionales del Ministerio de Obras Públicas, primer establecimiento moderno y completamente equipado para la producción cinematográfica.

1928 – Amábilis Cordero funda los Estudios Cinematográficos Lara, en Barquisimeto, e inicia la producción del mediometraje Los milagros de la Divina Pastora.

1930 – Primera proyección sonora. El 3 de Julio, en Maracaibo, se proyecta con un equipo Western Eletric El Cuerpo del Delito, una de las primeras producciones sonoras en doble versión español – inglés de la Paramount.

1932 – Primer filme con sonido incorporado: La Venus de Nácar, ficción musicalizada, realizada en los Laboratorios Nacionales.

1938 – Primer filme con sonido sincrónico: Taboga, un cortometraje con diálogos y musicalización.

Rómulo Gallegos funda Estudios Avila, empresa que absorbe los recursos de los Laboratorios Nacionales.

Primera película sonora de largometraje rodada en Venezuela, El rompimiento de A.M. Delgado Gómez.

Se inicia el auge del cine mexicano en Venezuela con la exitosa proyección en el país de Allá en el Rancho Grande, de Fernando de Fuentes.

1941 – Se realiza Juan de la Calle, uno de los primeros intentos de cine social, con guión y producción de Rómulo Gallegos, bajo la dirección de Rafael Rivero.

1943 – Por iniciativa de Luis Guillermo Villegas Blanco se constituye formalmente la empresa Bolívar Films y se crea la Asociación Venezolana de Exhibidores Cinematográficos.

1945 – Se realiza Alma Llanera, de Manuel Pelufo, Las Aventuras de Frijolito y Robustiana, de José María Galofré y Dos Hombres en la Tormenta, de Rafael Rivero, intentos significativos de crear una dramaturgia de perfil netamente nacional.

1949 – Bolívar Films se lanza a producir largometrajes dentro de un esquema industrial, contratando actores, directores y técnicos mexicanos y argentinos. Se inicia el rodaje de El Demonio es un Angel y La Balandra Isabel llegó esta Tarde, de Carlos Hugo Christensen.

1950 – Se estrena La Escalinata, de Cesar Enrique, primer ejemplo de cine de autor venezolano.

1951 – Primer premio internacional a la cinematografía nacional. La Balandra Isabel llegó esta Tarde obtiene el premio a la Mejor Fotografía en Cannes.

Se crea el Círculo de Cronistas Cinematográficos de Caracas (CCCC).

1952 – Aparece la revista Venezuela – Cine. Manuel Socorro, al filmar el programa inaugural de la Televisora Nacional, se convierte en el primer camarógrafo de la televisión venezolana, funda Tiuna Films y producirá noticieros televisivos hasta la introducción del sistema VTR hacia 1964.

1956 – Se crea la Cámara de la Industria Cinematográfica.

1957 – Román Chalbaud comienza a rodar su primer filme. Caín Adolescente.

1958 – Margot benacerraf rueda su filme Araya.

1959 – Se abre el Teatro Altamira, con un aforo de 1.600 butacas, la sala de más grande inaugurada en la ciudad capital.

Araya obtiene el premio de la crítica internacional en el XIII Festival de Cannes.

1962 – Se filma La Paga de Ciro Durán, filme excepcional que aborda la temática rural desde un punto de vista político.

1965 – Jesús Enrique Guédez rueda La Ciudad que nos ve, documental ficcionado que inicia un movimiento documentalista de compromiso social.

1966 – Con la proyección de Barbarroja, de Akira Kurosawa, se inaugura la Cinemateca Nacional como dependencia del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes.

1968 – Se presenta al público Imagen Caracas, espectáculo multimedia concebido alrededor del cine como propuesta de integración de las artes.

1971 – Comienza a funcionar la Dirección de Cine del Ministerio de Fomento.

1973 – Cuando Quiero Llorar no Lloro, de Mauricio Walerstein, basado en la novela de Miguel Otero Silva. Consigue un éxito de taquilla sin precedentes para una película venezolana y da inicio a los nuevos lenguajes y temáticas que abrirán las puertas al llamado boom del cine nacional.

