sábado, 3 de noviembre de 2007

El televidente digital

El futuro de la televisión será personal .
Las características técnicas de la televisión digital, en cuanto a liberación de ancho de banda, comunicación bidireccional y movilidad, afectarán la manera como se consume la televisión. Todo parece apuntar a que el televidente tendrá una participación marcada en el desarrollo de los contenidos y, a su vez, estos adoptarán cada vez más la forma de píldoras informativas o de entretenimiento.
Los aspectos técnicos de la televisión digital han copado prácticamente la agenda pública del sector y ahora la opinión comienza a exigir que el tema sea visto también desde la perspectiva del ciudadano.

¿Cómo cambiará la relación del televidente y el medio, y sobre qué materias los Estados deberán trazar políticas públicas?
¿Será la digitalización de las frecuencias la oportunidad que la sociedad reclama para profundizar en el pluralismo y la democracia?
La televisión digital se presenta como una oportunidad única para promover y fortalecer la democracia e incluir socialmente a la mayoría de la población, por cuanto la compresión de las señales en el proceso de digitalización libera espacio en el ancho de banda de las frecuencias, haciendo posible que se multiplique la oferta de señales.
Al adoptar un estándar digital y trazar políticas para su desarrollo, los países están decidiendo también sobre las tensiones que existen entre el pluralismo y la eficiencia económica en un tema crucial como es la concentración de la propiedad de los medios de comunicación.
El proceso técnico de digitalización de las frecuencias conlleva la compresión de las señales y un incremento en la capacidad de esas frecuencias para transportar señales, una mejoría en la calidad del audio y el video, y la posibilidad de prestar nuevos servicios.
¿En cabeza de quién estará el derecho a explotar la capacidad total de cada frecuencia?
¿De un operador o de un número plural de operadores de televisión?
¿Cuál será la sostenibilidad económica de los nuevos medios?
Adicionalmente preocupa el impacto de la digitalización en los contenidos de televisión y en las nuevas aplicaciones. ¿Cómo será la publicidad y la comercialización de bienes y servicios en el entorno de la televisión digital?
Las relaciones de la televisión y las audiencias han estado determinadas históricamente por las limitaciones propias de la comunicación unidireccional, en la que unos sujetos reciben, sin poder modificar los contenidos diseñados y preparados por la entidad emisora como reflejo de su percepción y visión de la realidad.
Pero ahora, gracias a la televisión digital, que permite una comunicación de doble vía, puede decirse que esta tecnología representa un empoderamiento de las audiencias nunca visto. El canal de retorno le permite al usuario ver contenidos adicionales a la programación, navegar por ellos, enviar respuestas e incluso comunicarse con otros usuarios.
Igualmente, la televisión móvil hará que la televisión sea cada vez más personal y privada, lo que impondrá condiciones nuevas a productores y anunciantes. Los usuarios podrán recibir contenidos en cualquier momento y lugar, y podrán elegir lo que les resulte más interesante, además de crear y emitir sus propios contenidos.
Según un estudio realizado por Shani Orgad para Nokia, titulado “This Box Was Made For Walking”, el futuro de la televisión será personal. Los contenidos generados por el usuario serán un elemento clave en la televisión móvil. A medida que los consumidores utilicen cada vez sus dispositivos móviles para crear contenidos de video, surgirán nuevas plataformas de difusión para transmitir este contenido a otros usuarios de dispositivos móviles. Es así que la programación de la televisión móvil será una combinación de programas tradicionales y contenidos producidos especialmente.
Una de las características de esta televisión será el cambio de revolución. Los contenidos serán más rápidos y breves, todo lo cual afectará las narrativas y el lenguaje. Los programas hechos para televisión móvil utilizarán básicamente primeros planos, dado el tamaño reducido de las pantallas de los celulares y sus contenidos se referirán a asuntos locales.
La industria publicitaria investiga los nuevos hábitos y consumos de televisión para ajustarse a ellos, y el resultado son piezas comerciales muy breves para televisión móvil, que no superan los siete segundos.
Los géneros y los programas más populares para televisión móvil serán las noticias, los espacios de entretenimiento, deportes, música y programas infantiles, y serán personalizados pensando en el espectador. De tal manera que las noticias serán más concisas y breves, y el usuario podrá incidir en los argumentos de algunos programas, y generar sus propios contenidos.
Tenemos entonces que los mayores cambios serán en cuanto al empoderamiento de las audiencias, consecuencia de la comunicación de doble vía y la interactividad, y la democratización.

El modelo de televisión digital

En sus inicios, la radio respondió a un modelo diseñado y ajustado a las necesidades de progreso social de ese momento. En los albores de la televisión digital en América Latina, y en conocimiento de sus posibilidades técnicas, es importante pensar en ella como herramienta para apalancar el desarrollo de la sociedad tanto o más que como fuente de negocios.
La forma como se desarrolló la radio en América Latina a mediados del siglo pasado correspondió, en muchos de los países de la región, a un modelo diseñado y ajustado a las necesidades de progreso social de ese momento. Cabe destacar el papel que jugó la radio en la integración de las comunidades agrícolas, las campañas de alfabetización de los gobiernos y los programas de asistencia en salud para los sectores necesitados de nuestras sociedades.
Si bien la adopción de la televisión a partir de los años 50 y 60 no correspondió del todo a un modelo dirigido como lo fue la radio, en casi todos los países de nuestra región hubo canales reservados para programación cultural, o para educación no formal, o –en el peor de los casos- para propaganda de los gobiernos de turno.
En ambos casos, el modelo correspondió a una adaptación del medio a las necesidades percibidas del país y nuestras sociedades pudieron crear modelos propios de uso de los medios de comunicación.
Hoy en día, cuando la televisión digital y de alta definición se nos viene encima, son muy pocos los que se han preguntado por el modelo que tendremos en televisión digital. ¿Vale la pena preguntarse por un nuevo modelo o dejamos que este sea una evolución del modelo de televisión existente? ¿Qué implica pensar un nuevo modelo televisión?
Germán Yances enumera en su columna "El televidente digital" una serie de ventajas de la televisión digital (y la televisión del futuro en general) desde el punto de vista del usuario: una mejor calidad de audio y video, posibilidades de interactividad y una mayor capacidad para seleccionar contenidos. “El futuro de la televisión será personal” dice Yances citando a Shani Orgad.
En general, todo lo que sabemos de la televisión digital es por la manera cómo esta está siendo adoptada en los países del primer mundo y algunos pioneros en otras partes del globo –entre ellos México-. Sabemos –porque las investigaciones de las empresas proveedoras nos lo dicen- que el público quiere ver avances noticiosos en el celular y ver la repetición de los goles desde varios ángulos y en alta definición. Pero no sabemos si las nuevas posibilidades de la televisión digital pueden ser adoptadas de una manera diferente, y quizás más creativa, por nuestras audiencias.
La televisión de alta definición, una de las formas que puede adquirir la televisión digital, en principio será excluyente y estará dirigida a las audiencias de mayor poder adquisitivo. Esta es la lógica del mercado y no debe sorprendernos si el modelo se guía por parámetros comerciales. Pero esta lógica no debe ser la única. La televisión digital debe ofrecer aplicaciones creativas para llegar y ser de utilidad a los estratos menos favorecidos de nuestra sociedad.

jueves, 11 de octubre de 2007

La industria mediática crece, se apoya cada vez más en lo tecnológico y mira a Oriente

El sector de los medios y del entretenimiento no tiene motivos más que para el optimismo.
Su alianza con los adelantos tecnológicos, la popularización de nuevos dispositivos, el cada vez más intenso control de la piratería y la pujanza de mercados emergentes dibujan un panorama muy halagüeño que ha descrito con cifras PricewaterhouseCoopers.
Un dato destaca por encima de todos:
China se destapa. 30/06/2006.
La tecnología digital, liderada por la banda ancha y los móviles, marcará la pauta de la industria del entretenimiento y los medios en todo el mundo en los próximos cinco años.
Tal afirmación sería tachada de obviedad si no fuera porque viene avalada por los datos que aporta PricewaterhouseCoopers en la última edición de su Global Entertainment and Media Outlook.
Este informe analiza las perspectivas del sector en el periodo que va de 2006 a 2010, en el que el crecimiento será del 6,6% anual, lo que se traduce en unos ingresos de 1,8 billones de dólares.
Pero lo más relevante de estos estudios prospectivos no son las grandes cifras, que están sujetas a variables muchas veces incontrolables y cuyos métodos de determinación siempre pueden arrojar dudas, sino las razones que soportan esos cálculos.
Según el responsable de la consultora Wayne Jackson, “virtualmente cada segmento de la industria mediática y del entretenimiento está trasladándose de la distribución física a la distribución digital de contenido”, lo que abre el abanico de oportunidades para las empresas.
A esto se une el crecimiento de los accesos de banda ancha en los hogares.
Según los datos del informe, en 2001 había 30 millones de hogares con esta tecnología, cantidad que creció a 187 millones en 2005. Para 2010 se estima que ya serán 433 millones.
Por otro lado, la popularización de los móviles y la aparición de nuevos dispositivos con prestaciones cada vez más potentes hace que la previsión de crecimiento de este segmento sea estratosférica: de los 1.800 millones de teléfonos que se calcula que había en el mundo en 2005 pasaremos a 2.800 millones en 2020.
A estas espectaculares cifras se une la constatación de que la piratería, aunque sigue siendo una amenaza, ha frenado su crecimiento por la irrupción de sistemas legales alternativos de distribución de contenidos digitales y por una mayor concienciación al respecto tanto de las administraciones como de los propios usuarios.
El colofón al optimismo lo ponen los datos referidos al crecimiento de la publicidad. El informe lo cuantifica en un 6,2%, lo que permitirá pasar de los 385.000 millones de dólares de 2005 a 521.000 en 2010.
El Mundial de fútbol y las próximas olimpiadas de Pekín de 2008 marcan hitos importantes que llevan a predecir momentos más bajos para los anunciantes en los años siguientes. En este panorama Internet presenta las mejores credenciales publicitariamente hablando, ya que se le vaticina un incremento del 18,1% para 2010.
Esto significa que la red concentrará para entonces el 10% del total de la inversión publicitaria. En 2002 no llegó al 3%.El gigante asiático, espoleado por el despertar de China Por regiones, las mejores perspectivas se registran en Asia, algo que en absoluto pillará por sorpresa a los responsables de los grandes grupos mediáticos, que ya llevan años tratando de adentrarse en unos mercados tan prometedores como difíciles de acceder.
La esperada explosión consumista de los gigantes chino e indio hacen que la zona registre la previsión de crecimiento más elevada, con un 9,2% anual, lo que le permitirá llegar en 2010 a 425.000 millones de dólares.
Además, Marcel Fenez, responsable de PricewaterhouseCoopers en la región, cree que China “superará a Japón en 2009 como mayor mercado asiático”.
El principal motor de la industria seguirá siendo el mercado norteamericano, que crecerá un 5,6%, con los videojuegos e Internet como reyes del entretenimiento. Europa se sitúa a continuación con un 6,1% de aumento hasta los 580.000 millones de dólares, con el mayor protagonismo de Rusia y de los países del centro y este del continente, y con la publicidad online, las apuestas y la televisión como bazas principales.
Por su parte, América Latina será la segunda que más crezca tras Asia al registrar un 8,5% anual, lo que la situará en 2010 en 60.0000 millones de dólares. Los sectores clave del crecimiento
El informe identifica las líneas de negocio que serán decisivas en estos años próximos y que se llevarán la parte del león dentro de este crecimiento general: Publicidad en Internet y acceso a la red: la expansión de la banda ancha hará de esta forma de acceso un negocio creciente durante estos años, sobre todo en Estados Unidos, Europa y Canadá.
Esto también favorecerá el desarrollo de formatos publicitarios más sofisticados, lo que permitirá que los ingresos por este concepto aumenten un 18,1% anual.
Videojuegos: la introducción en 2005 de la nueva generación de consolas ha marcado un antes y un después en este mercado. El siguiente paso será la introducción de los dispositivos inalámbricos que permitirán jugar en línea.
Gracias a esto este sector crecerá en todas las regiones y pasará de los 27.000 millones que facturó en 2005 a 46.000 en 2010 (un 11,4% anual). Apuestas online: el incremento será general, pero las expectativas en el mercado asiático son espectaculares.
El informe destaca que la región experimentará el mayor incremento en este mercado gracias a que los nuevos casinos de Macao harán de la zona un centro de juego online de grandes proporciones.
El incremento previsto es del 8,8% anual.
Distribución de TV: será un negocio más rentable en Asia, Europa y América Latina que en EEUU, donde el mercado de las suscripciones domésticas está al borde de la saturación.
El vídeo bajo demanda aumentará en todo el mundo. El crecimiento será del 8,3% anual. Cadenas de TV: las plataformas digitales incluirán nuevos canales y darán cabida a nuevas fórmulas publicitarias, que serán una de las principales vías de ingresos.
El aumento será del 6,6% al año.
Cine: el pronunciado descenso de los ingresos por taquilla se ven compensados cada vez en mayor medida por la facturación procedente de la venta de DVDs.
Los cines digitales en EEUU, Europa y Asia darán un nuevo impulso a este sector, que registrará un incremento del 5,3% hasta 2010.
Música: ha sido y seguirá siendo uno de los factores de mayor impulso del negocio mediático.
La distribución digital y las melodías para móviles coparán la parte del negocio hasta ahora destinada a los formatos físicos.
Gracias a esto el sector experimentará un incremento del 5,2%.

