jueves, 6 de septiembre de 2007

Los hermanos Lumière no estaban solos

La invención del cinematógrafo fue a fines del siglo diecinueve –el Fin de Siglo por antonomasia-, cuando la gente estaba apasionada con el futuro. Le parecía que nunca antes se había progresado tanto en tiempo récord: el ferrocarril, la electricidad, la aviación, el teléfono, la fotografía, ¿qué más quedaba por hacer si, con esta última, hasta se podía reproducir el universo, la tierra y las facciones de las personas?Pero sí, quedaban cosas… Ante todo, había que copiar el movimiento para que esa réplica estuviera completa.
Los que primero imaginaron el proyecto no fueron los artistas, ¿cómo iba a ocurrírseles a ellos reproducir el universo de otro modo que con sus notas, pinceles y palabras, que lo deformaban y adaptaban a sus conceptos? Los científicos fueron los primeros que soñaron el cine, aunque debe aclararse que estos señores siempre tuvieron algo de artistas, en todos los siglos. ¿Quién sino un artista se pasaría noches y noches tratando de desentrañar los misterios de los astros del cielo y de sus sombras, o, por ejemplo, el recorrido de la luz?
En “Historia del cine”, de Eudes Piña, encontramos que ya en 1824 Peter Mark Roget presentó en Londres un estudio que refería la capacidad del ojo humano de retener “las imágenes durante una fracción de segundo después de que el sujeto deja de tenerlas delante”. Unos párrafos más abajo descubrimos que “En 1877 el fotógrafo angloestadounidense Eadweard Muybridge empleó una batería de 24 cámaras para grabar el ciclo de movimientos del galope de un caballo”. Luego llegamos a Thomas Alva Edison, quien en 1890 construyó un laboratorio “donde realizaba sus experimentos sobre imágenes en movimiento…”. Finalmente alcanzamos el subtítulo “Los hermanos Lumière”, únicos personajes que, en nuestro desconocimiento, habíamos relacionado hasta ahora con el invento de la cinematografía.
Para terminar de referirnos a esta valiosa monografía, y permitir que el lector la recorra y experimente sus propias sorpresas, citaremos un breve fragmento del capítulo “Películas de una bobina”:“El estilo documentalista de los hermanos Lumière y las fantasías teatrales de Georges Méliès se fundieron en las ficciones realistas del inventor estadounidense Edwin S. Porter, a quien se le atribuye en ocasiones la paternidad del cine de ficción (...) Produjo Asalto y robo de un tren, en 1903. Esta película, de 8 minutos, influyó de forma decisiva en el desarrollo del cine porque incluía innovaciones como el montaje de escenas filmadas en diferentes momentos y lugares para componer una unidad narrativa”.
Y sólo resta la remisión a nuestro blog, donde, con la ayuda de dos trabajos que nos abrieron un poco más los ojos, intentamos recuperar la memoria del gran músico Antonio Salieri, a quien la película Amadeus, de Milos Forman, injustamente daña. ¿Deliberadamente, por exigencias del guión y del éxito, o bien por mala información lo hace el director checo, también famoso, también atormentado?.
Trataremos de indagar este tema en nuestro Blog en “El envenenador de Mozart”.
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