1974 – Se constituye la Federación Venezolana de Centros de Cultura Cinematográfica (Fevec)

1975 – Por primera vez el Estado venezolano a través del convenio entre Corpoturismo y Corpoindustria, financia el cine otorgando cinco millones de bolívares para la realización de nueve largometrajes. Compañero Augusto, Los Muertos si salen, Fiebre, Soy un Delincuente, Sagrado y Obsceno, Canción Mansa para un Pueblo Bravo, La Ruta del Triunfo, 300.000 Héroes, la Invasión.

1976 – Se estrena Soy un Delincuente, convirtiéndose muy pronto en le filme más taquillero en la historia del cine venezolano.

1977 – Se crea la Asociación Venezolana de Críticos Cinematográficos.

El Pez que Fuma, de Román Chalbaud, se convierte en la película más taquillera del año y en una de las grandes obras de este autor que, junto a Soy un Delincuente y Cuando Quiero Llorar no Lloro caracterizan al cine nacional del período.

1978 – Por primera vez, se estrenan 16 títulos venezolanos en un solo año. El Domador de Joaquín Cortés obtiene premio en el Festival de Lille, Francia; Yo Hablo a Caracas, de Carlos Azpurua, en el Festival de Leipzing y en el festival de Huelva; La Empresa perdona un momento de locura, de Walerstein, en la Semana del Cine Iberoamericano.

1981 – El 19 de Octubre, el presidente Luis Herrera Campíns firma el documento de creación del Fondo de Fomento Cinematográfico (Foncine)

1983 – Foncine asigna 29 millones de bolívares para la realización de los filmes: Adiós Miami; Cóctel de Camarones; Cubagua; Diles que no me maten; Doctor Bebé; Tiznao; Reinaldo Solar; La graduación de un delincuente; La muerte insiste; La casa de agua; La Gata borracha; Orinoco, Nuevo Mundo; Retén de Catia; Relatos de Tierra seca; El Iluminado; Oriana; Profesión Vivir.

1984 – Homicidio Culposo, de Cesar Bolívar, se convierte en el filme venezolano más visto en salas de cine con un total de espectadores que alcanzó la cifra de 1.335.085.

1987 – Macu, la mujer del policía, de Solveig Hoogesteijn, establece un nuevo récord de taquilla al recaudar 19.189.350 bolívares en todo el territorio nacional.

1989 – Caracas sede del Foro Iberoamericano de Integración Cinematográfica.

1990 – Por decreto presidencial es creada la Fundación Cinemateca Nacional.

1991- Por primera vez se incluye el Premio Nacional de Cine entre los Premios Nacionales de Cultura, siendo el ganador el cineasta Román Chalbaud.

1993 – Aprobada la Ley de Cinematografía Nacional

1994 – Se crea el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía.

1995 – Se filma Mecánicas Celestes, de Fina Torres y Desnudo con naranjas de Luis Alberto Lamata.

1996 – Se producen los filmes Tokyo Paraguaipoa de Leonardo Henriquez y Una Vida y dos Mandados de Alberto Arvelo.

1997 – Se estrenan Salserín, La Primera vez de Luis Alberto Lamata y Pandemónium de Román Chalbaud.

Películas de mayor importancia en Venezuela. XV Festival

Mecánicas Celestes. Venezuela 1994. 85 minutos. Directora: Fina Torres.

Santera. Venezuela 1996. 97 minutos. Directora Solveig Hoogesteijn.

El escándalo. Venezuela 1987. 105 minutos. Director: Carlos Oteyza.

El Bosque Silencioso. Venezuela 1996. 22 minutos. Director: Carlos Azpurúa.

El Territorio Extranjero. Venezuela 1993. 78 minutos. Director: Jacobo Penzo.

Congo Mirador. Venezuela 1995. 24 minutos. Director Jacobo Penzo

Cuchillos de Fuego. Venezuela 1990. 100 minutos. Director Román Chalbaud. Con Miguel Angel Landa.

Macu la mujer del Policía. Venezuela 1987. 92 minutos. Directora: Solveig Hoogesteijn. Con Daniel Alvarado

Calle 22. Venezuela 1994. 21 minutos. Directora: Mariana Randón.

El sueño de los Hombres. Venezuela 1986. 10 minutos. Director: Armando Arce.

Amazonas, el negocio del mundo. Venezuela 1986. 65 minutos. Director: Carlos Azpurua.

Anacleto Morones. Venezuela 1994. 30 minutos. Directora: Esther Duran.

El camino de las Hormigas. Venezuela 1993. 58 minutos. Director: Rafael Marziano.