jueves, 6 de septiembre de 2007

HISTORIA DEL CINE

Historia del cine
Orígenes
Las películas mudas
El cine sonoro
Películas fantásticas
El cine artístico
La producción europea
Desarrollo del cine en color
El cine comercial después de la ii guerra mundial
El formato panorámico
Cine latinoamericano
Los nuevos cineastas estadounidenses
Fantasías de gran presupuesto
1. ORÍGENES

El cine se desarrolló desde el punto de vista científico antes de que sus posibilidades artísticas o comerciales fueran conocidas y exploradas. Uno de los primeros avances científicos que llevó directamente al desarrollo del cine fueron las observaciones de Peter Mark Roget, secretario de la Real Sociedad de Londres, que en 1824 publicó un importante trabajo científico con el título de Persistencia de la visión en lo que afecta a los objetos en movimiento, en el que establecía que el ojo humano retiene las imágenes durante una fracción de segundo después de que el sujeto deja de tenerlas delante. Este descubrimiento estimuló a varios científicos a investigar para demostrar el principio.

Los primeros experimentos

Tanto en Estados Unidos como en Europa, se animaban imágenes dibujadas a mano como forma de diversión, empleando dispositivos que se hicieron populares en los salones de la clase media. Concretamente, se descubrió que si 16 imágenes de un movimiento que transcurre en un segundo se hacen pasar sucesivamente también en un segundo, la persistencia de la visión las une y hace que se vean como una sola imagen en movimiento.

El zoótropo que ha llegado hasta nuestros días consta de una serie de dibujos impresos en sentido horizontal en bandas de papel colocadas en el interior de un tambor giratorio montado sobre un eje; en la mitad del cilindro, una serie de ranuras verticales, por las cuales se mira, permiten que, al girar el aparato, se perciban las imágenes en movimiento. Un ingenio algo más elaborado era el praxinoscopio, del inventor francés Charles Émile Reynaud, que consistía en un tambor giratorio con un anillo de espejos colocado en el centro y los dibujos colocados en la pared interior del tambor. Según giraba el tambor, los dibujos parecían cobrar vida.

En aquellos mismos años, William Henry Fox Talbot en el Reino Unido y Louis Daguerre en Francia trabajaban en un nuevo descubrimiento que posibilitaría el desarrollo del cinematógrafo: la fotografía, ya que sin este invento previo no existiría el cine. Hacia 1852, las fotografías comenzaron a sustituir a los dibujos en los artilugios para ver imágenes animadas. A medida que la velocidad de las emulsiones fotográficas aumentó, fue posible fotografiar un movimiento real en vez de poses fijas de ese movimiento. En 1877 el fotógrafo angloestadounidense Eadweard Muybridge empleó una batería de 24 cámaras para grabar el ciclo de movimientos del galope de un caballo.

Un paso relevante hacia el desarrollo de la primera cámara de imágenes en movimiento fue el que dio el fisiólogo francés Étienne Jules Marey, cuyo cronofotógrafo portátil (una especie de fusil fotográfico) movía una única banda que permitía obtener doce imágenes en una placa giratoria que completaba su revolución en un segundo. Sin embargo, su tira de película consistía en un papel mojado en aceite que se doblaba y se desgarraba con facilidad. Hacia 1889, los inventores estadounidenses Hannibal Goodwin y George Eastman desarrollaron más tiras de emulsión fotográfica de alta velocidad (que necesitaban poco tiempo para impresionarse) montadas en un celuloide resistente: su innovación eliminó un obstáculo esencial en la experimentación con las imágenes en movimiento.

1.1.Thomas Alva Edison

Hasta 1890, los científicos estaban interesados principalmente en el desarrollo de la fotografía más que en el de la cinematografía. Esto cambió cuando el antiguo inventor, y entonces ya industrial, Thomas Alva Edison construyó el Black Maria, un laboratorio cerca de West Orange (Nueva Jersey), que se convirtió en el lugar donde realizaba sus experimentos sobre imágenes en movimiento y el primer estudio de cine del mundo. Edison está considerado por algunos como el diseñador de la primera máquina de cine, el kinetoscopio, pero en realidad ni fue él el inventor ni el invento era propiamente una cámara de cine. Su ayudante, William K. L. Dickson fue quien hizo en realidad casi todo el trabajo, diseñando el sistema de engranajes, todavía empleado en las cámaras actuales, que permite que la película corra dentro de la cámara, e incluso fue él quien por vez primera logró en 1889 una rudimentaria imagen con sonido. El kinetoscopio, patentado por Edison en 1891, tenía unos 15 metros de película en un bucle interminable que el espectador —individual— tenía que ver a través de una pantalla de aumento. El artefacto, que funcionaba depositando una moneda, no puede considerarse por tanto un espectáculo público, y quedó como una curiosidad de salón que en 1894 se veía en Nueva York, y antes de finalizar ese año, en Londres, Berlín y París.

1.2 Los hermanos Lumière

Los experimentos sobre la proyección de imágenes en movimiento visibles para más de un espectador se estaban desarrollando simultáneamente en Estados Unidos y en Europa; en Francia, a pesar de no contar con la gran infraestructura industrial de Edison, los hermanos Louis y Auguste Lumière llegaron al cinematógrafo, invento que era al tiempo cámara, copiadora y proyector, y que es el primer aparato que se puede calificar auténticamente de cine, por lo que la fecha de su presentación pública, el 28 de diciembre de 1895, y el nombre de los inventores son los que han quedado reconocidos universalmente como los iniciadores de la historia del cine. Los hermanos Lumière produjeron además una serie de cortometrajes con gran éxito, de género documental, en los que se mostraban diversos elementos en movimiento: obreros saliendo de una fábrica, olas rompiendo en la orilla del mar y un jardinero regando el césped. Uno de sus cortometrajes más efectistas para demostrar las posibilidades del nuevo invento fue el que mostraba a un tren correo avanzando hacia el espectador, lo que causaba gran impresión en el público asistente. El cine que se producía mientras en el estudio de Edison era más teatral: números circenses, bailarinas y actores dramáticos que actuaban para las cámaras. Pero para entonces el equipamiento elemental ya había sido estandarizado siguiendo el modelo del cinematógrafo de los hermanos Lumière, y las películas se comenzaron a comercializar a escala internacional.


1.3 PELÍCULAS DE UNA BOBINA

En 1896 el ilusionista francés Georges Méliès demostró que el cine no sólo servía para grabar la realidad, sino que también podía recrearla o falsearla. Con estas imaginativas premisas, hizo una serie de películas que exploraban el potencial narrativo del nuevo medio, dando inicio al cine de una sola bobina. En un estudio en las afueras de París, Méliès rodó el primer gran filme puesto en escena cuya proyección duró cerca de quince minutos: L’Affaire Dreyfus (El caso Dreyfus, 1899) y filmó Cendrillas (Cenicienta, 1900) en 20 escenas. Pero sobre todo a Méliès se le recuerda por sus ingeniosas fantasías como Viaje a la luna (1902) y Alucinaciones del barón de Münchhausen, en las que experimentaba las posibilidades de los trucajes con la cámara de cine. Méliès descubrió que deteniendo la cámara en mitad de una toma y recolocando entonces los elementos de la escena antes de continuar podía, por ejemplo, hacer desaparecer objetos. Del mismo modo, retrocediendo la película unos cuantos centímetros y comenzando la siguiente toma encima de lo ya filmado, lograba superposiciones, exposiciones dobles y disoluciones (fundidos y encadenados, como elemento de transición entre distintas escenas). Sus cortometrajes fueron un éxito inmediato de público y pronto se difundieron por todo el mundo. Aunque hoy en día parecen poco más que curiosidades, son precursores significativos de las técnicas y los estilos de un arte entonces balbuceante.

El estilo documentalista de los hermanos Lumière y las fantasías teatrales de Méliès se fundieron en las ficciones realistas del inventor estadounidense Edwin S. Porter, a quien se le atribuye en ocasiones la paternidad del cine de ficción. Trabajando en el estudio de Edison, Porter produjo la primera película estadounidense interesante, Asalto y robo de un tren, en 1903. Esta película, de 8 minutos, influyó de forma decisiva en el desarrollo del cine porque incluía innovaciones como el montaje de escenas filmadas en diferentes momentos y lugares para componer una unidad narrativa. Al hacer esto, Porter inició el montaje, uno de los fundamentos de la creación cinematográfica, proceso en el que diferentes fragmentos elegidos de las diversas tomas realizadas —o disponibles— se reúnen para conseguir un conjunto coherente.

Asalto y robo de un tren tuvo un gran éxito y contribuyó de forma notable a que el cine se convirtiera en un espectáculo masivo. Las pequeñas salas de cine, conocidas como nickelodeones, se extendieron por Estados Unidos, y el cine comenzó a surgir como industria. La mayoría de las películas, de una sola bobina, de la época eran comedias breves, historias de aventuras o grabaciones de actuaciones de los actores teatrales más famosos del momento.

2. LAS PELÍCULAS MUDAS

Entre 1909 y 1912 todos los aspectos de la naciente industria estuvieron bajo el control de un trust estadounidense, la MPPC (Motion Pictures Patents Company), formado por los principales productores. Este grupo limitó la duración de las películas a una o dos bobinas y rechazó la petición de los actores de aparecer en los títulos de crédito. El trust fue desmontado con éxito en 1912 por la ley antitrust del gobierno, que permitió a los productores independientes formar sus propias compañías de distribución y exhibición, por lo que pudieron llegar hasta el público estadounidense obras europeas de calidad, como Quo vadis? (1912, de Enrico Guazzoni), de Italia, o La reina Isabel (1912), de Francia, protagonizada por la actriz Sarah Bernhardt.

