viernes, 23 de marzo de 2007

Paulo v/s Pablo

Pésima conducta

PAULO RAMÍREZ
Director de Contenidos Canal 13
¿Hay alguna industria donde un competidor se dé la libertad de desprestigiar públicamente a otro, de criticar sus decisiones tácticas y estratégicas, e incluso de intentar sabotear su producción? ¿Existe en Chile algún rubro de la economía donde se dé una competencia así de desleal y nadie diga nada? Pues, sí, claro que existe: la televisión.
Es cosa de asomarse por estos días a algunos programas de farándula, particularmente "SQP" y "Primer plano", de Chilevisión, para tomar nota del creciente fenómeno: una dedicación casi completa a intentar destruir al adversario coyuntural. El tema de hoy de esos espacios son los programas más populares del momento, "Amor Ciego" y "Lola". Su cobertura se viste de inocente promoción, pero tiene más el talante de la competencia desleal y a ratos se convierte en un verdadero intento de sabotaje. La lista de hechos es larga: acoso a participantes de programas, puesta en duda de coherencia corporativa, cuestionamiento desinformado de decisiones programáticas, denuncia engañosa de supuestas agresiones, descalificación infundada de personas, interrupción de actividades, utilización oportunista de terceros para añadir argumentos (fue sorprendente ver en "SQP" al director de programación de una tercera estación criticando también decisiones programáticas de Canal 13); en suma, deliberada destrucción de marca, en una conducta inédita para nuestras pantallas.
Es inimaginable un fenómeno de esta clase en otros rubros de la economía. Y en televisión tampoco es aceptable: todo tiene límites (incluso cuando no se reconoce "ni a dioses ni a leyes"). Competir destruyendo al adversario no sólo es de una ética bastante dudosa, sino que también es una muestra evidente de incapacidad creativa y un signo claro de miopía: la degradación ilegítima del competidor puede tener efectos beneficiosos de corto plazo, pero en el mediano plazo se devuelve como un boomerang y, en el largo, termina por degradar a la actividad como un todo (los políticos y los dirigentes futbolísticos ya saben de esto).
Hoy, la víctima es Canal 13; mañana, la televisión abierta. Es momento de presionar el botón de pausa.
Don Error
PABLO MORALES A.
Director de Producción y Contenidos de Chilevisión
Hago uso de esta tribuna en "El Mercurio", para tener la misma posibilidad que tuvo un ejecutivo de Canal 13 y ex crítico de TV de ese mismo diario, quien el jueves 20, luego de acusar a nuestro canal de competencia desleal, entregando información falsa o mañosa, invita a presionar el botón de pausa, tentado quizá de quedar él con la última palabra.
¿Existe una manera menos leal de enfrentar la competencia que pedir al árbitro que pare el partido cuando las cosas se ponen difíciles?
Probablemente el lector se sienta un poco perplejo por este ataque, en que incluso se acusa a Chilevisión de intento de sabotaje. El origen de la disputa está en la molestia que generó en Canal 13 la cobertura que han hecho "SQP" y "Primer Plano" de las dificultades que ha tenido ese canal con su teleserie "Don Amor" y el hecho de haber enviado a una periodista a París, para seguir las alternativas de "Amor Ciego".
En ambos casos, Chilevisión ha hecho uso de las normas habituales del periodismo libre, pidiéndole opinión a diversos personajes de la industria, como el director de programación de TVN, Vicente Sabatini, y enviando a una periodista a París, donde estaba la noticia. Además, como corresponde, se pidió la opinión a Canal 13, el que no quiso hablar.
¿Hay algo censurable en ello? No. Es un trabajo profesional, basado en la libertad de opinión. Afirmar que con eso se intenta destruir al "adversario coyuntural" es deslegitimar la esencia del periodismo.
Los problemas que ha tenido Canal 13 con "Don Amor" no son inventados por nuestro canal, así como tampoco la salida de tres de sus principales figuras del área dramática: María Elena Sweet, Jorge Zabaleta y Gonzalo Valenzuela.
Por otro lado, las actividades de nuestra periodista en París fueron coordinadas con los responsables de la producción del reality "Amor Ciego", cosa que aparentemente Paulo Ramírez desconoce.
¿Es todo esto una "deliberada destrucción de marca", como él acusa? ¿O más bien es una suma de errores, conflictos y sobrerreacción de un actor tradicional y relevante de la industria, que ha ido perdiendo posición competitiva, al extremo que esta semana ha llegado a estar cuarto en el rating general de los canales?
¿Hay algún canal que institucionalmente denoste a la competencia? Sí: Canal 13, por ejemplo, cuando realizó una campaña publicitaria en que trataba a los demás noticieros como buitres que sólo decían cabezas de pescado.
¿Hay algún ejecutivo de televisión que se dé la libertad de intentar desprestigiar públicamente a otro canal? Sí: el señor Paulo Ramírez, director de Contenidos de Canal 13, en su tribuna de "El Mercurio".
Son conductas, a mi parecer, poco cristianas, aunque no sorprendentes, ya que ese mismo canal católico organiza un reality en que un grupo de hombres encerrados por meses compiten por un único premio: una mujer.
Pero más allá de estos dimes y diretes, lo más preocupante es la filosofía periodística que esgrime Ramírez: "todo tiene límites". Es decir, cuando se habla bien de un programa, fantástico. Si se cuentan los problemas, ¡epa! "todo tiene límites". Esta apología a la autocensura parece sacada de otras épocas, en que la opacidad informativa era la norma. Los únicos límites que debe cuidar el periodismo en su búsqueda de la verdad es el apego a la ley y a la ética. Chilevisión no ha vulnerado ni la una ni la otra.
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