El misterio de los ojos escarlata. Venezuela 1993. 78 minutos. Director: Alfredo J. Anzola.

11 .LOS NUEVOS CINEASTAS ESTADOUNIDENSES

Al mismo tiempo surgió una nueva generación de realizadores bajo la influencia de las tendencias europeas y con el deseo de trabajar con diferentes distribuidores, tomando cada película como una unidad por separado. Muchos de ellos realizaron películas de gran calidad, tanto fuera de la recién descentralizada industria como dentro de sus límites. Algunos de ellos, como Stanley Kubrick, Woody Allen, Arthur Penn, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese, han tratado en numerosas ocasiones de trabajar con el respaldo de una compañía financiera, buscando la distribución de sus obras a través de un estudio distinto para cada proyecto, o manteniendo una relación relativamente estable con uno de ellos. Otros directores, como Robert Altman, John Cassavetes o John Sayles, han tratado de eludir los canales establecidos, pero eso les ha supuesto que sólo ocasionalmente hayan conseguido un éxito comercial suficientemente amplio como para financiarse sus siguientes proyectos.

Stanley Kubrick produjo durante unos años una serie de obras interesantes, desde la sátira política de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1963), hasta el desafío técnico de 2001: una odisea del espacio (1968), la meticulosa adaptación del siglo XVIII de Barry Lyndon (1975) o el horror gótico de El resplandor (1980), aunque sus mejores películas siguen siendo las primeras: Atraco perfecto (1956), hermosa síntesis del género policiaco, de un fatalismo poético; Senderos de gloria (1957), una de las mejores películas antibélicas de la historia; Espartaco (1960), sobre la revuelta de los esclavos romanos, y Lolita (1962), todas ellas además magistralmente interpretadas. Arthur Penn, más complaciente, con Bonnie y Clyde (1967) conmovió a los espectadores de las salas de arte y ensayo y a los aficionados al cine de violencia y de aventuras, y sirvió de punto de partida para el gusto de nuevas generaciones de espectadores, que marcaron también Mike Nichols con El graduado (1967), o Dennis Hopper con Buscando mi destino (1969). Penn continuó con el cine ‘contracultural’ de los sesenta con El restaurante de Alicia (1969) y Pequeño gran hombre (1970). Por su parte, Woody Allen dirigió y protagonizó una serie de películas formalmente semejantes a las de los cómicos clásicos estadounidenses, algo entre sus admirados Bob Hope y Groucho Marx, pero con un mensaje y unas actitudes peculiares, propias de la sensibilidad de la ciudad de Nueva York. Entre ellas son buenos ejemplos Toma el dinero y corre (1969), Bananas (1971) y El dormilón (1973). Más tarde, Woody Allen ha alcanzado una madurez indudable, alejado ya de la payasada, más reflexivo y al mismo tiempo más amargo, preguntándose permanentemente sobre el sexo, el amor, la muerte y la responsabilidad personal. Aquí cabe citar Annie Hall (1977), Manhattan (1979), Hannah y sus hermanas (1986), Días de radio (1987), Delitos y faltas (1989) y Desmontando a Harry (1997).

En otro estilo totalmente distinto, Francis Ford Coppola aparece como un director de grandes producciones y arriesgados experimentos, no siempre fructíferos comercialmente. Aunque esto no le ha impedido continuar una obra tan personal como la de los autores europeos, ajeno a las conveniencias y a las modas. De sus primeros fracasos económicos se repone con El padrino (1972), un éxito comercial de tal magnitud que le permite hacer la personal La conversación (1973), a la que sigue la producción de American Graffiti (1973), de George Lucas. Con los beneficios obtenidos con esta película realiza El padrino II (1974) y Apocalypse now (1979), adaptación del relato corto de Joseph Conrad "El corazón de las tinieblas". Ésta resulta una gran obra aclamada por la crítica pero con un irregular resultado de público. Corazonada (1981) fue un fracaso comercial, lo que no le impide hacer poco después otra de sus mejores obras, La ley de la calle (1983). Vuelve a conseguir el éxito con Tucker: un hombre y su sueño (1988), otra obra maestra. Cierra el ciclo de la familia Corleone con El padrino III (1990). De nuevo obtuvo gran éxito de público en todo el mundo con su particular Drácula (1992). Más clásico, aunque con un estilo personal indiscutible es el también italoamericano Martin Scorsese, autor de Malas calles (1973), Taxi Driver (1976), Toro salvaje (1980), Uno de los nuestros (1990), La edad de la inocencia (1993) o Casino (1995).