2.1 Cine mudo estadounidense

El ejemplo, sobre todo de Italia, que en 1912 con 717 producciones era el cine más potente del mundo, llevó a los productores estadounidenses a la acción, viéndose obligados a hacer películas más largas, en las que los directores tuvieran también una mayor libertad artística, y los actores figuraran en los títulos de crédito, lo que hizo indefectiblemente que algunos de éstos se convirtieran en los favoritos del público. Como resultado, siguió un periodo de expansión económica y artística en el cine de este país.

2.1.1 El traslado a Hollywood

Entre 1915 y 1920 las grandes salas de cine proliferaron por todo el territorio de Estados Unidos, mientras la industria se trasladaba de los alrededores de Nueva York a Hollywood, pequeña localidad californiana junto a Los Ángeles donde los productores independientes, como Thomas Harper Ince, Cecil B. De Mille y Mack Sennett, construyeron sus propios estudios. Ince introdujo el sistema de unidades, en el que la producción de cada película estaba descentralizada —se trabajaba por obra—, con lo que se podían hacer simultáneamente varias películas, cada una de ellas supervisada de principio a fin por un jefe de unidad —un productor ejecutivo— que dependía a su vez del jefe del estudio. Se produjeron así cientos de películas al año como respuesta a la creciente demanda de las salas. La inmensa mayoría eran westerns, comedias de tortazos y resbalones y elegantes melodramas, como el de Cecil B. De Mille Macho y hembra (1919) protagonizado por Gloria Swanson. Ince, por su parte, se especializó en la Guerra Civil estadounidense y el lejano Oeste, sin concesiones al sentimentalismo, en los que destacó el entonces popular vaquero William S. Hart.

2.2 Búster Keaton

Joseph Francis Keaton nació en 1895, en Pickway (Kansas), falleciendo en Hollywood en 1966. Hijo de dos cómicos ambulantes, Joseph y Myra Keaton, "Los dos Keaton", el pequeño apareció en escena cuando sólo contaba un año de edad.Es considerado una de las más importantes figuras de la historia del cine por haber entendido mejor que cualquiera de sus contemporáneos el significado y las posibilidades del cine. En sus obras, muy apreciadas tanto por el público como por la crítica, estableció una interesante comunicación con el espectador, exploró la elasticidad del tiempo y realizó bromas inolvidables que siguen gustando a cuantos las ven. Lo más admirable de esta mente privilegiada es su capacidad de improvisación y la creación de innumerables situaciones en las que combinó un rostro impasible y un cuerpo capaz de hacer cualquier acrobacia, realizando así situaciones divertidas, alocadas y a menudo absurdas.
Buster Keaton es uno de los tres grandes maestros del slapstick, junto a Charlie Chaplin y a Harold Lloyd. Pero cuando alguien le planteaba esta situación, él simplemente respondía: "¿cómo se puede ser un genio con un sombrero plano y unos enormes zapatos?" Lo cierto es que algunas de sus películas son verdaderas obras maestras, como El maquinista de la General (The General, 1927), que consiguió entrar en la lista de las diez mejores comedias, elaborada por una serie de especialistas en el séptimo arte. Además, la prestigiosa revista Sight and Sound la escogió en 1972 como la octava mejor película de la historia del cine.

2.3 Charles Chaplin

Actor director, guionista y músico de origen británico (Londres, 1889-Corsier-sur-Vevey, Suiza, 1977). Autor completo, puede que el primero en la cronología cinematográfica, en todo el sentido de la palabra (él mismo escribió la música de sus películas sonoras), Charles Spencer Chaplin encarnó el cine para millones de personas durante varias generaciones, Chaplin era un cómico genial cuyos trabajos darían brillo a la pantalla. Su sola presencia era suficiente para asegurar el éxito comercial de una película. Fue la primera estrella internacional y una leyenda viva desde su juventud, rompiendo con cada nueva producción los récords de taquilla anteriores. Su personaje del vagabundo Charlot mezclaba de una forma única la comedia sentimental, la sátira social y el patetismo de la naturaleza humana, convirtiéndose en un arquetipo universal. Este personaje fue creciendo a lo largo de sus películas El vagabundo (1915), Vida de perros (1918), El chico (1921) y La quimera del oro (1925). Con la llegada del sonoro, los productores se niegan a estrenar Luces de la ciudad (1931), pero él lo hace por su propia cuenta y vuelve a romper todos los récords de taquilla, éxito que repite con Tiempos modernos (1936), sátira contra la automatización del trabajo, y El gran dictador (1940), primer filme hablado de Chaplin, una oportuna burla de los dictadores de aquella época que le trae, sin embargo, enemistades entre los sectores más reaccionarios del poder estadounidense, obligándole a abandonar el país en la década de 1950, cuando la ‘caza de brujas’ promovida por McCarthy siembra la sospecha y la desconfianza hacia los cineastas progresistas. Mucho antes, en 1919, tras sus primeros éxitos, Chaplin, junto con D. W. Griffith y los dos actores más famosos del momento, Mary Pickford y Douglas Fairbanks, habrá formado la productora United Artists, precursora del star system —aunque en su caso y el de Griffith además de estrellas eran los auténticos creadores y productores—, e iniciadora de la época de oro del cine mudo en Estados Unidos.

2.4 Douglas Fairbanks

Douglas Fairbanks (1883-1939), actor y productor estadounidense, celebre por sus habilidades acrobáticas y como espadachín, que constituían la principal atracción de sus películas. Su verdadero nombre era Douglas Elton Ulman, nació en Denver, Colorado; después de trabajar una breve temporada para una compañía de operaciones bursátiles en Wall Street, se decidió por los escenarios en 1901. En los 14 años siguientes en los que interpretó papeles muy variados, llegó al estrellato. En 1915 comenzó en el cine, formando poco tiempo después —en 1919— su propia productora, la United Artists, junto con el genial director D.W. Griffith y los no menos geniales Mary Pickford, su segunda mujer y Charles Chaplin por aquel entonces los artistas más populares entre el público. Entre las películas más famosas de Fairbanks están La marca del zorro (1920, Fred Niblo), Robín de los bosques (1922, Allan Dwan), El ladrón de Bagdad (1924, Naoul Walsh), Don Q, hijo del zorro (1925, Donald Crisp), El pirata negro (1926, A. Parker), El gaucho (1927, F. Richard Joles), La máscara de hierro (1929, Allan Dwan) y La fierecilla domada (1929, Sam Taylor), junto a Mary Pickford. Su última película fue La vida privada de Don Juan, en 1934, dirigida por Alexander Korda. Su hijo, Douglas Fairbanks, también destacado actor, fue una figura importante en la producción cinematográfica y televisiva.

2.5. Cine mudo latinoamericano

El cinematógrafo fue conocido en la mayoría de las capitales de los países latinoamericanos inmediatamente después de la primera proyección realizada en París por los hermanos Lumière. Sin embargo, en ninguno de ellos surgió una industria propiamente dicha hasta la década de 1940. Desde principios del siglo XX, a través de la distribución y la exhibición, las compañías estadounidenses de cine detentan el control de las pantallas de todo el continente, salvo en el corto periodo de la II Guerra Mundial. Como aliado, México se benefició de este importante mercado cedido por Estados Unidos en detrimento de Argentina y España, el primero neutral y el segundo bajo una dictadura fascista, que vieron decaer sus respectivas industrias cinematográficas. En ese periodo México vio crecer su industria gracias a un mercado seguro de habla castellana. Las producciones por lo general eran comedias y dramas populares, cuando no películas de tendencia socio-folclórica. El cine en México había empezado con Riña de hombres en el zócalo (1897). A partir de esta fecha no se dejaron de producir películas, generalmente noticiarios sobre la independencia y la Revolución Mexicana como El grito de Dolores (1910, de Felipe Jesús del Haro) o Insurrección en México (1911, de los hermanos Alva). En 1917, el gobierno de Venustiano Carranza restringe la difusión del cine documental revolucionario, y ese mismo año se funda la productora Azteca Film, que realiza películas de ficción como La obsesión.

2.6 Cine mudo europeo

La producción cinematográfica en el Reino Unido, Italia y los países nórdicos decayó de forma drástica tras el fin de la I Guerra Mundial debido al aumento de los costes de producción y a una incapacidad comercial para competir en un mercado mundial creciente. Sin embargo, en Alemania, en la recién creada Unión Soviética y en Francia, las películas alcanzaron una nueva significación artística, marcando el inicio de un periodo que sería muy influyente en el desarrollo del medio.

2.6.1 Alemania y Austria

El impactante e innovador cine mudo alemán tomó del expresionismo y las técnicas del teatro clásico de la época sus principales fuentes de inspiración, como muestra el ejemplo más conocido de película expresionista de la época, El gabinete del doctor Caligari (1919), de Robert Wiene, en la que los estilizados vestuarios y decorados se utilizaban para contar una terrorífica historia que identifica la autoridad con la demencia y la criminalidad. Una preocupación similar por la estilización formal y por lo sobrenatural en los temas (frente al prosaico realismo del cine estadounidense, que ha predominado como el único estándar debido a su éxito comercial) se evidencia en películas como El Golem (1920), de Paul Wegener y Henrik Galeen, Nosferatu, el vampiro (1922), de F. W. Murnau, y Metrópolis (1927) de Fritz Lang, que trata de una sociedad robótica controlada por un gran poder industrial en la que los obreros están reducidos a la condición de esclavos. Cualquiera de estas películas, y en especial las dos últimas, crearon escuela en el cine comercial estadounidense con su temática, decorados e incluso estilo de realización, como prueba el que los dos directores fueran contratados por la industria de Hollywood para continuar su trabajo en aquel país.

A mediados de la década de 1920, la capacidad técnica del cine alemán sobrepasaba la de cualquier otro en el mundo. Los actores y los directores recibían un apoyo casi ilimitado por parte del Estado, que financió los mayores y mejor equipados estudios del mundo, los de la UFA (Universum Film Aktiengesellschaft), de Berlín. Los estudios introspectivos, expresionistas de la vida de las clases populares, conocidos como ‘películas de la calle’, se caracterizaban por su dignidad, belleza y duración, además de introducir grandes avances en el uso efectivo de la luz, los decorados y la fotografía. Los directores alemanes liberaron a la cámara del trípode y la pusieron sobre ruedas, consiguiendo una movilidad y una gracia que no se habían visto antes. Películas como las de Murnau El último (1924), protagonizada por Emil Jannings, o El espejo de la dicha (1926), de G. W. Pabst, protagonizada por una joven Greta Garbo, fueron aclamadas universalmente por la profundidad de las emociones que comunicaban y sus innovaciones técnicas. Debido a la emigración de los mejores talentos alemanes, austriacos y, en general, centroeuropeos, la producción de las películas decayó rápidamente tras 1925, convirtiéndose en una industria más que intentaba imitar el cine que se hacía en Hollywood.

2.6.2 La Unión Soviética

Entre 1925 y 1930 apareció una serie de grandes películas soviéticas, revolucionarias tanto en su temática como en su fuerza visual y los métodos de realización empleados. La industria del cine soviética fue nacionalizada en 1919 y puesta bajo el control del Comisariado del Pueblo para la Propaganda y la Educación. Las películas de este periodo mostraban la reciente historia soviética con una fuerza, realismo y visión que era la antítesis del espíritu introspectivo alemán. Los dos principales directores soviéticos, Serguéi Mijáilovich Eisenstein y Vsiévolod Ilariónovich Pudovkin, recibieron una fuerte influencia de la obra de Griffith, sobre todo de Intolerancia y su montaje, aspecto del nuevo arte que analizaron en detalle, formularon teorías, depuraron y aplicaron hasta conseguir los más brillantes logros en este campo de la historia del cine, con la concatenación rápida de tomas separadas de gran fuerza visual capaces de dejar una fuerte impresión en el espectador.

El empleo más espectacular de estas técnicas se puede apreciar en la obra de Eisenstein El acorazado Potemkín (1925), en la que se relata el motín de los marineros de un barco de guerra, hartos de recibir rancho podrido, y la cálida recepción que las gentes de Odesa dan a los rebeldes. En la célebre secuencia de las escaleras de Odesa, Eisenstein lleva hasta el clímax los disparos de los soldados zaristas sobre la muchedumbre con una serie de escenas rápidas, simultáneas, montadas de forma alternativa, combinando la descripción general de la escena con detalles significativos, como el descenso del cochecito de un niño que rueda por unas interminables escaleras al haber sido alcanzada su madre, o la imagen de una abuela tiroteada, o un estudiante retrocediendo horrorizado mientras las tropas avanzan sobre el pueblo con la bayoneta calada. El resultado final crea una emoción única, integrando toda la serie de sucesos simultáneos.

El fin de San Petersburgo (1927), de Pudovkin, y Octubre (1928), de Eisenstein, también conocida como Diez días que estremecieron al mundo, conmemoran el décimo aniversario de la revolución bolchevique desde distintos puntos de vista. Pudovkin narró la historia del individuo como un héroe, una personificación de las masas. Para Eisenstein, por su parte, las masas por sí mismas son el héroe protagonista. Ambos cineastas —y sus respectivos operadores, Golovna y Tissé— eran además excelentes escritores y teóricos del cine, que analizaron su propio trabajo y el de otros autores enriqueciendo un creciente corpus de crítica y teoría del cine que se publicó en todo el mundo.

2.6.3 Francia

Solamente en Francia la industria cinematográfica tenía el vigor necesario como para sobrevivir durante la etapa que siguió a la I Guerra Mundial sin el apoyo del gobierno. Trabajando en pequeños estudios, alquilados para cada película, un grupo de diferentes artistas desarrolló un cine tanto de vanguardia como tradicional con un mínimo de interferencias por parte de los productores ejecutivos. El escritor, director y editor de revistas de cine Louis Delluc fue un defensor ardiente del cine francés, que se rodeó de creadores como Abel Gance, René Clair, Jean Epstein o Germaine Dulac. Fue un grupo del que dependería mucho la supervivencia del cine francés. La obra de Delluc Fiebre (1921) era un retrato impresionista de la vida de las clases populares, mientras que Un sombrero de paja en Italia (1927), de Clair, es una deliciosa e imaginativa comedia basada en una farsa popular del siglo XIX, y Napoleón (1927), de Abel Gance, es una obra monumental e innovadora en cuanto a la técnica: empleaba tres pantallas sobre las que se proyectaban docenas de imágenes simultáneas.

Una de las producciones francesas más destacadas de la década de 1920 es La pasión de Juana de Arco (1928), del danés Carl Theodor Dreyer, que, trabajando con un reparto y un equipo técnico internacionales, mezcló lo mejor del cine escandinavo, alemán y soviético para hacer un cine con un estilo propio, fluido y lleno de encanto, en el que forma y contenido se fundían para conseguir una reverencia operística por el resultado final. Además, la interpretación de Renée Falconetti como Juana de Arco está considerada como uno de los mejores ejemplos de interpretación cinematográfica muda. Esta película, junto con Amanecer (1927), película estadounidense de Murnau, cierran el periodo más brillante del cine mudo que daría paso al advenimiento del sonoro.

2.7 Georges Meliè

Georges Méliès (1861-1938), pionero cinematográfico y director de cine francés, nacido en el seno de una rica familia de fabricantes de zapatos. Estudió en París y en Londres, donde aprendió más juegos de magia que comercio, antes de incorporarse a la empresa familiar. Poco después compró el teatro Robert Houdin de París para presentar espectáculos de magia e ilusionismo.

En 1895 Méliès asistió a una de las primeras exhibiciones de Antoine Lumière. Percibió de inmediato las posibilidades de la nueva técnica, y así, mientras los operadores de Lumière recorrían el mundo en busca de nuevas imágenes documentales, Méliès concebía el cine como una fábrica de ilusiones. Adquirió un proyector en Londres y creó su propia productora, la Star Film, nombre fortuito sin conexión alguna con los significados universales que ambas palabras llegarían a adquirir. En su casa de Montreuil, cerca de París, construyó el primer estudio cinematográfico; transformó su teatro en una sala de cine; se hizo director, productor, guionista, escenógrafo y actor ocasional y, entre 1896 y 1914, realizó 503 "viajes a través de lo imposible", hechizantes películas de extraordinaria belleza poética y misterio. Su primer largometraje fue L'Affaire Dreyfus (El caso Dreyfus, 1899), en la que mostraba su preocupación por la realidad política, tras la que ganaría el reconocimiento universal por Viaje a la luna (1902), obra maestra del trucaje fotográfico y la innovación técnica. Desafortunadamente, Méliès fue incapaz de competir con las grandes productoras nacientes y se arruinó en la I Guerra Mundial, con lo que sus pertenencias se destruyeron o se vendieron. Después de la guerra era un hombre olvidado, que tuvo que recurrir a la venta de pasteles para sobrevivir. Antes de su muerte en un asilo, Henri Langlois, creador de la cinemateca francesa en 1934, salvó la mayoría de las películas de Méliès, que habían sobrevivido milagrosamente, y supervisó su restauración. D.W. Griffith dijo de Méliès "le debo todo".

2.8 La madurez del cine mudo

En los años posteriores a la I Guerra Mundial, la industria cinematográfica se convirtió en uno de los sectores principales de la industria estadounidense, generando millones de dólares de beneficios a los productores que tenían éxito. Las películas de este país se internacionalizaron y dominaron el mercado mundial. Los autores europeos más destacados fueron contratados por los estudios y sus técnicas se asimilaron en Hollywood, que las adaptó a sus fines comerciales. El star system floreció, y las películas utilizaron a las grandes estrellas, entre otras a Rodolfo Valentino, John Barrymore, Greta Garbo, Clara Bow y Norma Shearer, como principal atractivo para el público. El periodo se caracterizó también por el intento de regular los valores morales del cine a través de un código de censura interna, creado por la propia industria de Hollywood en 1930 (el código Hays, bautizado así por dirigirlo el político y moralista Will Hays). Este tipo de instrumentos de control político moral persistieron hasta 1968 en Estados Unidos.

En los años veinte las películas estadounidenses comenzaron a tener una sofisticación y una suavidad de estilo que sintetizaba lo que se había aprendido de la experiencia. Los majestuosos westerns románticos, como El caballo de hierro (1924), de John Ford, mostraban la economía y maestría narrativas que marcarían la trayectoria de los directores clásicos Frank Capra, William Wyler o George Stevens. Mientras, Cecil B. De Mille trataba de enmascarar el erotismo de sus primeras comedias sexuales, como El señorito Primavera (1921), tras la fachada bíblica de espectáculos como Los diez mandamientos (1923) o El rey de reyes (1927) en los que de hecho aparecían orgías y escenas de baño con el menor pretexto.

Dos de los directores más populares de la época, Ernst Lubitsch y Erich von Stroheim, alemán el primero y austriaco el segundo, revelaron sus sofisticados y diferentes comportamientos en la pantalla con sus primeras obras en Hollywood. El primero abandonó los espectáculos que había dirigido en su país para hacer comedias ligeras, románticas, caracterizadas por la sencillez de sus decorados, elegancia de su técnica y encanto personal. En Los peligros del flirt (1924) o La locura del charlestón (1926) manejó con tanta habilidad el tema sexual que lograba al mismo tiempo mostrarlo plenamente y resultar aceptable para los censores. El trabajo de Von Stroheim, por su parte, más duro y más europeo en su tono, es de una riqueza extravagante e incluso en ocasiones melancólico, como en Esposas frívolas (1922), en la que contrasta la inocencia estadounidense con la decadencia europea. Su obra maestra sobre la codicia en la sociedad estadounidense, Avaricia (1923), fue reducida por los ejecutivos del estudio de diez a dos horas. La mayoría de lo cortado entonces se ha perdido, pero incluso en su forma abreviada es considerada como una de las obras maestras del realismo cinematográfico.

Las películas cómicas conocieron una época dorada en los años veinte. A Chaplin se unieron otros dos cómicos, Harold Lloyd y Buster Keaton, a la cabeza del género, ambos continuadores de la tradición de las películas cómicas de payasadas, de una sola bobina. Durante este periodo, cada uno de estos cómicos dispuso del tiempo y del apoyo económico necesarios para desarrollar su estilo personal. Keaton nunca sonreía, y en películas como El moderno Sherlock Holmes (1924), dirigida por él, hizo contrastar su gesto impasible con los gags visuales basados en sus increíbles facultades físicas. Harold Lloyd era un cómico temerario que jugaba a menudo con la ley de la gravedad desde grandes alturas. Encarnaba al chico ingenuo típicamente estadounidense, como en El estudiante novato (1925), de Sam Taylor y Fred Newmeyer, en el que interpreta al personaje débil que demuestra su valentía.

3. EL CINE SONORO

En 1926 la productora Warner Brothers introdujo el primer sistema sonoro eficaz, conocido como Vitaphone, consistente en la grabación de las bandas sonoras musicales y los textos hablados en grandes discos que se sincronizaban con la acción de la pantalla. En 1927, la Warner lanzó El cantor de jazz, de Alan Crosland, la primera película sonora, protagonizada por el showman de origen ruso Al Jolson, que alcanzó un éxito inmediato e inesperado entre el público. Su eslogan, sacado del texto de la película "aún no has oído nada", señaló el final de la era muda. Hacia 1931 el sistema Vitaphone había sido superado por el Movietone, que grababa el sonido directamente en la película, en un banda lateral. Este proceso, inventado por Lee de Forest, se convirtió en el estándar. El cine sonoro pasó a ser un fenómeno internacional de la noche a la mañana.

3.1 Las primeras películas habladas

La transición del cine mudo al sonoro fue tan rápida que muchas películas distribuidas entre 1928 y 1929, que habían comenzado su proceso de producción como mudas, fueron sonorizadas después para adecuarse a una demanda apremiante. Los dueños de las salas se apresuraron también a convertirlas en salas aptas para el sonoro, mientras se rodaban películas en las que el sonoro se exhibía como novedad, adaptando obras literarias e introduciendo extraños efectos sonoros a la primera oportunidad. El público pronto se cansó de los diálogos monótonos y de las situaciones estáticas de estas películas, en las que un grupo de actores se situaba cerca de un micrófono fijo.