Robert Altman, tras un enorme éxito comercial con M*A*S*H* (1970), que se convirtió posteriormente en una larga y popular serie de televisión, hace una serie de películas, por lo general complejas para el gran público, exceptuando el musical Nashville (1975), en el que intervienen 26 personajes principales formando un gran tapiz de la política, la música, el teatro y la religión. En sus obras más recientes vuelve a recuperar el contacto con el espectador, como en El juego de Hollywood (1991), una comedia negra sobre las intrigas de la producción cinematográfica hollywoodiense, Vidas cruzadas (1993) y Prêt-à-porter (1994) y Kansas City (1996). Cassavetes, actor-director cuyo primer largometraje fue el documental experimental Sombras (1960), se sumó a la producción convencional tras su éxito comercial con Faces (1968), que repetiría con Una mujer bajo la influencia (1974), protagonizada por su mujer, Gena Rowlands. John Sayles, escritor-director-actor independiente, consiguió el aplauso de la crítica por películas como Return of the Secaucus Seven (1980), Matewan (1987) y Passion Fish (Peces de pasión, 1992). Spike Lee, que escribió, dirigió, produjo y protagonizó películas tan alabadas por la crítica y por el público como Nola Darling (1986), Haz lo que debas (1989) o Malcolm X (1992), en la actualidad parece empeñado en crear un nuevo tipo de cine, centrado casi exclusivamente en la problemática de la comunidad afroamericana en Estados Unidos.

12 FANTASÍAS DE GRAN PRESUPUESTO

Frente al cine que representan los anteriores realizadores de cine de autor, pese a ser estadounidense y en ocasiones ligado a la industria de Hollywood, ésta ha continuado otras líneas de producción para el consumo masivo, especialmente de niños y adolescentes. Se basan principalmente en el efectismo que las nuevas tecnologías y los grandes presupuestos permiten. Dentro de esta categoría figuran las películas de catástrofes, como La aventura del Poseidón (1972), de Ronald Neame, El coloso en llamas (1974), de John Guillermin e Irvin Allen, o Titanic (1997), de James Cameron, galardonada con 11 oscars de la Academia; las recreaciones de personajes del cómic, como Superman (1978), de Richard Donner, y Batman (1989), de Tim Burton, y sus interminables secuelas; o las películas bélicas de ciencia ficción como La guerra de las galaxias (1977), de George Lucas.

En estos géneros comerciales ha destacado Steven Spielberg, desde Tiburón (1975), modelo de películas en las que una criatura terrorífica atemoriza a una pacífica comunidad, a las más serenas y emotivas de ciencia ficción Encuentros en la tercera fase (1977) y E.T. el extraterrestre (1982), que explotaron la fascinación por las posibilidades de vida extraterrestre y su posible contacto con los humanos. En la serie de Indiana Jones recrea el cine clásico de aventuras: En busca del arca perdida (1981), Indiana Jones y el templo maldito (1984) e Indiana Jones y la última cruzada (1989).

Los disparatados costes de estas megalómanas películas han llevado a varios estudios a la bancarrota y han forzado a otros a producir sólo 2 o 3 películas al año, con lo que la oferta de películas disponibles se reduce, fenómeno que tiende a intensificarse con las políticas de marketing aplicadas desde comienzos de los noventa: concentrar el esfuerzo publicitario y promocional en pocas películas que copan luego casi todas las salas de cine de las ciudades de todo el mundo, con lo que queda escaso lugar para la exhibición de pequeñas producciones independientes o producciones medias de las industrias nacionales. Estas películas quedan así arrinconadas en salas especializadas, semejantes a las antiguas de arte y ensayo, de aforo reducido, a las que acuden los aficionados y no el gran público. De hecho, incluso en Estados Unidos, aunque se siguen produciendo películas intimistas, más basadas en el guión, la interpretación y la habilidad de los realizadores, como Kramer contra Kramer (1979), Gente corriente (1980) o Paseando a Miss Daisy (1989), son a menudo (por no ser fantásticas ni efectistas y por tratar de analizar o recrear la realidad cotidiana) consideradas una empresa azarosa por los distribuidores, lo que facilita aún menos su pervivencia.

eudes piña