Tales problemas se solucionaron en los inicios de la década de 1930, cuando en varios países un grupo de directores de cine tuvieron la imaginación necesaria para usar el nuevo medio de forma más creativa, liberando el micrófono de su estatismo para restablecer un sentido fluido del cine y descubrir las ventajas de la postsincronización (el doblaje, los efectos sala y la sonorización en general que sigue al montaje), que permitía la manipulación del sonido y de la música una vez rodada y montada la película. En Hollywood, Lubitsch y King Vidor experimentaron con el rodaje de largas secuencias sin sonido, añadiéndolo posteriormente para resaltar la acción. Lubitsch lo hizo suavemente, con la música, en El desfile del amor (1929), y Vidor con el sonido ambiente para crear una atmósfera natural en Aleluya (1929), un musical realista interpretado íntegramente por actores afroamericanos cuya acción transcurre en el sur de Estados Unidos. Los directores comenzaban a aprender a crear efectos con el sonido que partía de objetos no visibles en la pantalla, dándose cuenta de que si el espectador oía un tictac era innecesario mostrar el reloj.

Los guionistas Ben Hecht, Dudley Nichols y Robert Riskin comenzaron a inventarse diálogos especialmente elaborados para la pantalla, a los que se despojaba de todo lo que no fuera esencial para que sirvieran a la acción en vez de estorbarla. El estilo periodístico rapidísimo que Hecht preparó para Un gran reportaje (1931), de Lewis Milestone, contrasta con las ingeniosas réplicas que escribiría para la obra de Lubitsch Una mujer para dos (1933). Nichols, por su parte, destacó por sus diálogos claros, sin ambigüedades, en películas como María Estuardo (1936), de John Ford. Riskin se hizo famoso por sus personajes familiares en las películas de Frank Capra, entre ellas Sucedió una noche (1934), protagonizada por Claudette Colbert y Clark Gable.

4. PELÍCULAS FANTÁSTICAS

La tendencia a evadirse de una realidad no demasiado halagüeña se acentuó en aquellos años. Un ciclo de películas de terror clásico, entre las que se incluyen Drácula (1931), de Tod Browning, El doctor Frankenstein (1931), de James Whale, y La momia (1932), de Karl Freund, salió de los estudios de la Universal, y generó una serie de secuelas e imitaciones a lo largo de toda la década. Una película que cosechó un éxito rotundo de taquilla fue King Kong (1933), de Merian C. Cooper. En el género fantástico también destacó El mago de Oz (1939), de Victor Fleming, musical infantil basado en el libro de L. Frank Baum, protagonizado por Judy Garland, que se convertiría en la primera artista musical de la década de 1940.

5. EL CINE ARTÍSTICO

La producción de películas fantásticas de Hollywood se intentó compensar durante los años treinta con películas más serias y realistas, europeas en su mayor parte, como la alemana El ángel azul (1930), de Josef von Sternberg, que dio a conocer a Marlene Dietrich, o la francesa La gran ilusión (1937), de Jean Renoir, considerada una de las grandes películas antibélicas de la historia del cine. Un cineasta estadounidense procedente de la radio, el escritor-director-actor Orson Welles, sorprendió desde su primera obra con sus nuevos encuadres, objetivos angulares y efectos de sonido, entre otras innovaciones, que ampliaron considerablemente el lenguaje cinematográfico. Aunque nunca llegó a adaptarse a la industria de Hollywood, y pocas veces encontró respaldo financiero para sus proyectos, sus películas Ciudadano Kane (1941) y El cuarto mandamiento (1942) tuvieron una influencia capital en la obra de los cineastas posteriores de Hollywood y del mundo entero.

6. LA PRODUCCIÓN EUROPEA

La producción del centro y del este de Europa fue esporádica en el periodo previo a la II Guerra Mundial, reduciéndose en Alemania a películas de propaganda nazi como el documental Triumph des Willens (Triunfo de la voluntad, 1934), de Leni Riefenstahl, celebración de la concentración anual del partido nacionalsocialista alemán en la ciudad de Nuremberg. En la Unión Soviética, el documental se centró en recreaciones de ópera y ballets demasiado estáticas y elaboradas, con la excepción de dos excelentes películas de Eisenstein por su montaje y por sus innovaciones visuales: Alejandro Nevski (1938) e Iván el Terrible (1944-1948). En Francia, sin embargo, el cine alcanzó uno de sus mejores momentos con el realismo poético de Marcel Carné y las películas de Jean Renoir. Jean Vigo insufló de una enorme fuerza poética a la imagen con ejemplos como Cero en conducta (1933) o L’Atalante (1934). A pesar de la caótica industria francesa, especialmente durante la guerra, la actividad creadora no cesó y Marcel Carné, incluso durante la ocupación nazi, realizaría la obra maestra Les enfants du paradis (Los niños del paraíso, 1945), de más de tres horas de duración, empleando cientos de extras en una alegoría teatral estilizada del amor y la muerte.

7. DESARROLLO DEL CINE EN COLOR

Los experimentos con película de color habían comenzado ya en 1906, pero sólo se había usado como curiosidad. Los sistemas ensayados, como el Technicolor de dos colores, fueron decepcionantes y fracasaban en el intento de entusiasmar al público. Pero hacia 1933 el Technicolor se había perfeccionado, con un sistema de tres colores comercializable, empleado por vez primera en la película La feria de la vanidad (1935), de Rouben Mamoulian, adaptación de la novela de William Makepeace Thackeray. La popularidad del color aumentó, y durante los años cuarenta se empleó sobre todo en una serie de musicales clásicos de la MGM (Metro Goldwyn Mayer), entre los que destaca Easter Parade (Desfile de Pascua, 1948), de Charles Walters. En la década de 1950 el uso del color se generalizó tanto que prácticamente el blanco y negro quedó relegado para películas de bajo presupuesto que buscaban un realismo sereno, como Marty (1955) de Delbert Mann, sobre las aspiraciones de un carnicero del Bronx, o El hombre del brazo de oro (1955), de Otto Preminger, en la que se contaba la historia de un drogadicto. A partir de los años sesenta, el blanco y negro quedó para crear efectos especiales en películas como Psicosis (1960) de Hitchcock, o La última película (1971), de Peter Bogdanovich. Más recientemente, lo hemos podido ver casi siempre en películas con pretensiones artísticas, como El hombre elefante (1980), de David Lynch, Toro salvaje (1980), de Martin Scorsese, La ley de la calle (1983), de Francis Ford Coppola, o Zelig (1983), de Woody Allen.

8. EL CINE COMERCIAL DESPUÉS DE LA II GUERRA MUNDIAL

En la posguerra, la llegada de la televisión supuso un desafío a la industria del cine que aún hoy perdura, cayendo la audiencia de unos 85 millones de espectadores anuales en Estados Unidos durante la guerra a apenas 45 millones a finales de la década de 1950. La industria respondió ofreciendo más espectáculo, que se concretó en el mayor tamaño de las pantallas.

9. EL FORMATO PANORÁMICO

En 1953, la Twentieth Century Fox estrenó su película bíblica La túnica sagrada, de Henry Koster, en un sistema nuevo denominado CinemaScope, que inició la revolución de los formatos panorámicos. En una sucesión rápida, todos los estudios lanzaron sus sistemas panorámicos, tales como el Vistavisión, Todd-AO, Panavisión, SuperScope y Technirama. De todos ellos sólo el Todd-AO y el Panavisión sobrevivirían, ya que suponían el uso de una sola cámara, un solo proyector y película estándar de 35 mm, adaptándose más fácilmente a todos los sistemas; su éxito cambió definitivamente la forma de las pantallas de cine. Musicales a todo color, en pantallas anchas y plagados de estrellas, como Ha nacido una estrella (1954), de George Cukor, u Oklahoma (1955), de Fred Zinnemann, superproducciones históricas como Ben-Hur (1959), de William Wyler, y películas de aventuras como Rebelión a bordo (1962), de Lewis Milestone, o Doctor Zhivago (1965), de David Lean, llenarían las pantallas de cine.

10. CINE LATINOAMERICANO

Los dos países latinoamericanos que poseen una industria cinematográfica más sólida y con mayor tradición son México y Argentina.

10.1 Mexico

En 1920 se crean en México los estudios Camus y, ocho años más tarde, Cándida Beltrán, pionera de las realizadoras mexicanas, dirige El secreto de la abuela. Más fuerte que el deber (1930), de Rafael J. Sevilla, inaugura formalmente el cine sonoro mexicano, con técnicos que se habían formado en Hollywood. En 1931 Eisenstein rueda su inacabada ¡Que viva México! Fernando de Fuentes realiza dos obras fundamentales llenas de madurez cinematográfica: El compadre Mendoza (1933) y el relato épico de la Revolución Mexicana Vámonos con Pancho Villa (1935). En 1940 se consagra Mario Moreno, Cantinflas, con la película Ahí está el detalle, de Juan Bustillo Oro. En esta década se producen películas cuya calidad sería reconocida en todo el mundo, como María Candelaria (1943), de Emilio Fernández; Doña Bárbara (1943), de Fernando de Fuentes, o Distinto amanecer (1943), de Julio Bracho. Es también la década de los grandes actores mexicanos, como Dolores del Río, María Félix, Pedro Armendáriz y Jorge Negrete. En 1942 se crea el Banco Cinematográfico como aval para la producción de películas, pero sólo beneficia a las productoras más fuertes como Grovas, Filmex, Films Mundiales y Posa Films (de Cantinflas). En 1944 se fundan los estudios Churubusco, de donde saldrá la abundante producción mexicana de películas de todos los géneros que invadirá el resto de países latinoamericanos. Juan Orol cultivó un peculiar cine negro mexicano con películas como Misterios del hampa (1944). En 1950 se producen 122 películas, el año más fructífero. Aquel año Luis Buñuel realiza su obra maestra mexicana Los olvidados, premiada en el Festival de Cannes, sobre los jóvenes marginados de las grandes ciudades.

Desde la Dirección General de Cinematografía se da impulso a producciones como Tarahumara (1964), de Luis Alcoriza, que es un nuevo acercamiento a los indígenas marginados. La actriz mexicana Silvia Pinal protagoniza Viridiana (1961), otra obra maestra de Luis Buñuel, rodada en España. El cine mexicano aborda la historia del país desde nuevos enfoques con películas como Emiliano Zapata (1970), de Felipe Cazals, y Reed, México insurgente (1972), de Paul Leduc, o emprende búsquedas en el lenguaje cinematográfico con La hora de los niños (1969), de Arturo Ripstein. Cuando todo apunta a un renacimiento del cine mexicano, al reanudarse además la entrega de los premios Ariel, en la década siguiente la crisis de esa cinematografía se hace evidente. En 1983 los estudios Churubusco son alquilados para películas extranjeras. Aunque directores como Arturo Ripstein, Felipe Cazals, Paul Leduc y otros continúan realizando producciones independientes en la década de 1990, no se ven signos claros de fortalecimiento del cine mexicano como industria capaz de competir con otras cinematografías.

10.2 Argentina

En Argentina, el otro país latinoamericano con tradición cinematográfica, el panorama es similar. Su industria se remonta a 1915, año en que se realizó Nobleza gaucha, de Humberto Cairo, el mayor éxito del cine mudo argentino. En 1917 debuta en el cine Carlos Gardel con Flor de durazno. En la década de 1930 se construyen los estudios Liminton y Argentina Sono Film. Proliferan las película con temas de tango, como Los muchachos de antes no usaban gomina, de Manuel Romero, que ganan el mercado latinoamericano. En 1942 se alcanza la mayor producción de películas, con un total de 57 títulos, entre ellos La guerra gaucha, de Lucas Demare. Pero en estos años se hace evidente el boicoteo de Estados Unidos con la escasez de película virgen. La industria argentina del cine pierde el mercado latinoamericano en beneficio de las producciones mexicanas. Aunque el gobierno promulga un decreto de exhibición obligatoria de películas nacionales, la crisis continúa y se agrava con las guerras intestinas entre las principales productoras. A finales de la década de 1940 se cierran varios estudios. A partir de entonces, el cine argentino recibe subvenciones, pero la pérdida de los mercados exteriores pesa demasiado. En 1950 se construyen los estudios Alex, pero para entonces muchas productoras habían quebrado.

En 1955 fue invitado Emilio Fernández, el gran director mexicano, para realizar La Tierra del Fuego se apaga. En los años sesenta apareció lo que se llamó nuevo cine argentino, con películas como Alias Gardelito (1961), de Lautaro Murúa. El gran cineasta argentino Torre Nilsson realiza una nueva versión de Martín Fierro en 1968. En la década de 1970 hay un leve repunte de la industria argentina del cine encarnada por producciones independientes y con temáticas distintas a las tradicionales de tangos y gauchos, como La fidelidad (1970), de Juan José Jusid, con el actor Héctor Alterio, que después ha trabajado en el cine español; La Patagonia rebelde (1974), de Héctor Olivera; La Raulito (1975), de Lautaro Murúa; La parte del león (1978), de Adolfo Aristarain, que dirigiría también Tiempo de revancha (1981), con el actor Federico Luppi; Momentos (1980), de María Luisa Bemberg, y El arreglo (1983), de Fernando Ayala. Después de un periodo de cierto estancamiento, en los últimos años el cine argentino ha experimentado un renacer con autores como Eliseo Subiela (No te mueras sin decirme a dónde vas, 1995).

10.3. Evolución del Cine en Venezuela. Orden Cronológico

1896 – Primera proyección. El 11 de Julio de 1896 se presenta por primera vez en Maracaibo el Vitascopio de Edison, posteriormente en Caracas, Valencia y Barquisimeto.

1897 – Primeras vistas venezolanas. El 28 de Enero en el Teatro Baralt de Maracaibo se estrenan los cuadros. Un célebere especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa y muchachas bañándose en la laguna de Maracaibo, primeros registros cinematográficos realizados en suelo venezolano.

1907 – Ese año comienzan a aparecer pequeños reportajes cinematográficos, que se sucederán ininterrumpidamente hasta la regularización de noticieros nacionales a comienzos de los años 30.

1916 – Primera película de larga ficción. Se realiza en Caracas La Dama de las Cayenas de Enrique Zimmermann.

1918 – Se rueda Don Leandro, el inefable, de Lucas Manzano, escrita por Rafael Otazo.

1924 – Se estrena La Trepadora, adaptación al cine de la novela de Rómulo Gallegos.

1925 – Primera Gran sala de Cine. Se inaugura el Cine Ayacucho, diseñado por Alejandro Chataing, con capacidad para más de 1.300 localidades.

1927 – Se crean los Laboratorios Nacionales del Ministerio de Obras Públicas, primer establecimiento moderno y completamente equipado para la producción cinematográfica.

1928 – Amábilis Cordero funda los Estudios Cinematográficos Lara, en Barquisimeto, e inicia la producción del mediometraje Los milagros de la Divina Pastora.

1930 – Primera proyección sonora. El 3 de Julio, en Maracaibo, se proyecta con un equipo Western Eletric El Cuerpo del Delito, una de las primeras producciones sonoras en doble versión español – inglés de la Paramount.

1932 – Primer filme con sonido incorporado: La Venus de Nácar, ficción musicalizada, realizada en los Laboratorios Nacionales.

1938 – Primer filme con sonido sincrónico: Taboga, un cortometraje con diálogos y musicalización.

Rómulo Gallegos funda Estudios Avila, empresa que absorbe los recursos de los Laboratorios Nacionales.

Primera película sonora de largometraje rodada en Venezuela, El rompimiento de A.M. Delgado Gómez.

Se inicia el auge del cine mexicano en Venezuela con la exitosa proyección en el país de Allá en el Rancho Grande, de Fernando de Fuentes.

1941 – Se realiza Juan de la Calle, uno de los primeros intentos de cine social, con guión y producción de Rómulo Gallegos, bajo la dirección de Rafael Rivero.

1943 – Por iniciativa de Luis Guillermo Villegas Blanco se constituye formalmente la empresa Bolívar Films y se crea la Asociación Venezolana de Exhibidores Cinematográficos.

1945 – Se realiza Alma Llanera, de Manuel Pelufo, Las Aventuras de Frijolito y Robustiana, de José María Galofré y Dos Hombres en la Tormenta, de Rafael Rivero, intentos significativos de crear una dramaturgia de perfil netamente nacional.

1949 – Bolívar Films se lanza a producir largometrajes dentro de un esquema industrial, contratando actores, directores y técnicos mexicanos y argentinos. Se inicia el rodaje de El Demonio es un Angel y La Balandra Isabel llegó esta Tarde, de Carlos Hugo Christensen.

1950 – Se estrena La Escalinata, de Cesar Enrique, primer ejemplo de cine de autor venezolano.

1951 – Primer premio internacional a la cinematografía nacional. La Balandra Isabel llegó esta Tarde obtiene el premio a la Mejor Fotografía en Cannes.

Se crea el Círculo de Cronistas Cinematográficos de Caracas (CCCC).

1952 – Aparece la revista Venezuela – Cine. Manuel Socorro, al filmar el programa inaugural de la Televisora Nacional, se convierte en el primer camarógrafo de la televisión venezolana, funda Tiuna Films y producirá noticieros televisivos hasta la introducción del sistema VTR hacia 1964.

1956 – Se crea la Cámara de la Industria Cinematográfica.

1957 – Román Chalbaud comienza a rodar su primer filme. Caín Adolescente.

1958 – Margot benacerraf rueda su filme Araya.

1959 – Se abre el Teatro Altamira, con un aforo de 1.600 butacas, la sala de más grande inaugurada en la ciudad capital.

Araya obtiene el premio de la crítica internacional en el XIII Festival de Cannes.

1962 – Se filma La Paga de Ciro Durán, filme excepcional que aborda la temática rural desde un punto de vista político.

1965 – Jesús Enrique Guédez rueda La Ciudad que nos ve, documental ficcionado que inicia un movimiento documentalista de compromiso social.

1966 – Con la proyección de Barbarroja, de Akira Kurosawa, se inaugura la Cinemateca Nacional como dependencia del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes.

1968 – Se presenta al público Imagen Caracas, espectáculo multimedia concebido alrededor del cine como propuesta de integración de las artes.

1971 – Comienza a funcionar la Dirección de Cine del Ministerio de Fomento.

1973 – Cuando Quiero Llorar no Lloro, de Mauricio Walerstein, basado en la novela de Miguel Otero Silva. Consigue un éxito de taquilla sin precedentes para una película venezolana y da inicio a los nuevos lenguajes y temáticas que abrirán las puertas al llamado boom del cine nacional.

1974 – Se constituye la Federación Venezolana de Centros de Cultura Cinematográfica (Fevec)

1975 – Por primera vez el Estado venezolano a través del convenio entre Corpoturismo y Corpoindustria, financia el cine otorgando cinco millones de bolívares para la realización de nueve largometrajes. Compañero Augusto, Los Muertos si salen, Fiebre, Soy un Delincuente, Sagrado y Obsceno, Canción Mansa para un Pueblo Bravo, La Ruta del Triunfo, 300.000 Héroes, la Invasión.

1976 – Se estrena Soy un Delincuente, convirtiéndose muy pronto en le filme más taquillero en la historia del cine venezolano.

1977 – Se crea la Asociación Venezolana de Críticos Cinematográficos.

El Pez que Fuma, de Román Chalbaud, se convierte en la película más taquillera del año y en una de las grandes obras de este autor que, junto a Soy un Delincuente y Cuando Quiero Llorar no Lloro caracterizan al cine nacional del período.

1978 – Por primera vez, se estrenan 16 títulos venezolanos en un solo año. El Domador de Joaquín Cortés obtiene premio en el Festival de Lille, Francia; Yo Hablo a Caracas, de Carlos Azpurua, en el Festival de Leipzing y en el festival de Huelva; La Empresa perdona un momento de locura, de Walerstein, en la Semana del Cine Iberoamericano.

1981 – El 19 de Octubre, el presidente Luis Herrera Campíns firma el documento de creación del Fondo de Fomento Cinematográfico (Foncine)

1983 – Foncine asigna 29 millones de bolívares para la realización de los filmes: Adiós Miami; Cóctel de Camarones; Cubagua; Diles que no me maten; Doctor Bebé; Tiznao; Reinaldo Solar; La graduación de un delincuente; La muerte insiste; La casa de agua; La Gata borracha; Orinoco, Nuevo Mundo; Retén de Catia; Relatos de Tierra seca; El Iluminado; Oriana; Profesión Vivir.

1984 – Homicidio Culposo, de Cesar Bolívar, se convierte en el filme venezolano más visto en salas de cine con un total de espectadores que alcanzó la cifra de 1.335.085.

1987 – Macu, la mujer del policía, de Solveig Hoogesteijn, establece un nuevo récord de taquilla al recaudar 19.189.350 bolívares en todo el territorio nacional.

1989 – Caracas sede del Foro Iberoamericano de Integración Cinematográfica.

1990 – Por decreto presidencial es creada la Fundación Cinemateca Nacional.

1991- Por primera vez se incluye el Premio Nacional de Cine entre los Premios Nacionales de Cultura, siendo el ganador el cineasta Román Chalbaud.

1993 – Aprobada la Ley de Cinematografía Nacional

1994 – Se crea el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía.

1995 – Se filma Mecánicas Celestes, de Fina Torres y Desnudo con naranjas de Luis Alberto Lamata.

1996 – Se producen los filmes Tokyo Paraguaipoa de Leonardo Henriquez y Una Vida y dos Mandados de Alberto Arvelo.

1997 – Se estrenan Salserín, La Primera vez de Luis Alberto Lamata y Pandemónium de Román Chalbaud.

Películas de mayor importancia en Venezuela. XV Festival

Mecánicas Celestes. Venezuela 1994. 85 minutos. Directora: Fina Torres.

Santera. Venezuela 1996. 97 minutos. Directora Solveig Hoogesteijn.

El escándalo. Venezuela 1987. 105 minutos. Director: Carlos Oteyza.

El Bosque Silencioso. Venezuela 1996. 22 minutos. Director: Carlos Azpurúa.

El Territorio Extranjero. Venezuela 1993. 78 minutos. Director: Jacobo Penzo.

Congo Mirador. Venezuela 1995. 24 minutos. Director Jacobo Penzo

Cuchillos de Fuego. Venezuela 1990. 100 minutos. Director Román Chalbaud. Con Miguel Angel Landa.

Macu la mujer del Policía. Venezuela 1987. 92 minutos. Directora: Solveig Hoogesteijn. Con Daniel Alvarado

Calle 22. Venezuela 1994. 21 minutos. Directora: Mariana Randón.

El sueño de los Hombres. Venezuela 1986. 10 minutos. Director: Armando Arce.

Amazonas, el negocio del mundo. Venezuela 1986. 65 minutos. Director: Carlos Azpurua.

Anacleto Morones. Venezuela 1994. 30 minutos. Directora: Esther Duran.

El camino de las Hormigas. Venezuela 1993. 58 minutos. Director: Rafael Marziano.

El misterio de los ojos escarlata. Venezuela 1993. 78 minutos. Director: Alfredo J. Anzola.

11 .LOS NUEVOS CINEASTAS ESTADOUNIDENSES

Al mismo tiempo surgió una nueva generación de realizadores bajo la influencia de las tendencias europeas y con el deseo de trabajar con diferentes distribuidores, tomando cada película como una unidad por separado. Muchos de ellos realizaron películas de gran calidad, tanto fuera de la recién descentralizada industria como dentro de sus límites. Algunos de ellos, como Stanley Kubrick, Woody Allen, Arthur Penn, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese, han tratado en numerosas ocasiones de trabajar con el respaldo de una compañía financiera, buscando la distribución de sus obras a través de un estudio distinto para cada proyecto, o manteniendo una relación relativamente estable con uno de ellos. Otros directores, como Robert Altman, John Cassavetes o John Sayles, han tratado de eludir los canales establecidos, pero eso les ha supuesto que sólo ocasionalmente hayan conseguido un éxito comercial suficientemente amplio como para financiarse sus siguientes proyectos.

Stanley Kubrick produjo durante unos años una serie de obras interesantes, desde la sátira política de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1963), hasta el desafío técnico de 2001: una odisea del espacio (1968), la meticulosa adaptación del siglo XVIII de Barry Lyndon (1975) o el horror gótico de El resplandor (1980), aunque sus mejores películas siguen siendo las primeras: Atraco perfecto (1956), hermosa síntesis del género policiaco, de un fatalismo poético; Senderos de gloria (1957), una de las mejores películas antibélicas de la historia; Espartaco (1960), sobre la revuelta de los esclavos romanos, y Lolita (1962), todas ellas además magistralmente interpretadas. Arthur Penn, más complaciente, con Bonnie y Clyde (1967) conmovió a los espectadores de las salas de arte y ensayo y a los aficionados al cine de violencia y de aventuras, y sirvió de punto de partida para el gusto de nuevas generaciones de espectadores, que marcaron también Mike Nichols con El graduado (1967), o Dennis Hopper con Buscando mi destino (1969). Penn continuó con el cine ‘contracultural’ de los sesenta con El restaurante de Alicia (1969) y Pequeño gran hombre (1970). Por su parte, Woody Allen dirigió y protagonizó una serie de películas formalmente semejantes a las de los cómicos clásicos estadounidenses, algo entre sus admirados Bob Hope y Groucho Marx, pero con un mensaje y unas actitudes peculiares, propias de la sensibilidad de la ciudad de Nueva York. Entre ellas son buenos ejemplos Toma el dinero y corre (1969), Bananas (1971) y El dormilón (1973). Más tarde, Woody Allen ha alcanzado una madurez indudable, alejado ya de la payasada, más reflexivo y al mismo tiempo más amargo, preguntándose permanentemente sobre el sexo, el amor, la muerte y la responsabilidad personal. Aquí cabe citar Annie Hall (1977), Manhattan (1979), Hannah y sus hermanas (1986), Días de radio (1987), Delitos y faltas (1989) y Desmontando a Harry (1997).

En otro estilo totalmente distinto, Francis Ford Coppola aparece como un director de grandes producciones y arriesgados experimentos, no siempre fructíferos comercialmente. Aunque esto no le ha impedido continuar una obra tan personal como la de los autores europeos, ajeno a las conveniencias y a las modas. De sus primeros fracasos económicos se repone con El padrino (1972), un éxito comercial de tal magnitud que le permite hacer la personal La conversación (1973), a la que sigue la producción de American Graffiti (1973), de George Lucas. Con los beneficios obtenidos con esta película realiza El padrino II (1974) y Apocalypse now (1979), adaptación del relato corto de Joseph Conrad "El corazón de las tinieblas". Ésta resulta una gran obra aclamada por la crítica pero con un irregular resultado de público. Corazonada (1981) fue un fracaso comercial, lo que no le impide hacer poco después otra de sus mejores obras, La ley de la calle (1983). Vuelve a conseguir el éxito con Tucker: un hombre y su sueño (1988), otra obra maestra. Cierra el ciclo de la familia Corleone con El padrino III (1990). De nuevo obtuvo gran éxito de público en todo el mundo con su particular Drácula (1992). Más clásico, aunque con un estilo personal indiscutible es el también italoamericano Martin Scorsese, autor de Malas calles (1973), Taxi Driver (1976), Toro salvaje (1980), Uno de los nuestros (1990), La edad de la inocencia (1993) o Casino (1995).

Robert Altman, tras un enorme éxito comercial con M*A*S*H* (1970), que se convirtió posteriormente en una larga y popular serie de televisión, hace una serie de películas, por lo general complejas para el gran público, exceptuando el musical Nashville (1975), en el que intervienen 26 personajes principales formando un gran tapiz de la política, la música, el teatro y la religión. En sus obras más recientes vuelve a recuperar el contacto con el espectador, como en El juego de Hollywood (1991), una comedia negra sobre las intrigas de la producción cinematográfica hollywoodiense, Vidas cruzadas (1993) y Prêt-à-porter (1994) y Kansas City (1996). Cassavetes, actor-director cuyo primer largometraje fue el documental experimental Sombras (1960), se sumó a la producción convencional tras su éxito comercial con Faces (1968), que repetiría con Una mujer bajo la influencia (1974), protagonizada por su mujer, Gena Rowlands. John Sayles, escritor-director-actor independiente, consiguió el aplauso de la crítica por películas como Return of the Secaucus Seven (1980), Matewan (1987) y Passion Fish (Peces de pasión, 1992). Spike Lee, que escribió, dirigió, produjo y protagonizó películas tan alabadas por la crítica y por el público como Nola Darling (1986), Haz lo que debas (1989) o Malcolm X (1992), en la actualidad parece empeñado en crear un nuevo tipo de cine, centrado casi exclusivamente en la problemática de la comunidad afroamericana en Estados Unidos.

12 FANTASÍAS DE GRAN PRESUPUESTO

Frente al cine que representan los anteriores realizadores de cine de autor, pese a ser estadounidense y en ocasiones ligado a la industria de Hollywood, ésta ha continuado otras líneas de producción para el consumo masivo, especialmente de niños y adolescentes. Se basan principalmente en el efectismo que las nuevas tecnologías y los grandes presupuestos permiten. Dentro de esta categoría figuran las películas de catástrofes, como La aventura del Poseidón (1972), de Ronald Neame, El coloso en llamas (1974), de John Guillermin e Irvin Allen, o Titanic (1997), de James Cameron, galardonada con 11 oscars de la Academia; las recreaciones de personajes del cómic, como Superman (1978), de Richard Donner, y Batman (1989), de Tim Burton, y sus interminables secuelas; o las películas bélicas de ciencia ficción como La guerra de las galaxias (1977), de George Lucas.

En estos géneros comerciales ha destacado Steven Spielberg, desde Tiburón (1975), modelo de películas en las que una criatura terrorífica atemoriza a una pacífica comunidad, a las más serenas y emotivas de ciencia ficción Encuentros en la tercera fase (1977) y E.T. el extraterrestre (1982), que explotaron la fascinación por las posibilidades de vida extraterrestre y su posible contacto con los humanos. En la serie de Indiana Jones recrea el cine clásico de aventuras: En busca del arca perdida (1981), Indiana Jones y el templo maldito (1984) e Indiana Jones y la última cruzada (1989).

Los disparatados costes de estas megalómanas películas han llevado a varios estudios a la bancarrota y han forzado a otros a producir sólo 2 o 3 películas al año, con lo que la oferta de películas disponibles se reduce, fenómeno que tiende a intensificarse con las políticas de marketing aplicadas desde comienzos de los noventa: concentrar el esfuerzo publicitario y promocional en pocas películas que copan luego casi todas las salas de cine de las ciudades de todo el mundo, con lo que queda escaso lugar para la exhibición de pequeñas producciones independientes o producciones medias de las industrias nacionales. Estas películas quedan así arrinconadas en salas especializadas, semejantes a las antiguas de arte y ensayo, de aforo reducido, a las que acuden los aficionados y no el gran público. De hecho, incluso en Estados Unidos, aunque se siguen produciendo películas intimistas, más basadas en el guión, la interpretación y la habilidad de los realizadores, como Kramer contra Kramer (1979), Gente corriente (1980) o Paseando a Miss Daisy (1989), son a menudo (por no ser fantásticas ni efectistas y por tratar de analizar o recrear la realidad cotidiana) consideradas una empresa azarosa por los distribuidores, lo que facilita aún menos su pervivencia.

eudes piña

Los hermanos Lumière no estaban solos

La invención del cinematógrafo fue a fines del siglo diecinueve –el Fin de Siglo por antonomasia-, cuando la gente estaba apasionada con el futuro. Le parecía que nunca antes se había progresado tanto en tiempo récord: el ferrocarril, la electricidad, la aviación, el teléfono, la fotografía, ¿qué más quedaba por hacer si, con esta última, hasta se podía reproducir el universo, la tierra y las facciones de las personas?Pero sí, quedaban cosas… Ante todo, había que copiar el movimiento para que esa réplica estuviera completa.
Los que primero imaginaron el proyecto no fueron los artistas, ¿cómo iba a ocurrírseles a ellos reproducir el universo de otro modo que con sus notas, pinceles y palabras, que lo deformaban y adaptaban a sus conceptos? Los científicos fueron los primeros que soñaron el cine, aunque debe aclararse que estos señores siempre tuvieron algo de artistas, en todos los siglos. ¿Quién sino un artista se pasaría noches y noches tratando de desentrañar los misterios de los astros del cielo y de sus sombras, o, por ejemplo, el recorrido de la luz?
En “Historia del cine”, de Eudes Piña, encontramos que ya en 1824 Peter Mark Roget presentó en Londres un estudio que refería la capacidad del ojo humano de retener “las imágenes durante una fracción de segundo después de que el sujeto deja de tenerlas delante”. Unos párrafos más abajo descubrimos que “En 1877 el fotógrafo angloestadounidense Eadweard Muybridge empleó una batería de 24 cámaras para grabar el ciclo de movimientos del galope de un caballo”. Luego llegamos a Thomas Alva Edison, quien en 1890 construyó un laboratorio “donde realizaba sus experimentos sobre imágenes en movimiento…”. Finalmente alcanzamos el subtítulo “Los hermanos Lumière”, únicos personajes que, en nuestro desconocimiento, habíamos relacionado hasta ahora con el invento de la cinematografía.
Para terminar de referirnos a esta valiosa monografía, y permitir que el lector la recorra y experimente sus propias sorpresas, citaremos un breve fragmento del capítulo “Películas de una bobina”:“El estilo documentalista de los hermanos Lumière y las fantasías teatrales de Georges Méliès se fundieron en las ficciones realistas del inventor estadounidense Edwin S. Porter, a quien se le atribuye en ocasiones la paternidad del cine de ficción (...) Produjo Asalto y robo de un tren, en 1903. Esta película, de 8 minutos, influyó de forma decisiva en el desarrollo del cine porque incluía innovaciones como el montaje de escenas filmadas en diferentes momentos y lugares para componer una unidad narrativa”.
Y sólo resta la remisión a nuestro blog, donde, con la ayuda de dos trabajos que nos abrieron un poco más los ojos, intentamos recuperar la memoria del gran músico Antonio Salieri, a quien la película Amadeus, de Milos Forman, injustamente daña. ¿Deliberadamente, por exigencias del guión y del éxito, o bien por mala información lo hace el director checo, también famoso, también atormentado?.
Trataremos de indagar este tema en nuestro Blog en “El envenenador de Mozart”.

domingo, 2 de septiembre de 2007

La polémica y ruidosa llegada del sonido al cine

SÉPTIMO ARTE. A propósito de los 80 años del cine sonoro:
La gente repletaba la sala del Warner Theater de Nueva York. Todos estaban expectantes de lo que iba a ocurrir en la pantalla grande. Y ocurrió la maravilla. En medio de la historia, el protagonista rompió el silencio con la siguiente línea: "Espera un minuto, espera un minuto. Todavía no has escuchado nada". Con esta simbólica frase, pronunciada por Al Jolson en "El cantante de jazz", se dio bautizo al cine hablado y al mismo tiempo comenzó el epitafio del cine mudo.
El evento ocurrió el 6 de octubre de 1927, y si bien es cierto que ya se había experimentado con el sonido en las películas (de hecho, el propio Jolson había protagonizado previamente "Don Juan", que tenía algunas escenas de música sincronizada con la proyección), se trataba de la primera vez que el diálogo entraba en la escena del cinematógrafo. Un elemento absolutamente revolucionario para un público que durante 30 años se había acostumbrado a la pantomima de los actores.
Paradójicamente la aparición del cine sonoro trajo consigo el fenómeno del silencio en el público. Acostumbrados a mirar, sin tener que estar atentos a los sonidos que pudieran provenir de lo que se veía en pantalla, los espectadores de las antiguas salas de cine mudo solían hablar y comentar en voz alta lo que estaban viendo sin preocuparse de que su ruido pudiera molestar a alguien. Algo ciertamente muy distinto a lo que hoy se experimenta en las salas de cine, en las que hasta el ruido de los masticadores de pop corn puede llegar a exasperar a más de alguien. Este silencio, en todo caso, no sólo tenía que ver con la avidez de descubrir los sonidos provenientes del filme, sino también con que la calidad sonora no era la mejor.
Aunque "El cantante de jazz" se convirtió en un gran éxito de taquilla y el nuevo prodigio del sonido atrajo más público curioso a las salas, tampoco fue la panacea para la industria del cine, que tuvo que replantearse y vivir quiebras (en la Gran Depresión) antes de encontrar el camino.
Primero que nada, había un temor previo a la implantación del cine hablado que era naturalmente entendible. Aunque la industria del cine norteamericano tenía un saludable mercado interno, gran parte de sus ganancias provenía del mercado extranjero, donde el mutismo del cine ayudaba a traspasar las fronteras lingüísticas sin problema. El temor era que el uso del inglés parlante frenara esa relación con el mercado internacional. En parte, eso explica el gran auge que tuvieron en un comienzo las películas musicales, ya que en ellas los parlamentos no eran tan gravitantes como sí lo eran las canciones o los cuadros musicales.
La otra contrariedad fue la implementación técnica, tal como se puede revisar en crónicas como la que hace Edward Bernds (en "Mr. Bernds goes for Hollywood"), quien antes de ser director trabajó como técnico de sonido en las primeras películas con audio. "El cantante de jazz" contaba con un sistema llamado "Vitaphone", en el que se grababan los segmentos del sonido de la película en un disco aparte de la cinta de celuloide. Por lo tanto, cuando la película se proyectaba había que hacer coincidir el sonido del disco con la acción. De sistemas como éste es que provienen esos famosos chascarros de la desincronización entre imagen y sonido que se producían en algunas funciones o el clásico efecto del disco rayado. En este sentido, los sistemas más prácticos que se implementaron poco después fueron los fotoeléctricos, en donde se registraba el sonido en el mismo celuloide, una técnica que venía desarrollándose desde principios de la década del 20.
Más líos con el audio
Más allá del tema de la reproducción del sonido y de la habilitación de las salas para exhibir la nueva tecnología, el otro escollo se presentó en el proceso mismo de filmación. Se sabe que muchos directores, entre ellos figuras como Charles Chaplin y el ruso Eisenstein, se resistieron a la nueva atracción de Hollywood. Para muchos realizadores eran evidentes sus dificultades y limitaciones. La principal tenía que ver con la precariedad de los primeros micrófonos y su mediocre sensibilidad, lo que obligó a filmar de noche para evitar ruidos externos (los actores tenían que dormir de día para trabajar de noche), en estudios aislados y con las cámaras encerradas en cubículos para que el ruido de su maquinaria no afectara la grabación del sonido. Además, los micrófonos debían ser escondidos en objetos como floreros o lámparas, lo que obligaba a los actores a mantenerse cerca de ellos sin mucha libertad de movimiento. Todo esto trajo como consecuencia que los filmes se volvieran más estáticos y que el uso de la cámara perdiera protagonismo. Otro vicio que se produjo en un primer momento (como recuerda el director Rene Clair en "Reflexiones sobre el cine") fue el abuso de diálogos y de efectos de sonido (tic tac de relojes, aplausos, etc.), que se volvían redundantes pasado el asombro inicial.
Finalmente, la llegada del sonido también afectó a las propias estrellas del mudo que se vieron enfrentadas al juicio auditivo de los espectadores. En algunos casos, el tema pasaba por la dicción o el acento (en el caso de los extranjeros). En otros, el problema se situó directamente en el tono de voz. De estos últimos, el caso más paradigmático fue el de John Gilbert, un galán indiscutido del cine mudo que se había convertido en el heredero natural del reinado que había ostentado antes el latin lover Rodolfo Valentino. Su voz demasiado aflautada habría sido la decepción para las admiradoras que compraron los tickets para "His glorious night" (1929) con el fin de ver cómo su ídolo pronunciaba los diálogos amorosos de los cuales antes sólo imaginaban su entonación. El tema, en todo caso, nunca fue demasiado claro. Algunos incluso le echan la culpa al productor Louis Mayer de haber arruinado la carrera de Gilbert (influyendo en el registro de los sonidistas para que agudizaran su voz), con quien tenía una rivalidad que se agravó por un incidente en el que se vio involucrada Greta Garbo (que fue pareja de Gilbert). Mito o no, lo cierto es que Gilbert se ganó una mala fama que no se la pudo quitar ni siquiera con la participación en la película "Reina Cristina" (1933) junto a su amada Garbo. Convertido en un alcohólico, murió de un ataque cardíaco en 1936, convirtiéndose en una suerte de mártir del nuevo cine. Un cine en el que las estrellas, además de fotogénicas, tenían que ser fonogénicas.
Celebrando The Jazz Singer
En el Samuel Goldwyn Theater se realizará el 5 de octubre una función especial de "El cantante de jazz" con motivo de los 80 años de su estreno. En el evento, que tendrá como anfitrión al famoso crítico Leonard Maltin, se exhibirá una versión restaurada y remasterizada digitalmente del filme de 1927.
Además, ese mismo mes se lanzará al mercado una edición especial en DVD de la película. Se trata de tres discos que contienen entre otras curiosidades, un documental sobre cómo se hizo la película, una adaptación de un show de radio realizado por Al Jolson y una serie de cortometrajes que, a través del mismo aparatoso sistema Vitaphone, recogieron las performances de artistas de la época.
Las reacciones ante el fenómeno del cine sonoro en Chile
En marzo de 1930 dos películas, "La melodía de Broadway" con Bessie Love y "Evangelina" con Dolores del Río, se transforman en las primicias para Chile del cine sonoro. Después de este preludio, el 4 de abril del mismo año llega a Chile "El cantante de jazz" como bien lo recuerda Jaqueline Mouesca en su libro "El cine en Chile: crónica en tres tiempos". Mouesca cita una crónica de Las Últimas Noticias de ese año que refleja la expectación del evento: "El público dirá hoy y en los días sucesivos si en verdad ha muerto el cine mudo". Una muerte que, al menos en Chile, se demoró un poco en llegar, sobre todo porque en 1930 sólo el 10 por ciento de las salas estaba habilitado para las cintas con sonido.
La curiosidad del público chileno, tal como ocurrió en otros países, también se centró en descubrir cómo eran las voces de algunas estrellas que habían sido admiradas en el cine mudo. Fue lo que pasó, como documenta Mouesca, con la Greta Garbo parlante. El estreno de "Anna Christie", basada en una pieza teatral de O'Neill, generó reacciones entre los admiradores de la actriz que fueron sintetizadas por la revista "Ecran" de ese año: "la curiosidad para muchos se resolvió en desilusión: la Garbo habla con voz voluminosa casi de hombre".
El ambiente nacional también se dejó permear por los temores frente al audio, incluso con un tono antiimperialista... en otra "Ecran" del año 1930 se lee: "El cine parlante es uno de los tantos medios de que se ha valido el vampirismo yanqui para extraerle a los pueblos su personalidad e inculcarles sus ideas... la película hablada entraña, además, el peligro de matar el idioma propio o acaso de influenciarlo de voces y giros no siempre ajustados al correcto decir".
El tema del idioma no fue algo fácil de resolver. El inglés no era de dominio general ciertamente, e incluso entre la gente más acomodada existía el mismo problema. Una deficiencia (a falta de un desarrollo más evolucionado del subtitulaje y del doblaje) que se vio paliada, en parte, por las cintas de temáticas musicales (donde los diálogos eran secundarios).
La otra arista vino por el lado del mundo del teatro y del espectáculo musical en vivo, que comenzó a ver una amenaza incipiente en la capacidad fónica del cine. Mouesca incluso constata que "autores e intérpretes presentan un pliego de peticiones al gobierno. Piden que se grave con más impuestos al cine sonoro y sugieren una serie de medidas destinadas a favorecer la escena nacional". Movilizaciones que pueden parecer retrógradas a los ojos actuales, pero que son más bien el producto del difícil momento económico que vivía el país mezclado con una mirada más inocente como la que se ve reflejada en la cándida confesión de la actriz chilena Venturita López Piris, quien demostró sus nulas capacidades vaticinadoras cuando dijo del cine sonoro: "no creo que dure muchos años".
Sonido Made in Chile
Lo curioso es que el mismo año 30, según la información que entrega Mouesca, se hizo un primer intento de cine sonoro chileno, aunque no con parlamentos, que llevó por título "Una canción de amor". La cinta, dirigida por Juan Pérez Berrocal, sincronizaba el sonido de las canciones con las imágenes de sus intérpretes. Al año siguiente de esta primera incursión en el sonido, el cine mudo chileno se declaró muerto con el último de sus representantes: "Patrullas de avanzada", cinta filmada por Eric Page en 1931. Pese a esta efeméride, el cine completamente sonoro tardaría un poco más en llevarse a cabo en Chile. Recién en el año 1934 aparece la primera película chilena hablada y musicalizada. Se trató de "Norte y Sur", un largometraje de Jorge "Coke" Délano (el mismo creador de la revista "Topaze"). La cinta, que contó con financiamiento de la Caja de Crédito Minero, se llevó a cabo con la ayuda de técnicos de la RCA y se filmó tal como el cine sonoro de Estados Unidos: en la noche, en un horario que iba desde la medianoche hasta las 7 de la mañana para evitar el ruido exterior. Participó el famoso Alejandro Flores caracterizando a un ingeniero en minas que se enamoraba de una mujer casada (Hilda Sour). Un drama romántico que ganó elogios y que incluso sirvió para anotar una anécdota más en la larga lista que acumula el hábito de mirar lo que hacen nuestros hermanos trasandinos, como recoge Mouesca de un número de la revista "Hoy" de 1934: "Comparemos esta primera película hablada hecha en Chile con 'Tango', primera película hablada hecha en Argentina. La nuestra se lleva la victoria fácilmente, tanto por la interpretación como por los méritos técnicos". Lamentablemente, nosotros no podremos comprobar la veracidad de ese juicio patriotero ya que no quedan ni copias, ni negativos de la cinta de Délano. Por muy sonorizada que haya sido, "Norte y Sur" terminó guardando silencio para las siguientes generaciones.